Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Arroz gratinado con pimientos

Si has comido arroz al horno alguna vez, recordarás la ligereza de sus vaporosos granos y el aroma apresado entre ellos, liberado de a poco a golpe de tenedorazo, dosificándose así el feliz momento. El calor envolvente en el que se han cocido tiene gran culpa del particular resultado. Si además de arrocero al horno, eres devoto de unas tremendas migas de pan, o de unas migas ruleras (hechas sólo de harina), te acompañará de por vida el sabor característico del pimiento verde frito que las lubrica. Y ¿qué decir del risotto? el que se atrevió a remover sus granos para amalgamar el almidón liberado con la crema de un queso fundido, acertó en esto de saciar la gula a golpe de sorpresa.

Pues este arroz blanco de hoy,  hecho al horno pero sólo a medias, que lleva queso pero únicamente a modo gratén, y viciado de sabor a pimiento, es un medio invento fantástico, a caballo de mis recuerdos gustativos y la receta de Arròs al forn amb pimentó, de La cuina dels arrossos del Delta de l’Ebre, Onada Edicions.

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Para 4 experimentados:
400gr de arroz redondo
800ml de agua
3 pimientos verdes
100 gr de queso rallado
3 dientes de ajo
Aceite de oliva
Sal
2 patatas
brócoli
un bote de garbanzos cocidos

Procedimiento:
Cocemos el arroz en agua con sal durante 10 minutos. Colamos, enfriamos bajo el agua, y reservamos.  Cortamos los pimientos verdes a trozos generosos, y los ponemos a freír a fuego medio fuerte en abundante aceite de oliva unos 5 minutos, controlando que no se quemen. Retiramos y apartamos. En el mismo aceite, aromatizado hasta las trancas por los pimientos, freímos también los dientes de ajos, previamente laminados, hasta dorarlos un poco. Rápidamente apartamos y reservamos también. Frimg_20160917_202012eímos las patatas laminadas, unos 2 minutos. Reservamos. Rehogamos en este imprescindible aceite los ramilletes del brócoli, unos 3 minutos, y apartamos también. Es el momento de saltear el arroz que resta a la espera medio cocido, en este aceite, 5 minutos, removiendo para impregnarlo bien de aroma y sabor, y salamos, pues tras enjuagarlo habrá perdido parte del punto de sal, así como el resto de ingredientes. Es el momento de precalentar el horno a 200º y de colocarlo todo en una fuente: primero la cama de arroz blanco y  por encima esparcimos los pimientos verdes, los ajos, las patatas, los garbanzos cocidos y el brócoli. Rallamos el queso que queramos, un semi curado de oveja y cabra va estupendo, y metemos al horno 5 minutos para acabar de cocer, y otros 5 minutos más para gratinar, o 10, según veamos.

Listo está el arroz para comer, y más listo aún el que se siente antes para hacerlo!

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Tortilla de patatas en 7 minutos

Hay quien se cronometra bajo el agua, en el ascenso a un pico, y dándoselo también. Yo, que no me quiero aburrir tampoco, he calculado en cuánto soy capaz de hacer una tortilla de patatas con óptimos resultados, claro, pues de nada sirve fardar de récord en sumersión acuática si se acaba lila y echando mano de la bombona de aire. La marca me ha quedado en 7 minutos, superada y sólo de boquilla por alguna fémina de mi familia materna. El promedio en su ejecución está en tres cuartos de hora, huevo arriba patata abajo, según mi entorno más cercano, que acostumbrado a este tipo mío de preguntas, responde sin cuestionarme ya nada. Esta diferencia sustancial sólo es de tiempo y no de sabor, y aunque parezca imposible, milagros a Lourdes, que así se llama la expendedora de lotería de mi barrio, porque para  tal logro sólo son necesarios la confianza en la técnica que ahora desvelaré, y andar generosos de dedos, por si nos dejamos alguno en el camino.

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Imprescindibles:
7 huevos medida L
3 patatas medianas
1 cebolla
1 diente de ajo
½ vaso de aceite
Sal
1 cuchillo
1 mandolina
1 sartén con la boca de la medida de un plato plano
1 plato plano
1 bol
1 batidor
Colador de aceite
Espumadera
Concentración
Fe

Procedimiento:
Minuto 1. Cogemos el pelador, o lo que mejor atienda nuestra necesidad de velocidad, y trasquilamos  nuestras patatas con decisión, una tras otra. Hacemos lo propio con la expectante cebolla, arrancándole primero el culo peludo, y sin llorar, porque no hay tiempo, la despojamos de las capas superficiales que la protegen. Al ajo le damos un golpe seco, y rematado, lo desvalijamos de igual modo.  img_20160908_142501
Minuto 2. Ponemos a fuego medio la sartén con aceite de oliva, un tercio de su capacidad. Un minuto escaso nos resta antes de que el aceite se caliente y nos enfriemos nosotros. Sin cortarnos ni un dedo, comenzamos a filetear con la mandolina las tres patatas, la cebolla y el diente de ajo. Las láminas obtenidas han de ser finas y proporcionales entre ellas para la correcta y rápida cocción de después. Volcamos el descuartizamiento de una sola vez, todo junto, patata y cebolla, paso este importante, en el aceite ya caliente, controlando con un ojo que el color dorado del conjunto no se oscurezca.
Minuto 3. Con el ojo restante y dirigido por las dos manos, cascamos con precisión los huevos y los batimos como locos en un bol donde salpicar sin miedo. Echar pizca y media de sal.
Minuto 4. Nuestras patatas ya están fritas y la cebolla pochada. Somos unos cracks. Con la sartén por le mango ya, escurrimos img_20160908_143119con ayuda de una espumadera todo el aceite sobrante. Lo guardamos para próximos retos. Salamos. Volcamos los huevos batidos sobre las patatas que restan en la sartén sin aceite, removemos con cariño a fuego medio y dejamos cocer tres minutos, tiempo suficiente para echar una cerveza mientras fregamos.
Minuto 7. Con un plato plano a modo de tumba-tortillas, la volteamos. Mucho Ojo llegados a este punto. Apretamos fuerte el que nos queda y a por él. Deslizamos la tortilla en la sartén ya vuelta y dejamos sellar el lado crudo un minuto. Apagamos el fuego, y servimos en plato plano.

A disfrutar, que no hay tiempo que perder.

A mi madre.

Ceviche de lubina

Vaya pelotera tienen hoy los vecinos de al lado. Hace un par de horas, el padre del chiquillo quería arrancar la cabeza al hijo grande, tienen dos, que se lo he oído decir desde mi cocina, en un tono que despeina. Aclarar que más que voluntad de dejar al crío sin visera en un día tan caluroso como está haciendo hoy, era una enunciación en toda regla de que lo iba a hacer seguro, pues la frase comenzaba en: “¡Te voy a arrancar la” y no en: “ ¡Desearía poder arrancarte la”. Yo, claro está, no me creo sus amenazas, ahora que sé, que me lo dijo con un orgullo rebosante de espuma salival el otro día entrando él y saliendo yo del ascensor, que por fin lo habían cogido en el equipo de básket de su colegio después de años, que se dice pronto, esperando una baja en mini que no llegaba, categoría ésta a la que le pertenece entrar por edad y condición física, porque el crío está grande, grande. Es por eso que no me creo, digo, que vaya a talar al niño precisamente ahora que ha de crecer, por su padre, como ala-pivot. Ahora… ¿Ahora que ya tiene un pie dentro va a dejarle la cabeza fuera? Venga ya…

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No se debe hablar en caliente y mal, si no comer fresco y bien en días tan acalorados como el de mi vecino. Aquí va una receta de ceviche inspirada en las del maestro cocinero Gastón Acurio, y certificada por las del libro Ceviche, cocina peruana, de Martín Morales. Fantásticos los dos.

Para paliar unos cuantos improperios estivales y quedarnos tan frescos, necesitamos:

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De izquierda a derecha de la mise en place: boniato cocido, cebolla cruda en juliana, mango maduro, aguacate en su punto, maíz dulce, zumo de la cocción de mejillones, langostinos cocidos, lubina pelada y desespinada, zumo de dos limas, gajos de dos limas más, perejil picado, pimentón picante, sal y hielo picado.

Procedimiento:

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Salamos nuestros trozos de lubina cortada en dados y que previamente nos habrán preparado sin piel ni espinas en la pescadería, y los abocamos en un bol. Seguidamente espolvoreamos por encima ají molido o en su defecto pimentón picante que también hace los honores estupendamente, y después la cebolla cruda que habremos tenido en remojo una hora antes para hacerle perder la fuerza tan molesta para algunos como yo, y si no pues tal cual. A continuación, bañamos nuestro pescado crudo con el zumo de nuestras limas y removemos, para ir amalgamándolo todo. El exprimido no debe ser en exceso o podemos amargar el zumo con la parte anterior de su piel,  así que lo extraeremos manual y escasamente. Si fuese necesario, añadimos alguna lima más.
Ya sólo queda, mientras lo anterior se va marinando, que añadir los mejillones cocidos, parte del agua de su cocción (hasta cubrir), y los langostinos. Echamos el hielo picado para enfriar rápidamente por espacio de unos minutos, y servir: emplatamos con nuestro ceviche en el centro de un plato hondo y acompañado por nuestro maíz, trozos de mango, de aguacate y de boniato cocido, que aunque cueste de creer como lo que hoy cuento, lo he encontrado ya disponible en esta época tórrida, en la frutería del Sorlidiscau de mi barrio.

Que aproviche

 

Un Pan de bandera – Parte 1/2

Abanderar la mesa con este pan gustará a apátridas y lugareños. Su estriada molla contiene sobrasada de Mallorca, para elaborar las franjas rojas, y curry de la India y  queso grana italiano, para las amarillas, ingredientes todos que las aromatizan y tiñen de gustosas intenciones. Un pan singular en su forma y plural en su contenido. Tierno y equilibrado si se le deja crecer, con corteza resistente y permeable al sabor que lo acompañe.
Propuestas de elaboraciones hay tantas como panes imagines, pero requisito para abordar todas ellas tan solo uno: respetar el proceso lento y cauteloso que necesita el pan para formarse. Para ello, el ambiente no debe estar muy caldeado, pues la fermentación entonces se acelera y el manipulador de masas ve en ello la oportunidad de apresar un rápido resultado que no convence. Es preferible prescindir de las prisas y enfriarlo hasta el momento de poder dar forma a nuestra idea, sin perjudicar con ello el trabajo de levado que no cesa ni en su frío letargo.
La constancia en el proceso y nuestra espera tendrán su recompensa. Un insistente y enérgico trabajo manual por nuestra parte y un horneado donde cocerlo sin descuidos, sacralizarán al final nuestro pan catalán.

 


Los pasos a seguir para la elaboración de este pan vienen muy bien indicados aquí: http://www.lacuinadesempre.cat/2012/04/pa-de-sant-jordi.html
Antes de las terceras elecciones subo la segunda parte del post

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Patatas suecas al estilo hasselback

Parecerá inaudito pero en esta casa es de lo más normal. Viene de la vecina de abajo, y es un hedor hecho canción que se filtra por las paredes hasta llegar aquí. Tiene puesta a toda leche en modo “repetir pista” una misma melodía desde hace la escalofriante cifra de cinco horas. La elegida esta vez es Imaginando, de Sergio Dalma, y sé el título porque ya me he aprendido la letra. La otra vez fue Venezia de Hombres G, y sonaba que era ya a tocar la madrugada. Entonces fui impulsiva, el descanso es sagrado y la noche oscura, y fui escaleras abajo, coloqué mi pabellón auditivo haciendo ventosa en su puerta, para asegurarme que la contaminación acústica procedía de allí, y cuando me dispuse a tocar su timbre para mediar acuerdo, cesó repentinamente el taladro y también mi intención de cantarle los cuarenta, y no Principales, lista de hits que desconozco, por otro lado.

Sergio Dalma fue ídolo mío de juventud. Banda sonora de mis ensoñaciones menos pueriles. Lo tuve oliéndome los pies a tamaño póster durante años, en mi habitación de entera, y lo arrugué a besos, sellados por el celo que lo sostenía, y bien pegados que bailamos. Hoy he canturreado desde la cocina su estribillo y paseado con aires pesarosos la desesperación de su letra. Pero basta ya. Suficiente. Torturas chinas, al país homónimo, please.

Pero ni tan siquiera este trasiego de ahora va a impedir que comparta mis ilustradas patatas de hoy y que tanto fervor causan entre mis comensales por lo ricas que están.

patatas suecas al estilo hasselback

Procedimiento:
Pelamos las patatas, las enjuagamos bajo el chorro del grifo y las partimos en dos mitades. Precalentamos el horno a 200º. Cogemos cada una de nuestras mitades y les hacemos unos cortes paralelos sin llegar a la base pues las queremos de una pieza, únicamente bien marcadas pero sin llegar a laminarlas. Las colocamos sobre una fuente de horno y las pintamos en abundancia con mantequilla previamente derretida. Horneamos 15 minutos y las sacamos para volverlas a bañar en mantequilla, salarlas al gusto y espolvorear pan rallado por encima y de vuelta al horno, otros 15 minutos más. Listas.

Ideales para acompañar todo tipo de platos, como lo harían unas patatas fritas, pero estas a la manera de hacer sueca, como sueca me voy a hacer yo también después de subir la foto, poniendo alguna de heavy metal a todo trapo en pleno rellano suyo y haciendo como si conmigo no fuera su dolor.

Hasta el higo

Tanto si cocinas de higos a brevas como si estás hasta el higo de hacerlo, este es un pincho ideal para estos días de agosto en los que las higueras están folladas a reventar y los higos se muestran más apetitosos que nunca.

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Ingredientes:
Higo
queso azul
jamón ibérico
miel de caña

Procedimiento:
Pellízcale el pezón con tacto pero decisión. Contornea entonces su mullido cuerpo hasta acceder a su parte trasera. Rasúrale el culo sirviéndote de un utensilio afilado para erosionar lo menos posible su delicada piel. Con ayuda de las yemas de tus aguerridos dedos, abre el higo y contempla su rojizo fruto en todo su esplendor. No te lo lleves aún a la boca. Estuca su carnosa pulpa con trozos del quebradizo queso azul hasta ponerlo morado, sin excederte en lujuria o enmascararás su dulzura. Abrázalo con tiras de jamón curado de espanto y calienta a placer. Tírale la melosa caña hasta gotear por los bordes y en su interior y corre, a disfrutarlo de un solo bocado.

 

Choco biscuit, my best suit

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Nos perfumamos en una primera cita para bañarnos en sudor con ella después. Nos arreglamos para poder arreglárnoslas, si nos cogen,  en una entrevista de trabajo. Por qué no ofrecer de merienda un sencillo bizcocho de choco  vestido con las mejores galas. Una buena presentación es clave para deleite de todos. A los peques les entrará por los ojos para quedarse luego en sus pequeñas barriguitas, encargadas éstas de repartir energía y felicidad por los cuerpos presentes, los suyos y el mío.

Presentación inspirada en el cioccofondente del restaurante La Tagliatella. Receta extraída del reverso del paquete del harina Maizena con alguna modificación que a continuación detallo. Música que me acompaña en el redactado: Rude por Madilyn Bailey, versión de Magic, porque de esto va el bizcocho de hoy. Su letra comienza con algo así como “Saturday night morning jumped out of bed and put on my best suit”. Engalanados todos nos vamos a ver de qué va el biscuit de hoy.

Para unas cuantas risas, necesitaremos:_DSC0392

50 mg de mantequilla,

80 ml de aceite

125 gr de azúcar

4 huevos

200 gr de chocolate fondant postres

60 gr de harina de trigo

60 de maizena

½ sobre de levadura

Nata para montar

Cucharillas

Precalentamos el horno as 170º sólo por debajo. Ponemos el chocolate en un cazo junto con la mantequilla y el aceite y lo mezclamos a fuego muy lento. Reservamos. Batimos los huevos con el azúcar hasta homogeneizar el conjunto.  Añadir tamizada la harina de trigo, la maizena y la levadura. Mezclamos. Incorporamos la mezcla de chocolate fundido y removemos. Meter el dedo, acercarlo a los labios y cerrar los ojos. Ya podemos volcar nuestra masa en el recipiente escogido, untado con mantequilla o protegido por papel de plata. Metemos a altura media en el horno. 40 min.

Dejar enfriar si da tiempo y montarla bien gorda, la nata y la fiesta que se liará cuando emplantemos: trozo de bizcocho, capa de nata, trozo de bizcocho, nata, trozo de bizcocho y así todo el tiempo. Servir, si te dejan, bien frío. Tirar chocolate fundido por encima para acompañar a los acompañantes. Disfrutar.

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Fideos chinos con cerda en salsa Hoisin

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Los fideos chinos en ocasiones se acompañan de cerdo. En este caso, el animal fui yo que los hice en menos tiempo y dinero del que cuesta ventilarse unos de sobre.

Para 4 comen y salen

¼ de kg de noodles, 2 cebollas, 3 zanahorias, col, 2 dientes de ajo, comino, aceite de girasol,  zumo de 1 limón mal exprimido y 4 cucharadas de salsa Hoisin.IMG_20150302_172335

Sofreímos las verduras cortadas en trozos de  un par de minutos de grosor en un chorro de aceite o dado de mantequilla. Salteamos alegremente pero sin exagerar los movimientos del antebrazo pues se trata de un plato sin lucimientos, más pelado que los ajos que no debemos olvidar de incorporar por aquello de que siempre todos nuestros rehogados los llevan.  Una vez sancochadas, tiramos comino, pizca sal, salsa Hoisin y el zumo de un  limón. Mientras el wok o sartén va cogiendo vida, abrimos a bocajarro nuestro gigante bolsa de fideos, que habremos escogido entre  la inmensa oferta que hay en el mercado actual por ser la más grande y económica del colmado nipón, y zambullimos los curiosos nidos de pasta de ella sustraídos en agua caliente por espacio de tres minutos.  Escurrimos bien y abocamos la rizada pasta sobre la mezcla anterior. Mezclamos con esperanza, rectificamos como buenos sabios que somos y palillos a la mar.

Aquí pan y depués gloria

-Ponme una barra de medio, Pedro.
-Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-…pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?

-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …- balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

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Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería necesitamos:

800 gr de harina de trigo
50 gr de levadura fresca deshecha en
550 gr de agua templada

Amasamos sólo ligeramente, y metemos en la nevera tapando nuestra masa con un film.

Pasadas 24h, ya está lista para cualquier invento panadero.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Nota: Para panecitos esponjosos, dar forma redondeada y dejar reposar sobre la bandeja y tapados con un trapo unos 30 minutos antes de hornear, a 200 º unos 30 minutos. Proceder igual para masas de pizza, en el caso de quererlas crujientes de pizza, aplanarla con las manos mismo con el grosor que se desee, y el reposo que no exceda de 10 minutos y la temperatura que ascienda a 220º unos 10min.

Esta masa se puede recubrir, rellenar, aderezar… al gusto, y no desechar nunca la sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente en la nevera)