Potaje de garbanzos con panecicos y bacalao

Plato de obligado consumo estos días porque así lo quiere y lo requiere mi memoria. Desde una edad temprana, deseaba de manera bastante inconsciente que llegara el momento en el que mi madre me lo plantara delante sin demasiados honores, cuando los tenía todos. Los garbanzos cocinados de esta manera, se tornaban más sabrosos que nunca, conjugados y enjugados con el caldo que los abraza y mulle. Bocado excelso, pequeñas bombas farináceas que se deshacen en la boca envueltas por el delicado gusto que el bacalao en su punto nos inyecta.
Recuerdo la sensación de estar tocando el cielo mucho antes que el misericordioso crucificado que justificaba la preparación de este plato.
El placer menos carnal estaba servido.

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Ingredientes:
400 gr de garbanzos lechosos
1 cucharadita de bicarbonato
una cola de bacalao
2 patatas
un manojo de acelgas
harina
Sofrito:
½ pimiento rojo
½ pimiento verde
3 tomates maduros
½ cebolla
Aceite de oliva
1 cucharadita de azúcar
sal
1 cucharadita pimentón de la vera

Panecicos:
4huevos
3 rebanadas de pa de pagès sin corteza
sal
perejil fresco

Preparación:
Ponemos en remojo el día antes nuestros garbanzos lechosos en abundante agua con una cucharadita de bicarbonato. Los trozos de bacalao sin espina los depositamos también en un recipiente con agua fría hasta cubrir, cambiada cada 4 o 6 horas, según el tiempo disponible para desalarlos o el grosor de los mismos. Procesos simples pero imprescindibles para culminar con éxito el sencillo pero glorioso plato de hoy.
Pasado el día de reposada espera, toca frotarnos las manos, plantarnos el delantal con las vueltas que los ataderos den de sí y arremangarnos la ligera prenda que estos santos días cubren nuestra blanquecina piel. Damos con una holgada olla y una hora larga de reloj. Enjuagamos los garbanzos bajo un buen chorro de agua fría y los volcamos dentro de ella en agua limpia, que cubra bien, tres dedos por encima de sus glúteos cuerpos. Encendemos el fuego y nuestro mp3 para empezar a coger el ritmo del troceado minucioso de nuestras verduras ya limpias y despepitadas. Echamos en una sartén con un poco de aceite los daditos de pimiento rojo y verde, la cebolla y el tomate, en este orden, reservando las acelgas para después. Mientras Iseo nos recuerda que c’est l’amour qui nous voit, rehogamos sin quitar ojo ni perder el paso hasta reducir y transparentar. Echamos pizca de azúcar y de sal y cucharadita de pimentón y hebritas de azafrán. La playlist avanza y nosotros nos movemos hasta la olla y abocamos el sofrito sobre los garbanzos que ya han roto a hervir. Removemos el guiso asiéndolo por los costados, en círculos concéntricos para que se incorpore bien al caldo de la cocción. 40 minutos por delante y unas cuantas melodías por lidiar. Es momento de preparar los panecicos, albóndigas de molla de pan mojado en huevo aderezadas con sal y perejil fresco. Deben quedar ligeras porque luego se endurecen al cocerse. En el aceite de la fritada anterior, doramos nuestras pelotas y de allí a la olla. Removemos de nuevo. Es momento de repartir el bacalao. Bien escurridos, rebozamos los lomos en harina de trigo, los freímos en el aceite restante bien caliente añadiendo de nuevo si fuese necesario, y una vez marcados, procedemos como con el sofrito y los panecicos incorporándolos al potaje y removiendo sin tocar. Cucharón en mano, probamos el caldo. Una Paula Morelembaum nos susurra con la misma sonoridad nasal de su apellido un rejuvenecedor “Bonita” mientras nos lo acercamos a la boca. Resoplamos. Don’t run away, Bonita  me reitera en decir, y cerramos los ojos y probamos un poquito con los labios  Don’t be afraid to fall in love with me I love you.I tell you I love you. Bonita, me dice. Me quemo, me digo yo, y  soplamos suave para sorber por fin todas las vocales con la boca bien abierta. Rectificamos de sal y repetimos estribillo. If you love me Life will be beautiful
Es momento de chascar dos patatas e incorporarlas al potaje. Localizamos nuestro reservado ramo de acelgas y sujetado con ambas manos nos lo llevamos a la cara para impregnarnos del olor a tierra húmeda del huerto que la contiene. Lo arrojamos al mar de sensaciones cortado en juliana y dejamos cocer el conjunto 15 minutos más. Sia con su Soon We’ll Be Found nos corea. Apartar y dejar reposar.

Receta de mi madre, abuela, bisabuela. Adoptada y adaptada por la hija, nieta, biznieta que ahora subscribe lo que canta y recuerda.

Bonita
I love you
Bonita

Lo cocinan o cocinaban de manera similar en el Hostal Los Bronces
Riopar, donde nace el río Mundo

Salmón con mantequilla y soja a la lima

El regalo de hoy es para quererme.
Bocado tibio, mullido, jugoso, ingrávido. Bautizado por la salsa caliente que lo remoja, coge peso y renombre en nuestra boca.
Para amantes de la cocina japonesa, y para amantes, en general.

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Ingredientes:
120gr de salmón sin piel ni espinas
5 cucharadas de salsa de soja
3 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Calentamos una sartén antihaderente y cuando humee soasamos por un solo lado escasos segundos nuestro lomo de salmón . Sobre una tabla, lo cortamos en trozos de 3 cm de grosor y reservamos.
En otra sartén o cazo, añadimos la salsa de soja, el zumo de lima y la mantequilla. Cuando rompa a hervir, apartamos y movemos en círculos durante 1 minuto para amalgamar la salsa .
Presentamos el festín con mucho gusto. Los trozos de salmón templado sobre la salsa aún caliente.

Receta extraída de mi nuevo libro:
Nikkei, Fusión de las cocinas japonesa y sudamericana
ISBN 978-84-16138-73-9
¡Gracias, Pp!, estoy encantada con los dos

Hamburguesas verdes

IMG_20170117_135529.jpgAsí es como te pueden poner (verde) si a tus peques no les explicas antes que pese al aspecto, de sabor a verdura no tienen nada, y no es que los vegetales no estén buenos, pero al lado de unas costillitas de lechal a la brasa o unas botifarres dolces de Girona, marrones todas, la evocación de sabrosura que te arrea visualmente uno y otro color, no es la misma, por ilusión que uno le quiera echar al asunto.
El verde no es un color que atraiga a las masas pueriles en principio, pero con un trabajo de campo arduo y alopécico detrás, la introducción del mismo en la dieta es posible.

A petición de una amiga con la que ayer me casqué un chocolate a la taza bien marrón que se nos hizo corto en tiempo y estómago, voy a recordar los escasos ingredientes para elaborar estas improvisadas hamburguesas, rapidísimas de hacer y de comer. Las devoraron.
P.S. ¡Espero les gusten, Laura!

Para unas 10 hamburguesitas de unos 70 grs /c.u.:IMG_20170117_140123.jpg
4 cubitos de espinacas congeladas
2 pechugas de pollo
1 huevo hermoso
1 cebolla pequeña
daditos pequeños de queso (opcional)
pan rallado
aceite
pimienta
sal

Procedimiento:
Cocemos las espinacas en agua con sal, las escurrimos bien, haciendo presión para liberarlas completamente del agua que contienen y las abocamos en la picadora o robot de cocina junto al resto de los ingredientes (menos el queso, que lo camuflaremos después, revuelto en la picada).
La masa resultante la probamos y la rectificamos de sal y de pan rallado. Tiene que quedar más bien suelta, tirando a ligera, pues el huevo cuando se cueza por dentro acabará por compactarlas. En un sartén caliente con una cucharadita de aceite, plantamos nuestros pegotitos de masa verde, y las marcamos con ayuda de una espátula, a fuego medio, un par de minutos por cada lado.
A disfrutar.

Alegre Moelleux de chocolate con mousse hecho cupcakes

Frédéric Lenoir, filósofo ensayista más leído de Francia, decía en una entrevista a La Vanguardia el pasado miércoles, que el deseo se puede elegir, y ponía el ejemplo de un bombón, que te da placer pero no en cambio alegría, pues ésta sólo te inunda cuando aciertas en decisiones a largo plazo, y concluía diciendo que quizá la alegría acaba siendo más sincera y duradera si rechazas el bombón y optas por estar más sano. Yo, que cuando me tocan los bombones salto, me quedé pensando en cómo salvar al chocolate del papel asignado en esta historia de infelices, así como también recordé el récord de 11kg que de este producto consume de media anual un suizo (vicioso suizo, después de este titular), y me entró repentina gula por algo muy oscuro y bueno, y arrugué el diario doblándolo con premura para hacerme con otra lectura, la de un libro de cocina que esperaba su momento. Lo adquirí hacía poco, en el Mercat dominical de Sant Antoni en otro arranque mío de insalubre deseo. Aquella vez también me desbanqué de esa línea recta que el destino traza y fui a parar allí, a dar con él o a caso él conmigo, y al hojearlo me deleité con el olor de imprenta de libro nuevo y  salivé con las fotos que mi olfato descubría a cada página pasada. Le dije entonces al expendedor, con disimulada alegría o placer, ya no sé, que me lo llevaba, y por un precio muy inferior a su valor lo retuve contenta en la estantería de casa hasta que el señor Lenoir me despertó el instinto por saltarme las reglas y no los postres: con un ritual ajeno a las expectativas del ensayista malgache, lo sustraje con suma expectación, lo abrí con dulce esperanza y di con la atractiva receta suiza del bizcocho negro de hoy.
Ya en la cocina, vendría la reproducción entusiata de los pasos a seguir, el disfrute probando los amalgamados ingredientes y el gusanillo inquietante por la improvisada presentación.
El bombón estaba servido. Usurpador de los dulces planes a largo plazo, me lo ventilé de un bocado y alegre lo recuerdo ahora y aquí.
Mal ejemplo, sr Lenoir, el del chocolate.

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Ingredientes:
225 gr de chocolate con un 75% cacao
4 huevos
85 gr de azúcar glas
70 gr de mantequilla
100 ml de nata fresca del 35% m.g.
15 gr de harina
40 gr cacao en polvo
pizca de sal

Procedimiento:
Montamos con ayuda de varillas eléctricas la nata líquida. Reservamos en la nevera. Ligamos a fuego flojo la mantequilla y el chocolate hasta fundir. Apartamos y reservamos. Batimos las yemas con el azúcar hasta palidecer su color. En un cuenco a parte, montamos las claras con una pizca de sal a punto de nieve y las volcamos en la mezcla anterior. Incorporamos entonces el chocolate fundido y mezclamos todo con suavidad. Un 30% de la masa obtenida la guardamos en el frigorífico para después preparar una cobertura espectacular. Ponemos en marcha el horno y lo precalentamos a 170º. Al 70% de masa que nos queda fuera del frigorífico le incorporamos la harina tamizada y cacao puro en polvo. Removemos con movimientos envolventes y cautos para no bajar las claras montadas. Volcamos en un molde de hornear de un palmo de diámetro o en su defecto improvisamos: cogemos cuatro flaneras, rellenamos tres cuartas partes y horneamos arriba y abajo, 20minutos o hasta cocer. No mucho tiempo, pues éste es un bizcocho tierno que se dismenuza suave a cada bocado y no puede quedar crudo pues a penas lleva harina. Mientras suben, recuperamos el 100% de esperanza y el 30% de masa para preparar la mousse de chocolate que nos cubrirá de gloria el bizcocho: mezclamos la nata montada con la masa reservada y el resultado lo metemos en una manga pastelera para decorar a golpe de pincel culinario o como la inspiración y utensilios disponibles nos dicten.

Marc Imbs, Suiza
Culinaria Mundial (En papel)
ISBN 9783833161216

Bizcocho de boniato, castañas y caqui

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Cómo me ha gustado que acabaran en mi boca pedazos de esta esponja de bizcocho. Húmedo como sus insinuaciones y delicado, se despedaza si lo sueltas de la mano.
Agárralo fuerte y dulcifícate con él cual día de lluvia bajo el mismo techo.
Atemperado por fuera, en su interior aguarda un explosivo de ocres, paisaje de otoño que lo conforma. Tierno en su justa medida, con un crujir de hojas secas a cada bocado.
Que la masa te acompañe.

Ingredientes:
200 gr de boniato asado
3 huevos M
100 gr de azúcar
100 ml de aceite de oliva
200 gr de harina
10 gr de levadura
1 caqui maduro y tierno
½puñado de trocitos de castañas asadas
½ puñado de nueces a medio picar

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Procedimiento:
Precalentamos el horno a 170º. Mezclamos con ayuda de un tenedor el boniato asado sin piel, el azúcar, las yemas de huevo y el aceite. Removemos hasta hacer homogenia la masa espesa. Retiramos la piel del caqui y echamos su exclusiva pulpa en el neutro mejunje anterior. Lo esparcimos con cuidado, sin deshacer su hilvanada y granulada estructura y alégrate por haber entrado a este blog. Incorporamos la harina y levadura tamizadas y removemos de nuevo. Momento de añadir las claras a punto de nieve. Con movimientos envolventes vamos acariciando la masa. Echamos los trozos de castaña y nueces picadas y sepultamos nuestras bombas de sabor en la mezcla. Lo volcamos todo en un molde untado de mantequilla y espolvoreado de harina, y al horno, 45minutos o hasta el punto óptimo de cocción. Si las ganas lo consensuan y permiten, dejamos enfriar completamente antes de desmoldar y devorar.
Métete el otoño en la boca. Vistete por dentro con él.

No se puede pedir más al imaginario repostero. Al mío, no. Copiad y comed, que es de mi parte.

Yolanda Montesinos López

Radiatori con nueces y mascarpone & Spaghetti con bechamel de anchoas

Lengua. Órgano que ejecuta la voluntad primigenia de engullir con gusto. Sin ella no hay beso, no hay gula ni excesos. Comer acabaría resultando un mero acto nutricional. La suerte sería que muchos dejarían de hablar, pero ese es un mal menor que los oídos sordos ya se encargan de paliar.

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Perdamos la cabeza y no la lengua con estas dos salsas para pasta corta que en caliente lubrican con ganas y entran muy bien.
Radiatore con nueces y mascarpone: huawei-y560-l01-yoli-18-10-16-4183
450 gr de pasta
150 gr de nueces peladas y picadas bien finas
80gr de mascarpone
60gr de parmesano
50 gr de mantequilla
2 yemas de huevo
sal
pimienta recién molida

Procedimiento:
Mientras cocemos la pasta en abundante agua con sal, colocamos en un bol las yemas de huevo, el mascarpone y las nueces picadas. Amalgamamos todo con brío. Ponemos a fundir la mantequilla en un cazo y la incorporamos a la pasta ya cocida y escurrida. Rallamos el queso por encima y removemos hasta huawei-y560-l01-yoli-18-10-16-4182atenuar el brillo mantequeso con el mate potente del parmesano. Menuda foto. Contemplamos el revelado sin entretenernos que nos enfriarnos. Mezclamos la pasta con la salsa y servimos al momento. Espolveramos con pimienta recién molida.

 

 

Espaguetis con bechamel de anchoas:

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450 gr de pasta
140gr de mantequilla

60 gr de harina
6dl de leche
1 cebolla pequeña
6 filetes de anchoa
nuez moscada
sal
pimienta

Procedimiento:
Preparamos  una bechamel ligera con la mitad de la mantequilla, la harina y la leche caliente. Cuando vaya espesando, añadimos el suco de la cebolla obtenido del rallado de la misma, sal, pimienta y un pellizco de nuez moscada. Una vez cocida, retiramos del fuego y le añadimos los filetes de anchoa picados. Hervimos la pasta en abundante agua un poco salada, la escurrimos cuando esté al dente y condimentamos con el resto de la mantequilla derretida. Incorporamos la bechamel con anchoas, mezclamos y servimos en plato plano y boca ancha.

500 receptes de pasta italiana
ISBN 8497911164
Cossetània edicions

Arroz negro al horno con azafrán y langostinos

Los negros me imponen. Ensucian mi boca y salpican mis dientes. Apresan sabores que aguardan pacientes bajo ese oscuro manto que los contiene. Y sonrío de dicha a cada bocado. Atributos sabrosos se les otorga. Es verlo negro y tenerlo claro. Pero ojo que no hay dos negros iguales. Este de hoy me sirve para afirmarlo: sin sofrito de tomate ni carne de pescado. Al horno y bien tostado. Tiene un final intenso y unos matices que cubren de gloria. Me quedé corta de tinta al cocinarlo y ahora la gasto por aquí para contar cómo me lo monté para disfrutarlo tanto.

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Para 4 expertos:
450 gr de arroz bomba
12 langostinos frescos
2 cebollas
1 pimiento rojo
1 diente de ajo
Aceite de oliva
Carne de 2 ñoras
Azafrán
1l de caldo de pescado
Picada de ajo y perejil

Procedimiento:
En una paella sofreímos los langostinos previamente pelados con un poco de aceite. Retiramos y sofreímos el diente de ajo chafado junto a la cebolla y pimiento rojo, troceados bien pequeños. Añadimos la carne de las ñoras, obtenida previa cocción de las mismas durante diez minutos y el raspado minucioso de su carne reblandecida.  Añadir por último el azafrán. Incorporamos el arroz a esta mezcla y añadimos la tinta de calamar. 6 sobrecitos. Mojamos todo con el caldo caliente, dejamos que arranque a hervir y lo cocemos por espacio de 14 minutos en el horno a 220ºC. Añadimos los langostinos por encima y dejamos cocer 2 minutos más.  Retiramos del horno y servimos en el plato con ayuda de un molde. Disponemos los langostinos por encima y decoramos con un picada de ajo y perejil.
Servir con gracia y degustar el tiempo que dure.

A la manera de hacerlo en Ca La Nuri
Restaurant de la Barceloneta.

Conejo al ojillo

Da igual si eres mujer espigada o de talle corto, si te rozan las piernas al caminar o podrías dejar paso a través de ellas: cuando llevas minifalda, todas las miradas van a resbalar a tu entrepierna. Algunas te las meten por inercia, como cuando ves saltar a un gorrión en pleno asfalto. Tal cual lo miras, despega él y prosigues tú. Otras te las clavan por detrás, aprovechan el rebufo levantado para colgarte precipitados vilipendios por todo el forro. Los más onomatopéyicos caen pronto en el olvido, y los más fuertes trepan por los plises de tu falda, tela a través. Basta con sacudirte tu breve prenda para despojarte rápido de todos ellos. Y están las miradas que llegan con extrema dificultad, tras un degradado parabrisas del coche que se detiene para que cruces. El sujeto que mira se agacha y retuerce hacia el costado más claro del cristal y persigue las piernas que tijeretean bajo el manto que las cubre y las descubre lo que dura el semáforo. En este caso se me ocurre detenerme bajo el disco ya en rojo y  hacerle un amago de calvo pero invertido: por delante, de abajo arriba y bien peludo (si fuese el caso).

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Para comerte un buen conejo sin forzar la vista:
Un conejo pequeño
Una cabeza de ajos
Perejil
Aceite de oliva
½ vaso de vinagre
Sal

Procedimiento:
Ponemos a freír el conejo cortado a trozos menudos, salados previamente, en una sartén con aceite. Cuando estén muy bien dorados por todos lados, añadimos la mitad de los dientes de ajo, cortados en trozos generosos, a mitades o enteros, según tamaño, y dejamos que se acabe de freír con ellos, que cojan color mientras la carne se impregna de su sabor, unos diez minutos. No paramos de remover ni de viciarnos con el olor que se desprende. Con el resto de dientes, hacemos una picada con perejil y medio vaso de vinagre. Rociamos el condumio por encima y dejamos cocinar unos minutos más. También casa estupendamente con vino blanco o coñac. A degustarlo sin atropellos, con una buena llesca de pan y mejor compañía.

 

Receta ancestral en mi familia materna. Ésta y otras las recupero y recuerdo en un libro que compré en una gasolina de Socovos (Albacete) sin ISBN:
La Cocina Socoveña
Descubrir Socovos l
Pilar Hernández
Edición 2.015

 

 

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Arroz gratinado con pimientos

Si has comido arroz al horno alguna vez, recordarás la ligereza de sus vaporosos granos y el aroma apresado entre ellos, liberado de a poco a golpe de tenedorazo, dosificándose así el feliz momento. El calor envolvente en el que se han cocido tiene gran culpa del particular resultado. Si además de arrocero al horno, eres devoto de unas tremendas migas de pan, o de unas migas ruleras (hechas sólo de harina), te acompañará de por vida el sabor característico del pimiento verde frito que las lubrica. Y ¿qué decir del risotto? el que se atrevió a remover sus granos para amalgamar el almidón liberado con la crema de un queso fundido, acertó en esto de saciar la gula a golpe de sorpresa.

Pues este arroz blanco de hoy,  hecho al horno pero sólo a medias, que lleva queso pero únicamente a modo gratén, y viciado de sabor a pimiento, es un medio invento fantástico, a caballo de mis recuerdos gustativos y la receta de Arròs al forn amb pimentó, de La cuina dels arrossos del Delta de l’Ebre, Onada Edicions.

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Para 4 experimentados:
400gr de arroz redondo
800ml de agua
3 pimientos verdes
100 gr de queso rallado
3 dientes de ajo
Aceite de oliva
Sal
2 patatas
brócoli
un bote de garbanzos cocidos

Procedimiento:
Cocemos el arroz en agua con sal durante 10 minutos. Colamos, enfriamos bajo el agua, y reservamos.  Cortamos los pimientos verdes a trozos generosos, y los ponemos a freír a fuego medio fuerte en abundante aceite de oliva unos 5 minutos, controlando que no se quemen. Retiramos y apartamos. En el mismo aceite, aromatizado hasta las trancas por los pimientos, freímos también los dientes de ajos, previamente laminados, hasta dorarlos un poco. Rápidamente apartamos y reservamos también. Frimg_20160917_202012eímos las patatas laminadas, unos 2 minutos. Reservamos. Rehogamos en este imprescindible aceite los ramilletes del brócoli, unos 3 minutos, y apartamos también. Es el momento de saltear el arroz que resta a la espera medio cocido, en este aceite, 5 minutos, removiendo para impregnarlo bien de aroma y sabor, y salamos, pues tras enjuagarlo habrá perdido parte del punto de sal, así como el resto de ingredientes. Es el momento de precalentar el horno a 200º y de colocarlo todo en una fuente: primero la cama de arroz blanco y  por encima esparcimos los pimientos verdes, los ajos, las patatas, los garbanzos cocidos y el brócoli. Rallamos el queso que queramos, un semi curado de oveja y cabra va estupendo, y metemos al horno 5 minutos para acabar de cocer, y otros 5 minutos más para gratinar, o 10, según veamos.

Listo está el arroz para comer, y más listo aún el que se siente antes para hacerlo!

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