Tarta Oreo a mi aire

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Mi hijo se ventosea cada mañana al despertar aún inmóvil en la penumbra del letargo nocturno, en mi presencia,  justo antes de abrir los ojos. Realiza el ritual con cierto nivel de perturbadora consciencia, lo sé porque insiste en su empeño de descomprimir gases, aun cuando no le viene de manera natural, si me nota cerca. Mi hija, que creció con las princesas Disney en sus primerísimos años y que duerme en la litera de arriba, procede a darme los buenos días de igual manera los fines de semana que no madruga, acompañando la gesta de su hermano con una sonrisa que me da pistas sobre la maquinación de su ejecución. El primero me intriga. La segunda me conmueve.

Desconozco el nivel de flatulencia que les acarrearán mañana los aires, en este caso de grandeza, de esta colosal tarta que tanto han disfrutado hoy. Voluptuosa, excesiva, desbordante. La han devorado con los ojos primero y  gozado en boca después. Esponjosa, lubricada, con sabor a chocolate avainillado, sin matices retronasales pero con un final equilibrado, ligero, limpio. El sabor a Oreo se insinúa en la capa intermedia pero muy sutilmente. La buttercream con queso que la cubre y rellena proporciona textura cremosa a cada bocado de esta dripcake ideal.
Esperemos que con el dulce recuerdo del momento no contengan tampoco la alegría.

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¡¡ Felicidades, POL !!


 

Para la elaboración de esta tarta del cumpleañero que sale airoso de todas, necesitamos:

Utensilios extra (para una repostera ocasional como yo):

Un molde de 15 cm de diámetro
Un cartón impermeable de 15 cm de diamétro
Una jeringuilla
Un cuchillo ancho o espátula aplanadora

Para los bizcochos:

4 huevos L
240 gr de azúcar
240 ml de aceite
215 ml de leche
4 ml de esencia de vainilla
330 gr de harina.
16 gr de levadura química (1 sobrecito Royal)
40 gr de cacao puro en polvo sin azúcar
16 galletas Oreo (sólo las tapas)
Pizca de sal

Para el almíbar:

50 gr azúcar
50 ml de agua
2 ml de aroma de vainilla

Para la buttercream del relleno y cobertura:

300 gr de queso de untar cremoso
200 gr de mantequilla
El relleno de las 16 galletas Oreo
300 gr Azúcar glas

 Para la ganache de chocolate:

100 gr de chocolate especial postres
100 ml de nata 35% mg
45 gr de mantequilla 

Todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente.

Para la decoración:
Mikados, Conguitos, Huesitos, almendras caramelizadas, Filipinos, galletas oreos. 



Elaboración

Paso previo:

Machacamos las tapas negras de las características galletas Oreo que habremos separado previamente del relleno que llevan con ayuda de un cuchillo o espátula. La crema de las galletas la reservamos para después. Una forma práctica y rápida de dejar en pedacitos las tapas de las galletas es metiéndolas en una bolsa transparente y limpia y dándole con el mazo de un mortero tres o cuatro veces hasta obtener un resultado con trozos irregulares. Reservamos. 

Elaboración base de los bizcochos:

Batimos los 4 huevos con las varillas eléctricas unos 5 minutos, hasta obtener una crema blanquecina espumosa. Añadimos el azúcar y volvemos a batir 1 minutos más. Incorporamos ahora el aceite, la leche y el aroma de vainilla. Mezclamos hasta integrar completamente. 

Agregamos los sólidos: la harina tamizada, la levadura en polvo y una pizca de sal y mezclamos con ayuda de las varillas manuales o bien a mínima potencia con las eléctricas. Con esta masa obtenida, de un peso aproximado de 1.200 g, haremos los 3 bizcochos que lleva la tarta, de unos 400 g cada uno. 2 de chocolate y 1 sin chocolate, el que irá en medio en el montaje emulando así la forma de la galleta Oreo.

Elaboración de los bizcochos con cacao:

En otro cuenco pesamos y vertemos dos tercios de la masa (unos 800 g) y añadimos solo a esta porción de masa el cacao puro en polvo sin azúcar. Removemos con varillas a mínima potencia. Agregamos la mitad de las galletas troceadas que teníamos reservadas en la bolsa. Integramos. Procedemos a hornear. En mi caso hago los dos bizcochos de chocolate uno a uno porque solo dispongo de un molde de 15 cm.por lo que dividimos la masa que lleva el cacao  en dos boles y volcamos uno de ellos en un molde previamente engrasado y enharinado.Metemos al horno precalentado a 180º arriba y abajo durante 30 min. o hasta que salga limpio el cuchillo. No abrir nunca antes de los 20 min. que por un cambio brusco de temperatura y de corriente de aire lo echaríamos a perder.

Elaboración bizcocho de vainilla:

Mientras sube el primer bizcocho con cacao y resta a la espera el segundo de iguales características, acabamos de preparar la masa del bizcocho intermedio. Para ello rescatamos el cuenco que teníamos con la masa sin cacao y agregamos la otra mitad (aprox.) de las tapas de las galletas que quedaba en la bolsa. Mezclamos y reservamos hasta poder hornear en iguales tiempos y temperaturas que los dos de chocolate. 

A los 30 minutos sacamos el primero de nuestros bizcochos de chocolate. Dejamos enfriar dentro del molde 10 min. y pasamos, ya desmoldado, a una rejilla boca abajo, y así procederemos con el 2º y 3r bizcocho. En esta 1h 20 min que se nos va en este poco productivo espacio de tiempo nos da para preparar la buttercream, la ganache y recoger la cocina.

Buttercream o crema de mantequilla para el  relleno y cobertura:

Batimos la mantequilla 5 minutos. Incorporamos el azúcar glas y mezclamos bien antes de volver a batir. Añadimos el queso de untar, el relleno de las 16 galletas oreo que teníamos reservado, y batimos bien hasta obtener una textura cremosa y uniforme. Guardamos en la nevera mínimo media hora. 

Ganache de chocolate para la cobertura y para el efecto dripcake:

Colocamos el chocolate picado junto con la nata al baño maría. Mezclamos y añadimos la mantequilla. Volvemos a remover hasta que la mezcla homogénea brille. 

Almíbar:

Ponemos a calentar a fuego flojo el agua y el azúcar junto con el aroma de vainilla hasta hervir ligeramente. Apagar iy reservar.

Montaje:

Recortamos la parte superior de los tres bizcochos ya templados hasta dejarlos sin barriga. 

En la base de cartón impermeable colocamos un poco de buttercream para fijar el bizcocho base de cacao. Mojamos con ayuda de un pincel pastelero o cuchara todo la superficie con el almíbar, por el centro y también los rebordes que suelen ser los más tostados. Seamos generosos. 

Cubrimos  con una capa de buttercream y colocamos encima el bizcocho de vainilla mojado también en almíbar y procedemos igual: capa de buttercream y encima el tercer bizcocho hidratado bien con el almíbar. Observamos que estén bien orientados y equilibrados. 

Cobertura en 3 pasos: 

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Cubrimos de buttercream tanto los laterales como la parte superior de la tarta con ayuda de una espátula o cuchillo amplio. Si queda irregular no pasa nada. Es solo un primer sellado de las migas que suelta el bizcocho. Reservamos pastel y crema en la nevera mínimo 30 minutos para que cojan frío de nuevo. 

Pasado este tiempo volvemos a cubrir con la crema buttercream, esta vez echándole el arte que se tenga. Con un poco de paciencia y ganas obtenemos un final la mar de resultón. Reservamos de nuevo en la nevera media hora. 

Toca cubrir con la ganache de chocolate con efecto dripcake (o goterones) la blanquecina tarta y comenzamos por las gotitas. Para ello se me ha ocurrido ayudarme con una jeringuilla e ir soltándolas con las mismas ganas y forzada improvisación que mi hijo sus cuescos matutinos. Paciencia y sin pensarlo mucho pues es bonito que queden irregulares. Acabamos por cubrir la superficie con el resto de la ganache y sobre ella disponemos Mikados, Conguitos, Huesitos, almendras caramelizadas, Filipinos, todo tonos ocres, crudos o dorados y  alguna galleta entera oreo para recordar la temática.

Bon profit.

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Arroz caldoso con bacalao y alcachofas

Caigo al vacío encerrada en un ascensor sin cables que recorre acelerado el tramo previamente ascendido. Me acompaña en la subida y precipitada bajada de después una mujer enorme. Flotamos ingrávidas por la cabina como resignadas astronautas y yo decido trepar por la espalda de ella, como si con ello pudiera amortiguar en algo la mortal caída. Y ahí estamos, ancladas a su cuerpo, mi afán de supervivencia de último momento y yo. El desplome es inminente. Un “Adiós mamá” ahogado sale de mi boca  y queda suspendido en ese espacio que nos barre.
Despierto, y por aquella costumbre mía de no acabar las cosas, lo hago antes de morir. Un hormigueo sube por mis entumecidas piernas que restan a salvo bajo el nórdico más protector. Las pulsaciones se agitan incrédulas desde el reposo. ”¿Adiós, mamá?” atino a repetirme en ese estado de trance entre el sueño y la vigilia. Dos palabras que juntas soy incapaz de pronunciar desde su marcha y que por primera vez grito con clarividencia porque la que se iba era yo.

Para este arroz caldoso de mi madre que nos acerca al cielo necesitamos:

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4 personas:

480 g de arroz bomba
400 g de bacalao (peso sin desalar)
1 pimiento rojo
1 tomate maduro
2 alcachofas
2 patatas
2 dientes de ajo
1 cebolla
4 gambas
4 galeras
1’5 L de caldo de pescado
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Pimentón de la vera dulce
1-2 guindillas secas

Preparación:

Desalamos previamente el bacalao. En este caso se trata de unos blanquísimos  trocitos, restos de lomo sin piel ni espinas, generosos en grosor, muy hermosos y atractivos de comer tal cual una vez desalados, simplemente sobre pan recién tostado que le proporcione un punto de calor,  aceite de oliva virgen extra por encima, y a llorar tranquilos. Con 1 día cambiando el agua cada 8 horas he obtenido un desalado perfecto. Hay que probarlo antes y cambiar el agua más veces si lo requiere la pieza, siempre en agua muy fría, en la nevera y sin tapar. Una vez desalado lo escurrimos y secamos muy bien.
Reservamos para después. 

Picamos el pimiento, el tomate despepitado y pelado, la cebolla, los dientes de ajo y las guindillas, todo muy menudo con ayuda de un paciente pinche que se preste a tal oficio. Cascamos las patatas del tamaño que quepa en una cucharada. Pelamos las alcachofas, cortando primero los tallos y los extremos. Arrancamos pétalos hasta que no presente resistencia el deshoje. Reservamos en agua fría con hielo y perejil para que no ennegrezcan aunque es inminente su uso así que no pasa nada si no se hace este paso pues no afecta a sus características organolépticas de gusto u olor.
Marcamos en la sartén, previamente untada bien de aceite de oliva, los crustáceos con pizca de sal. Los reservamos. En ese mismo aceite restante haremos el sofrito. Incorporamos un chorrito de aceite más si fuese necesario. A este arroz caldoso le va bien el aceite para amalgamar y potenciar el sabor de nuestras verduras y bacalao que vienen de serie desprovistos de grasa, así que cautos con los excesos pero generosos con el sabor. Incorporamos la cebolla a fuego medio, a los tres minutos el pimiento, y pasados dos o tres minutos más las alcachofas, siempre a fuego medio bajo para no quemar nada. En cinco minutos incorporamos el tomate y el ajo. Cuando haya perdido el agua y se haya reducido todo hasta coger aspecto de mermelada pasamos esta reducción a una olla o cazuela. Incorporamos las patatas y removemos bien, que vayan cogiendo soltura, que están en su salsa. Cucharadita de pimentón para acompañar el baile y removemos de nuevo. Rápidamente echamos el arroz. Pizca de sal pero solo pizca que el bacalao le acabará de dar el punto. Ponemos a calentar el caldo en una olla a parte y cuando hierva lo echamos al sofrito de patatas y arroz y a fuego vivo 5 minutos. Bajamos a medio fuego 12 minutos más, incorporamos las galeras que teníamos apartadas y apagamos. Depositamos el bacalao bien escurrido y seco por la superficie justo en ese instante y no antes, pues si nos excedemos en la cocción perderemos ese punto tierno y jugoso que buscamos obtener. Servimos inmediatamente.

Salud.

Control preventivo de amoL 0,0

 

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-Sople fuerte y continuo hasta que oiga un chasquido.
– B u u u f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f f …..
-A verr, traiga aquí su cara que la bese… mmm..Bien. Le comunico que la prueba de precisión que acaba de realizar arroja 12,0 años.
-¿Y eso es positivo?
-Mucho. ¡Excede usted los niveles máximos de amor, oiga!  Así que venga, tenga sus mil besos de multa y sus 2 trozos del pastel. ¡Ah! y deme usted la receta si es tan amable.
Ya puede ir cumpliendo más.

Circul End.

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Recetas de la icónica tarta Red Velvet hay tantas como controles de alcoholemia en las cenas de empresa, pero ésta de aquí tiene la virtud de permitir escabullirnos rápidamente de la cocina sin más control que el del tiempo de horneado, porque su realización no presenta ninguna dificultad, y todo ello sin sanciones ni penas mínimas, pues todo es alegría cuando la pruebas.
Doy fe, por los juicios rápidos que se hacen al primer bocado.

Para la Red Velvet que aquí se sopla y que está de delito necesitamos, preventivamente:

½ vaso de aceite de oliva suave
320 g de azúcar
2 huevos
2 cucharadas soperas rasas de cacao puro sin azúcar
1 tubito de 10 g de colorante alimentario en gel rojo (Dr Oetker)
Vainilla
Canela
250 ml o un vaso de leche
El zumo de ½ limón
300 g de harina
1 cucharadita de bicarbonato
2 cucharaditas de vinagre

Para el relleno y cobertura:
250 g de mantequilla a temperatura ambiente
250 g de azúcar glas
250 g de queso crema

Preparación del bizcocho:

Precalentamos el horno a 180ºC.
Mezclamos el zumo del medio limón con la leche para obtener ese buttermilk americano o leche cortada que ellos usan. Reservamos. Engrasamos y enharinamos el molde. En esta ocasión utilicé la bandeja del horno que hace unos 40 cm de largo x 30 cm de ancho aproximadamente, la forré con papel de horno y en 25 minutos tenía lista una base de campeonato. La idea era hacer dos pisos de 20 x 20 aproximadamente, y de esta manera, cortando la plancha en dos cuadrados de un hornerazo los obtuve.
Pero antes de crecernos como pasteleros tenemos que hacer subir el pastel. Para ello elaboramos una masa a base de batir a mano o con las varillas eléctricas, según se tenga, el aceite, azúcar y huevos, montando las claras a parte si es posible, pero no necesariamente, para incorporarlas delicadamente al final. Añadimos entonces el cacao tamizado y la mitad de la leche con limón. Mezclamos suavemente. Incorporamos la harina tamizada y removemos. Ya casi está, así que no decaiga el ánimo ni la masa: en un vaso preparamos el impulsor que hará que crezca bien esponjosa mezclando el vinagre con el bicarbonato. Cuando espumee agregamos el invento rápidamente a la mezcla. Que nadie llore por el sabor originario de estos ingredientes. Los ácidos de esta receta lo único que hacen es neutralizar el sabor del bicarbonato sódico. Removemos suavemente y cuando la mezcla sea homogénea incorporamos el extracto de vainilla, la canela en polvo, pelín de sal y el colorante rojo que otorgará el aspecto característico de esta atractiva tarta.

Preparación crema:

Mezclamos con las varillas el azúcar glas y la mantequilla en pomada unos minutos, hasta obtener una crema untable. Incorporamos entonces el queso crema y batimos de nuevo. Lista. Ya solo queda echar mano de nuestra faceta de paleta.

Montaje de la tarta:

Esparcimos generosamente crema sobre uno de nuestros porosos adoquines rojos que habremos recortado previamente hasta dejarlo con una medida 20×20. Plantamos sobre esta capa de yeso hecha crema el segundo adoquín de bizcocho, no a lo Albert Rivera, pues es delicado y se puede romper, pero sí con firmeza y confianza, pues nos está quedando muy bien.
Con ayuda de una manga pastelera con boquilla grande o en mi caso bolsa de congelar agujereada por un extremo, vamos decorando a golpe de inspiración la parte superior con la crema restante.
Como la aritmética no falla, con el bizcocho que ha sobrado de la base rectangular, rallamos por encima para decorar y apartamos el resto para otra merecedora ocasión.

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 ¡Felicidades, Paula!

Paella con socarraet de gambas y calamares

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Mi vecino huele a incienso, a tostadas, a basura. Desde que ha unificado la cocina, el recibidor y el salón de su piso de 70 metros cuadrados en un solo espacio sin paredes que huele a todo menos a nada. No hacen falta mis dos fosas nasales como dos soles (delimitadas, éstas sí, por un prominente tabique) para darse cuenta. Desde el rellano y antes incluso de salir del ascensor que ya se huele la mezcolanza de aromas procedentes de este lugar diáfano sin reservas en el que vive. Se cuelan por debajo de la única puerta que los contiene y separa del exterior. “Un espacio ciertamente embriagador” se me ocurrirá decir si un día me invita a pasar a su casa para enseñarme la reciente reforma, y no mentiré. Loaré su buen gusto en la composición de colores y su acierto en el aprovechamiento del espacio que antes era angosto y ahora no. Entonces él me abrirá una cerveza que con gusto aceptaré y mientras bebo del botellín después de un afectuoso “No, gracias” a su ofrecimiento de sostener en la otra mano un vaso para decantar la bebida en él, me explicará que todo es cosa del arquitecto amigo, y lo del diseño de textiles y muebles, de su esposa, y tras un breve silencio suyo y un último trago mío, me propondrá en un arranque de frase del tipo “¡Oye!”que me venga a comer un día y así inaugurar su nuevo espacio único, a lo que, tras una febril insistencia suya y una nula capacidad mía en utilizar la pestilencia ambiental que me envuelve y aturde para enmascarar mi negativa, aceptaré, con una condición innegociable: ser yo la portadora del plato principal.

Y yo me iré a mi casa, compartimentada y chica, a pensar en la comida que tendrá que acabar con el olor a incienso, a tostadas, a basura de su salón-recibidor-cocina.

Para este supuesto caso y para otros igual de excepcionales, propongo una paella con socarraet de gambas y calamares que de original quizá tiene poco pero de categoría mucha porque es la mejor que hemos comido en tiempo en este mesón que tiene tradición de arroz todos los jueves. Unos trucos del almendruco que más abajo explicaré (no te muevas y lee! o te suelto al vecino) son los responsables.

Receta inspirada en las muchas que aparecen en el libro Paella de Alberto Herráiz, ed. RBA y digo inspirada y no copiada por falta de utensilios para hacerlo (barbacoa, paellas de hierro, horno con capacidad, leña…)
El resultado es excelente. Grano suelto, sabroso y aromático, con socarraet al punto difunto.

Cerrad la puerta de la cocina (el que tenga) que os lo cuento.

Paella con socarraet de gambas y calamares (para 4 pers.)

12 gambas
600 g de calamares pequeños
120 cl de *fumet de pescado de roca
10 cl de aceite de oliva
2 dientes de ajo picados
500 g de arroz bomba
1 pimiento verde
250 g de tomate
1 cdta. de pimentón de la Vera
½ cdta. de azafrán
Sal

*Fumet de pescado de roca (para 3 L.)
1 puerro
1 zanahoria
1 bulbo de hinojo fresco
1 cebolla
2 tomates
1 ñora despepitada
2 kg de pescado de roca limpios y sin escamas
10 cl de vino seco
Cangrejos
1 pizca / ramita de cada una de estas especias / hierbas: perejil, anís estrellado, pimienta negra, pimentón y regaliz.
10 cl Aceite

Preparación del Fumet:
En una olla generosa ponemos a calentar el aceite. Volcamos el pescado y dejamos que se dore bien. A continuación echamos los cangrejos, la ñora y las verduras bien troceadas, removemos hasta reblandecer y transparentar, unos diez minutos, no más, y a continuación el culín de vino. Rascamos bien con la pala con el fin de recuperar los jugos que hayan quedado adheridos al fondo de la olla y la llenamos de agua fría. Tapamos, llevamos a ebullición y bajamos fuego. Espumamos cada poco.
Pasada media hora, apagamos fuego y añadimos las hierbas y especias. Dejamos templar e infusionar y a la media hora colamos el caldo. Una vez frío, lo guardamos en la nevera o congelador.

Preparación de la Paella:

Calentamos el fumet de pescado sin que llegue a hervir y precalentamos el horno a 150º con la bandeja que usaremos después.
Decapitamos las gambas y doramos las colas ligeramente en la paella con aceite. Reservamos en un plato. En el mismo aceite, freímos el pimiento cortado a trocitos muy menudos y cuando lo tengamos reblandecido, incorporamos las cabezas de antes. Rehogamos el ajo picado, un poco solo. A continuación los calamares cortados en anillas sin quitarles la telilla granate porque da sabor y color. Tapamos para que absorban completamente el agua que sueltan. Quedarán así tiernos y muy jugosos. Incorporamos entonces el tomate sin piel ni pepitas cortado a cubos minúsculos y dejamos se sofría unos minutos a fuego medio flojo.
Pasado un tiempo prudencial en el que los jugos están todos casi tan concentrados como nosotros en que nuestra tarea se desenvuelva con éxito, es momento de añadir el arroz y dejar que nacare, es decir, que los granos queden integrados y translúcidos, no opacos ni cocidos, y para ello no debe quedar ni un ápice de agua ni exceso de aceite. Este arroz es la bomba, así que no dudemos en rascar bien el fondo con la espátula y efectuar ligeros movimientos envolventes, pero no como el que menea al que ronca a su lado si no como el que acuna a un bebé de días que duerme plácido y al que no queremos despertar.
Espolvoreamos el pimentón y lo sofreímos sin quemarlo lo más mínimo.
Vertemos 1,2 litros de fumet bien caliente pero sin que llegue a hervir sobre el arroz nacarado y lo esparcimos allanándolo con la espátula de madera bajo el caldo, para que quede bien cubierto.
Subimos el fuego y llevamos a ebullición. El arroz entonces rugirá a borbotones para excitación nuestra. En este punto del clímax inhalamos profundamente hasta inflar los pectorales a la altura de los hombros. Entornamos los ojos con un manojo de perejil asido a modo de muérdago como lo haría Norma frente a la luz de la luna y mientras llega a nuestros oídos el virtuosismo de la Caballé cantando Casta Diva nos corremos de gusto deleitamos. Esparcimos nuestra ofrenda perejil por encima y nos retiramos.
De medio cuerpo para arriba estamos cubiertos de gloria, ya solo falta contentar al resto:
Programamos 17 minutos de cocción. Pasados los 8 primeros a fuego vivo, pinzamos las cabezas jugosas de las gambas y las prensamos antes de sacarlas, probamos el caldo y salamos sin excedernos, pues aún tiene que evaporar. Introducimos la paella en el horno para acabar de hacerla, y si no cabe, como es mi lamentable caso, la pasamos a una bandeja respetando el socarraet delicioso que ya se habrá formado en el fondo.

Al cabo de 9 min. estará lista. Esparcimos las colas de las gambas y la dejamos reposar 3 minutos antes de servir.

Bon profit

Gnocchi a la tinta de calamar con salmón ahumado

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Matamos mosquitos con una decisión que ya la quisiéramos para todo. Con las abejas sin embargo reaccionamos cavilosos y prudentes por cagaos, principalmente. Ellas tienen algo que inflama y eso duele, como decía la Bombi. Pican si se sienten atacadas y si te quedas quieto se van. Tremenda psicología se gastan. Si fallas a la primera te comen vivo pero si te expones a la picadura no. Solo las entiendo cuando van fumadas hasta arriba, que pasan de todo.
Los mosquitos en cambio merecen el guantazo que les damos con la palma bien abierta, por zumbados y pesados. Luego, una vez despegamos la dolorida mano de la pared o brazo, vemos el dibujo de su frágil cuerpo en 2d y pensamos que no había para tanto. Es lo que tiene la calor prolongada del otoñano en el que estamos, porque ni es otoño ni deja de ser verano, y es ver revolotear de nuevo a otro y a otro, y matarlos a todos con igual determinación.

A lo que no me decido nunca por rutinario que también sea es a cocinar de igual forma los platos de siempre. Amante cada vez más de respetar los tiempos y cantidades, me cojo sin embargo ciertas licencias en cuanto a los ingredientes triados y el modo de prepararlos, y como aquí lo único que me puede picar es el exceso de chili o las ganas de innovar, pues es fácil ir cambiando las maneras de matar, en este caso, el tiempo en la cocina.

Para los gnocchi de esta receta, tan negros como los diferentes modos de aniquilar insectos pero tan deleitables como el paisaje otoñal que ya mismo precederá a estos sofocantes días de calor, necesitamos para 4 personas:

500 g de patata
300 g de harina
2 yemas
8 gr de tinta de calamar
Sal

Para la salsa:
200 g de salmon ahumado
30 g de mantequilla
Eneldo

Preparación:
Cocemos las patatas con piel en agua hirviendo con sal. Escurridas y enfriadas, las pelamos y chafamos con ayuda de un tenedor. Incorporamos la harina, las yemas, la tinta de calamar, un pizca de sal y mezclamos. Esta granulada mezcla aún heterogénea la volcamos entonces sobre la mesa enharinada y la comenzamos a amasar. Es el momento más negro de la receta. Parece ir todo mal, porque la tinta mancha manos y mesa, utensilios y reputación, pero es cuestión de segundo hacernos con ella. Paciencia y determinación. Que no se te cruce una mosca en ese momento porque no respondes de su final. Con ayuda de harina, en mesa y manos, de seguida conseguimos una mezcla plástica y suave. Hacemos rollitos alargados de unos 2cm de ancho y los cortamos con ayuda del cuchillo para formar los ñoquis que no deberían exceder del centímetro y medio de largo porque luego crecen un poco y queremos comerlos de un bocado.
Ponemos abundante agua con sal y cuando rompa a hervir echamos los gnocchi en dos tongadas. Estarán hechos cuando salgan a la superficie, unos dos minutos. Escurrimos y reservamos.

 


Para la salsa, derretimos en la sartén un dedín de buena mantequilla sin sal añadida y la volcamos sobre los ñoquis. Incorporamos entonces el salmón ahumado a tiras que con el mismo calor se templará. La opción de pasarlo por la sartén no me convence en absoluto, se vuelve excesivamente salado y desmigado, pero para gustos los colores.
Servimos con pelín de eneldo y en un abrir y cerrar de boca habremos comido con algo de pena pero mucha gloria.

Lumaconi all’improvvisazione

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O lo que es lo mismo, galets rellenos por mi cuenta y riesgo, porque hoy sin pensarlo he metido la gamba (en sentido literal) preparando questi lumaconi rellenos a la improvvisata y han gustado così tanto! que ahora que tengo la mia macchina para hacer pasta estropeada ( si…) seguro que haremos más rellenos de este modo tan fácil cada 2 x 3 (6).

Vengo rápida a contarlo por aquí para no olvidarme de los ideados pasos a seguire:

Ingredienti:
300 gr de galets grandes
2 calabacines
1 trozo generoso de queso de Tetilla ahumado
1 trocito de queso Patacabra
15 gambas majas
Crema de leche
Pimienta
Sal
pan rallado

Elaborazione:
Rehogamos los calabacines cortados en trozos generosos a fuego medio en un pelín de aceite (el suficiente para que no se quemen) hasta que se reblandezcan un poco. Los escurrimos bien del agua que hayan soltado e incorporamos el queso Tetilla a trocitos y la mitad de las gambas que habremos hecho previamente a la plancha y pelado después (guardamos las cáscaras a parte para más adelante)
Cuando los tres ingredientes se hayan fundido y mezclado bien (2 minutos de fuego), salpimentamos al gusto y trituramos. El resultado obtenido es una masa ideal para hacer una quiche, unas empanadas, canelones.. qué se yo. Está muy rica. A todo esto, la pasta de galets la habremos puesto a cocer en agua hirviendo con sal. No exceder el tiempo de cocción porque los necesitamos firmes y enteros, que nos miren a la cara cuando los rellenemos.Hacemos mientras una salsa para acompañar con las cáscaras y cabezas de las gambas, los jugos soltados en la fritura previa y crema de leche. Hervimos unos minutos y colamos bien el astilloso pero perfumado mejunje. Espesamos al gusto con pan rallado.
Ya solo queda que aplicar el sentido común: escurrimos bien los galets y los dejamos enfriar extendidos en paños de cocina bien limpios y secos para que se enfríen sin apelmazarse entre ellos. Nos hacemos con una manga pastelera ( una bolsa de congelar con uno de los extremos cortados serviría) y uno a uno los vamos mechando con nuestra rica crema. Colocamos en una bandeja apta para horno, cubrimos con la salsa y esparcimos pan rallado y Patacabra por encima. Gratinamos y emplatamos con mimo, haciendo un depósito de tres gambas por comensal como anticipo de lo que está por venir.

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Pronti!

 

Cerveza americana IPA

 

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No le tenía miedo a nada hasta que la probé. La vi en la carta del London Bar de Barcelona junto a otras dos que no recuerdo, al final de una lista de cócteles todos bautizados por la temática circense del tipo: que si La mujer barbuda, La trapecista, El mago.. imagino que por que Raluy está detrás de la recuperación y reapertura de este emblemático lugar. Lo que no imaginaba yo pese a hallarme entre estas legendarias paredes (se conserva un trapecio suspendido en lo alto del techo sobre la barra del bar nada más entrar) es que con un solo trago de una bebida común acabaría haciendo el triple salto mortal sin despegar el culo de la silla. Y es que esta cerveza de vitalistas intenciones me tumbó en el primer asalto, y mi etiqueta de cervecera quedó tan afectada como el posa-vasos de cartón humedecido por la fría bebida. Todo fue mal desde el momento en el que me decanté por ella sólo por su nombre para que luego acabara ella decantándose en mi vaso en nombre mío porque así lo quise yo.
Asidua a beber la cerveza en el mismo botellín, ésta me la serví en la copa toda espumosa y oscura (el sitio no permitía ver el espacio ni el momento con claridad) y pudo así embriagarme con su fragancia afrutada poco antes de envenenarme la boca. Eva en el paraíso, me dije. Así me sentí.

Las amarguras sí son amargas aunque las cante Chavela Vargas si decides tragártelas con ayuda de este líquido de final tan sumamente agrio.
Me la acabé. Me costó lo mío, pero lo hice. La camarera acertó al traerme unos cacaos maravillaos para acompañar los últimos tragos. No atenuaban ni comulgaban con su sabor, pero me distrajeron en el reto de acabar yo con ella y no al revés.
Hoy desperté sin mi alias de cervecera, pero marcas más grandes han caído, y no descarto superarla previo entreno.
Aquí su ficha (desmotiva mucho saber que su amargor es de los más tenues):

Cerveza India Pale Ale americana bastante clásica elaborada con lúpulo de la variedad Cascade y 5 tipos de malta (Pilsner Premium, Cara Red, Cara Hell, Cara Munich 2 y Cara Pils), en cuya fabricación se emplean dos fases de dry hopping lo que desemboca en una cerveza muy aromática con sabores afrutados y notas cítricas y a pino. Todo ello la hace perfecta para maridar con quesos fuertes, mariscos y platos picantes.
De color ambarino, esta IPA cuenta con una graduación alcohólica del 6,6% y un perfecto equilibrio entre cuerpo y amargor con un índice de 47 IBUs (nada desmesurado para este tipo de cerveza). Todas estas características llevaron a Hoptimista a ser nombrada una de las mejores 50 cervezas nuevas del año 2014, una distinción que se debe sin duda al know-how de sus maestros cerveceros, la calidad de la materia prima utilizada y la minuciosidad con la que cuidan cada detalle de la elaboración: desde los tiempos de cocción hasta la limpieza de cada máquina e instrumento. Así es complicado fallar.

Meteorite Cake

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Un asteroide dos veces más grande que un avión pasará mañana a una distancia 13 veces la que hay entre la Tierra y la Luna. Para lo incuantificable que me resulta la dimensión del universo, eso es rozar el larguero, me digo, y me quedo fuera de juego al imaginarlo entrando a portería y acabando de un golazo con todas las ligas que se están librando ahora mismo en el mundo Puuuuuuuuuuuum. Y fin del partido.
De regreso a la Tierra y para mitigar el impacto del meteorito, por lo pronto el emocional, callo mis quinielas a mi hijo pequeño que resta astronómicamente compungido en la cama por la noticia y decido abrir por la página 31 el libro Las vacaciones del pequeño Nicolas. Retomamos juntos su lectura en voz alta:

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René Goscinny se convierte así en el cartógrafo que nos devuelve a las coordenadas iniciales; nos reconduce en la noche y nos induce el sueño a una velocidad meteorítica.
Murió joven pero sus personajes le han sobrevivido y con la idea de eternidad nos dormimos.

Esperanzados y resueltos despertamos horas más tarde para elaborar este bizcocho de textura granulada por los trocitos de nueces y zanahoria que sutiles encontramos al morder. Denso de aspecto, es ligero y mullido cuando te haces con él.  Se desintegra fácilmente al contacto con la atmósfera de la boca, y eso nos anima.
Nos llenará de gloria, al menos por un día ¡Es que es lo que dura!

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Ingredientes:
3 huevos
110 g de azúcar de caña
180 ml de aceite de girasol
190 g de harina
½ sobre de levadura
1 vaina de vainilla
½ cucharadita de canela
1 cucharadita de bicarbonato
2 zanahorias
90 g de nueces sin cáscara

Para la cobertura:
250 g de queso untable
100 g de azúcar glass
1 vaina de vainilla

Para guarnir:
½ zanahoria

Procedimiento:
Precalentamos el horno a 180º.
Mezclamos con el batidor manual las yemas, el azúcar y el aceite. Reservamos.
Trituramos las zanahorias y las nueces y las incorporamos a la mezcla anterior. Removemos bien. A parte, montamos las claras con ayuda del batidor eléctrico o manual en su defecto y las incorporamos con suaves movimientos envolventes al conjunto. Nos ayudamos de una lengua para hacerlo (no la nuestra!). Reservamos.
En otro bol (el último) tamizamos la harina, la levadura, la vainilla, la canela y el bicarbonato.
Incorporamos este soluto blanquecino a la dulce masa anaranjada y mezclamos de nuevo manualmente (pero no con las manos!) hasta que todo esté bien integrado.
Vertemos la masa resultante de estos cuatro procesos en un molde untado de mantequilla y enharinado ligeramente después, y cocemos 40 minutos.
Para la cobertura: mezclar el queso untable con el azúcar y la vainilla a punto de pomada. Cuando la torta se enfríe, la cubrimos bien con ella y rallamos zanahoria por encima.
¡Ummmmmm! Damos comienzo a la segunda parte

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Benedetta Parodi
Ricette in famiglia
ed. Rizzoli ISBN 978-88-17-09169-5

Ensalada de endibias, mostaza de Dijon y yogur

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No encendamos mucho la llama del amor ni del gas que con este calor de agosto no apetece y refresquémonos con una ensalada imprescindible en toda mesa que se preste para bien comer, ya sea sentándonos alrededor de ella o, como hiciera el cartero que llamaba más de lo habitual pero menos que Sheldom de The Big bang theory antes de entrar, para permanecer estirado sobre ella para deleite igual del paladar

Ingredientes:
4 endivias grandes
2 cebolletas tiernas
2 cucharaditas pequeñas de mostaza dijon
2 cucharadas soperas de vinagre de sidra
2 cucharadas soperas de yogur natural
8 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta molida
Miel
Nueces

Preparación:
Pelamos las cebolletas en tiras bien finas y las remojamos en agua con hielo unos diez minutos para que pierdan la fuerza y resulten más crocantes. Deshojamos las endibias prescindiendo de las externas y haciendo uso de las más cercanas al cogollo interior, por ser éstas más tiernas y crujientes. Las limpiamos muy bien en abundante agua fría, las escurrimos y centrifugamos con delicadeza. En un bol, mezclamos con una varilla metálica la mostaza, el vinagre, la sal, la pimienta y el yogur. Añadimos en fino cordón el aceite de oliva sin dejar de batir. Por último mezclamos las tres partes con cuidado y tiramos nueces e hilillo de miel al conjunto. Consumimos con ganas sin tiempo a que marchite.

Se me rompió el fogón

A Rocío Jurado se le rompió el amor de tanto usarlo. Por aquel entonces, cuando cantaba por radio y televisión este hit a todas horas, yo era pequeña para entender que un substantivo abstracto, que por definición no se podía ni tocar ni ver, se pudiera acabar desgastando como el culo de una sartén o lo que era más raro aún, quedarte con el mango que lo sostiene entre las manos un buen día, como así continuaba diciendo la letra (bueno, lo del mango no aparecía, pero así lo visualizaba yo). Pero yo no aspiraba a entender toda la canción pues como ya digo me atascaba en esa primera frase melódica sin poder atender al resto, y claro, desconocía si al final tiraban de pegamento Imedio o cemento para remediar tanto desperfecto, o era la Rae la que acababa echando un capote a tan sufridas folclórica y a mi, cada una por diferentes motivos.
Hoy, después de casi un año de no subir al blog ni una de las muchas recetas que he seguido celebrando, me ha venido el recuerdo de esta música de la infancia (que acabé entendiendo después más por experiencia que por estudios) porque la cocina, como el amor, puede quemar en todos los sentidos y de verdad que en mi caso sí es de tanto usarla, pero como en las pasiones de la vida nada se puede dar por sentado, después de todo este tiempo he venido hoy a reconciliarme con este espacio y escribir de nuevo.
Al menos por un día.
El amor es así.