Patatas suecas al estilo hasselback

Parecerá inaudito pero en esta casa es de lo más normal. Viene de la vecina de abajo, y es un hedor hecho canción que se filtra por las paredes hasta llegar aquí. Tiene puesta a toda leche en modo “repetir pista” una misma melodía desde hace la escalofriante cifra de cinco horas. La elegida esta vez es Imaginando, de Sergio Dalma, y sé el título porque ya me he aprendido la letra. La otra vez fue Venezia de Hombres G, y sonaba que era ya a tocar la madrugada. Entonces fui impulsiva, el descanso es sagrado y la noche oscura, y fui escaleras abajo, coloqué mi pabellón auditivo haciendo ventosa en su puerta, para asegurarme que la contaminación acústica procedía de allí, y cuando me dispuse a tocar su timbre para mediar acuerdo, cesó repentinamente el taladro y también mi intención de cantarle los cuarenta, y no Principales, lista de hits que desconozco, por otro lado.

Sergio Dalma fue ídolo mío de juventud. Banda sonora de mis ensoñaciones menos pueriles. Lo tuve oliéndome los pies a tamaño póster durante años, en mi habitación de entera, y lo arrugué a besos, sellados por el celo que lo sostenía, y bien pegados que bailamos. Hoy he canturreado desde la cocina su estribillo y paseado con aires pesarosos la desesperación de su letra. Pero basta ya. Suficiente. Torturas chinas, al continente homónimo, please.

Pero ni tan siquiera este trasiego de ahora va a impedir que comparta mis ilustradas patatas de hoy y que tanto fervor causan entre mis comensales por lo ricas que están.

patatas suecas al estilo hasselback

Procedimiento:
Pelamos las patatas, las enjuagamos bajo el chorro del grifo y las partimos en dos mitades. Precalentamos el horno a 200º. Cogemos cada una de nuestras mitades y les hacemos unos cortes paralelos sin llegar a la base pues las queremos de una pieza, únicamente bien marcadas pero sin llegar a laminarlas. Las colocamos sobre una fuente de horno y las pintamos en abundancia con mantequilla previamente derretida. Horneamos 15 minutos y las sacamos para volverlas a bañar en mantequilla, salarlas al gusto y espolvorear pan rallado por encima y de vuelta al horno, otros 15 minutos más. Listas.

Ideales para acompañar todo tipo de platos, como lo harían unas patatas fritas, pero estas a la manera de hacer sueca, como sueca me voy a hacer yo también después de subir la foto, poniendo alguna de heavy metal a todo trapo en pleno rellano suyo y haciendo como si conmigo no fuera su dolor.

Hasta el higo

Tanto si cocinas de higos a brevas como si estás hasta el higo de hacerlo, este es un pincho ideal para estos días de agosto en los que las higueras están folladas a reventar y los higos se muestran más apetitosos que nunca.

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Ingredientes:
Higo
queso azul
jamón ibérico
miel de caña

Procedimiento:
Pellízcale el pezón con tacto pero decisión. Contornea entonces su mullido cuerpo hasta acceder a su parte trasera. Rasúrale el culo sirviéndote de un utensilio afilado para erosionar lo menos posible su delicada piel. Con ayuda de las yemas de tus aguerridos dedos, abre el higo y contempla su rojizo fruto en todo su esplendor. No te lo lleves aún a la boca. Estuca su carnosa pulpa con trozos del quebradizo queso azul hasta ponerlo morado, sin excederte en lujuria o enmascararás su dulzura. Abrázalo con tiras de jamón curado de espanto y calienta a placer. Tírale la melosa caña hasta gotear por los bordes y en su interior y corre, a disfrutarlo de un solo bocado.

 

Choco biscuit, my best suit

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Nos perfumamos en una primera cita para bañarnos en sudor con ella después. Nos arreglamos para poder arreglárnoslas, si nos cogen,  en una entrevista de trabajo. Por qué no ofrecer de merienda un sencillo bizcocho de choco  vestido con las mejores galas. Una buena presentación es clave para deleite de todos. A los peques les entrará por los ojos para quedarse luego en sus pequeñas barriguitas, encargadas éstas de repartir energía y felicidad por los cuerpos presentes, los suyos y el mío.

Presentación inspirada en el cioccofondente del restaurante La Tagliatella. Receta extraída del reverso del paquete del harina Maizena con alguna modificación que a continuación detallo. Música que me acompaña en el redactado: Rude por Madilyn Bailey, versión de Magic, porque de esto va el bizcocho de hoy. Su letra comienza con algo así como “Saturday night morning jumped out of bed and put on my best suit”. Engalanados todos nos vamos a ver de qué va el biscuit de hoy.

Para unas cuantas risas, necesitaremos:_DSC0392

50 mg de mantequilla,

80 ml de aceite

125 gr de azúcar

4 huevos

200 gr de chocolate fondant postres

60 gr de harina de trigo

60 de maizena

½ sobre de levadura

Nata para montar

Cucharillas

Precalentamos el horno as 170º sólo por debajo. Ponemos el chocolate en un cazo junto con la mantequilla y el aceite y lo mezclamos a fuego muy lento. Reservamos. Batimos los huevos con el azúcar hasta homogeneizar el conjunto.  Añadir tamizada la harina de trigo, la maizena y la levadura. Mezclamos. Incorporamos la mezcla de chocolate fundido y removemos. Meter el dedo, acercarlo a los labios y cerrar los ojos. Ya podemos volcar nuestra masa en el recipiente escogido, untado con mantequilla o protegido por papel de plata. Metemos a altura media en el horno. 40 min.

Dejar enfriar si da tiempo y montarla bien gorda, la nata y la fiesta que se liará cuando emplantemos: trozo de bizcocho, capa de nata, trozo de bizcocho, nata, trozo de bizcocho y así todo el tiempo. Servir, si te dejan, bien frío. Tirar chocolate fundido por encima para acompañar a los acompañantes. Disfrutar.

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Fideos chinos con cerda en salsa Hoisin

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Los fideos chinos en ocasiones se acompañan de cerdo. En este caso, el animal fui yo que los hice en menos tiempo y dinero del que cuesta ventilarse unos de sobre.

Para 4 comen y salen

¼ de kg de noodles, 2 cebollas, 3 zanahorias, col, 2 dientes de ajo, comino, aceite de girasol,  zumo de 1 limón mal exprimido y 4 cucharadas de salsa Hoisin.IMG_20150302_172335

Sofreímos las verduras cortadas en trozos de  un par de minutos de grosor en un chorro de aceite o dado de mantequilla. Salteamos alegremente pero sin exagerar los movimientos del antebrazo pues se trata de un plato sin lucimientos, más pelado que los ajos que no debemos olvidar de incorporar por aquello de que siempre todos nuestros rehogados los llevan.  Una vez sancochadas, tiramos comino, pizca sal, salsa Hoisin y el zumo de un  limón. Mientras el wok o sartén va cogiendo vida, abrimos a bocajarro nuestro gigante bolsa de fideos, que habremos escogido entre  la inmensa oferta que hay en el mercado actual por ser la más grande y económica del colmado nipón, y zambullimos los curiosos nidos de pasta de ella sustraídos en agua caliente por espacio de tres minutos.  Escurrimos bien y abocamos la rizada pasta sobre la mezcla anterior. Mezclamos con esperanza, rectificamos como buenos sabios que somos y palillos a la mar.

Aquí pan y depués gloria

-Ponme una barra de medio, Pedro.
-Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-…pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?

-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …- balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

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Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería necesitamos:

800 gr de harina de trigo
50 gr de levadura fresca deshecha en
550 gr de agua templada

Amasamos sólo ligeramente, y metemos en la nevera tapando nuestra masa con un film.

Pasadas 24h, ya está lista para cualquier invento panadero.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Nota: Para panecitos esponjosos, dar forma redondeada y dejar reposar sobre la bandeja y tapados con un trapo unos 30 minutos antes de hornear, a 200 º unos 30 minutos. Proceder igual para masas de pizza, en el caso de quererlas crujientes de pizza, aplanarla con las manos mismo con el grosor que se desee, y el reposo que no exceda de 10 minutos y la temperatura que ascienda a 220º unos 10min.

Esta masa se puede recubrir, rellenar, aderezar… al gusto, y no desechar nunca la sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente en la nevera)

Sushito de mi vida

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De caseros somos todos, hasta el sushi más mitificado, al que podemos calzarle unos ingredientes de estar por casa que nos devuelvan las ganas de clausura, y ya puestos, de rezar para que a la próxima nos salgan más.

Para unas 28 piezas: 300 gr de arroz bomba, 500 ml de agua, 3 rodajas de salmón, ½ pepino, ½ aguacate,  1 zanahoria, queso philadelphia,  vinagre de arroz, salsa de soja, wasabi, 4 láminas de algas marinas.

Enjuagamos nuestro arroz bajo el grifo hasta que el agua almidonada que lo baña quede totalmente cristalina. Ponemos a cocerlo en una olla con el agua indicada a fuego bajo y con la tapa bien encajada durante quince minutos. Dejamos reposar sin descorchar el recipiente por espacio de unos quince minutos más. Retiramos la compuerta y también la cara para no vahearla sin necesidad. Escurrimos bien nuestro arroz y lo extendemos sobre una bandeja generosa en superficie, y jugamos con los granos: con ayuda de un tenedor humedecido con vinagre de arroz o agua en su defecto los surcamos sin malherirlos de un lado a _DSC3642otro y de arriba abajo hasta que queden templados y contentos. Desensobramos nuestras aromáticas láminas de algas y las colocamos sobre un trapo limpio y seco, y encima de cada una de ellas una cantidad de nuestro arroz aplanado, dejando un centímetro de margen por cada extremo para que luego no se nos vaya por peteneras al enrollarlo. Rellenamos a lo juliana: acunamos en nuestra sabana arrocera trocito alargado de pepino y de aguacate, de zanahoria y pimiento verde, o rojo, de queso Filadelfia, o lo que se quiera pero sin excedernos del ½ dedo de ancho para facilitar la posterior manipulación, y cómo no, trocito de salmón fresco previamente congelado para curarnos en salud. Ya estamos en disposición de emporrar: enrollamos con ayuda de la esterilla japonesa que sólo habíamos utilizado como salvamanteles hasta ahora o con un trapo de cocina, y estiramos haciendo presión, con voluntad de que nuestro cilíndrico paquetito quede bien prieto y consistente, y lo sellamos a modo de porro humedeciendo con agua el extremo del alga con ayuda de nuestro dedo más trabajador. Los envolvemos en papel film y los metemos en el congelador para que ganen cuerpo mientras nosotros vamos preparando el nuestro: en un platito, colocar pegotito de wasabi por aquí, salsa de soja por allí, disolver pizquita del primero en el segundo y reservar.

Ahora viene cuando lo matan: con un cutter vamos cortando los frescos brazos orientales en trocitos de centímetro y medio y los vamos depositando como se quiera, que para eso los hemos hecho nosotros, en una bandeja para el uso. Y ahora ya sólo queda que lucirse con los palillos que manejamos sin dificultad, mojar en el ungüento, e ingerir de un bocado. De ponérsenos nariz de mr Potato o de muñeco de “operando” reducir la cantidad de wasabi o directamente no consumir ni dar a probar a los más pequeños si es su primera experiencia, pero sí todo lo demás: un viaje de placer que les hace perder el visado de vuelta.

Nota alergia al huevo: como está hecho en casa, no lleva trazas.

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Hola anómigos, quisiera compartir este plato con todos vosotros desde mi más humilde anoniplato.

Para tantas personas, necesitaremos:

Queso Afuega’l Pitu, cebolla, mantequilla, leche, tomates hermosos a gajos majos, sal, pimienta molida, chocolate 70%-90%, pasta de buena pasta.

Procedimientos: Cocemos la pasta con alegría. Mientras, pochamos la cebolla como de costumbre, con un dadido de mantequilla hasta dorar ligeramente. A continuación, incorporamos pedazo generoso de Afuega’l Pitu y dejamos deshacer sin prestar atención a nada más pues el espectáculo está servido: añadimos chorritín de leche o crema de leche para aligerar,  los gajos de tres o más tomates previamente salpimentados, y contemplar. Seguidamente escurrimos nuestra pasta caliente y mezclamos el conjunto. Llamamos a voces al personal para que acuda a la mesa. De estar ya sentado saltar este último paso. Servir bien caliente y rallar delante de las narices del comensal el chocolate puro. Reír con la boca llena.

Ps: cualquier parecido con alguna receta editada es pura coincidencia. Ninguno de los ingredientes lleva trazas de huevo (pasta Garofalo)

Arròs caldós ben calent a l’agost

“Hi ha qui no comprén com, al ple de l’estiu, quan la calor pot arribar a ser insuportable justament al ple migdia, a l’hora de dinar els valencians mengem aquesta mena d’arrossos caldosos, calents. Jo, a aquesta gent, amiga dels plats frescs i de les amanides verdes que, perquè no entén aquest costum, el rebutja manifestant-se en contra d’aquests plats que considera absurds, el solc dir que, al món antic –el món d’abans dels congeladors i de les neveres–, de fred, només n’hi havia d’hivern, i que, d’estiu, la calor es combatia amb brises, ombres i frescors, o frescoretes, o senzillament amb més calor, com encara passa als països del nord d’Àfrica, on per exemple, per encalmar la set, més que beure una cervesa o una Coca-cola gelades, es prenen un got de te amb menta, i cremant. 

Doncs ben igual.”

(PIERA, Josep. Els arrossos de casa. Barcelona, Ed. Empúries, s.a.,  2.000. pp 104-105)

El bêso de Moine

Abre la boca y cierra los ojos para no perder detalle. Estírate entonces y déjate arropar por el aromático sabor que te desnuda. Olvídate en su recuerdo.
Tête de Moine

¿Cómo me lo he montado? Arito delicado de pimiento verde, pelín de confitura de tomate sobre tostada casera, gajito de pera conferencia y flor de Tête de Moine.  Nuez y traguito de cerveza gallega entre beso y beso para volver a empezar.

Me ha acompañado en mi ensoñación hecha bocado:

Nota: El tête de Moine es un queso sin gluten, sin lactosa y sin trazas de huevo (ver página web oficial). Hoy lo conseguí en una carnicería-charcutería del Mercado de la Barceloneta,  con un surtido de quesos tan generoso como el trato de sus dependientes. La tostada la he hecho con pan de molde de la fleca Baluard, también sin trazas de huevo (sí que lleva leche), panadería de imprescindible visita si se está por allí o alrededores.

 

Menudas piezas están hechas

Así da gusto comer con las manos, y es que nunca _DSC9982 copiarantes esta cubertería de Alpaca lució como ahora, cobrando vida como joya gracias a las reciclables manos de mi tío Ricard Mira, y es que eso es precisamente lo que mejor sabe hacer: mirar, observa lo invisible de un material desechado y le confiere formas fantásticas con la maleabilidad de su inspiración. Después, nada metálico perece ni parece ya  lo que es. Grande es su ingenio y también el tamaño de sus obras, en su  mayoría esculturas, pero esta vez anda comprimiéndolo en estas exclusivas piezas que están para hacer huelga de hambre de lo deliciosas que son.

Gracias por dejar que me cuelgue tu arte y también de él.

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_DSC9969_okCuchara pendiente

Cuchara pulsera