Pasta de chinos sin huevo

El título no podría ser otro puesto que la ardua tarea en la que me he visto absorbida en cuerpo y espíritu, tan minuciosa y entretenida, laboriosa y puntillosa, delicada y minúscula tanto por el calibre a conseguir como por la cantidad obtenida de pasta finalmente, miligramo a miligramo, agonizante en algún momento y reconfortante del todo al ver disfrutar al pequeño Pol como un auténtico mono, todo lleno él de pasta hasta los ojos, y algún que otro trozo de espagueti entrando por su virgen garganta en esto de engullir fideos, por aquello de que siempre han tenido trazas de huevo, pero eso ya, es historia.

Desahogo soltado, paso a decir los escasos ingredientes y los escasos pero imprescindibles pasos a seguir en la elaboración de esta pasta casera sin huevo requetemanual: 500 gr de harina de gran fuerza, 400 dl de agua, 1 cucharadita de sal,  chorritín de aceite de oliva y mucho amor.

Mezclado y amasado: En un cuenco amplio mezclamos la harina y la sal. Hacemos un agujero en el centro y añadimos el agua y el aceite. Con ayuda de una cuchara, vamos integrando la parte sólida con la líquida. Cuando empiece a tomar consistencia, nos hacemos con la masa y comenzamos a manipularla con las manos. Cuando hayamos conseguido formar una bola posiblemente algo resquebrada y pegajosa aún, la ponemos en una superficie ligeramente espolvoreada de harina y continuamos amasándola con nuestras manos también emblanquecidas de harina, y sin cesar en el empeño de conseguir la pasta sin huevo de nuestros sueños, le arremetemos con mano firme y segura, con movimientos envolventes de fuera hacia dentro, estirándola con cariño y recogiéndola con tesón, y sin parar de trabajarla a un ritmo bueno, vamos dando vueltas a la bola de masa, trabajándola en círculo no a lo ancho. Cuando la masa esté caliente y lisa y nuestras manos como tomates, la envolvemos en film transparente y la dejamos reposar 30 minutos.

Estirado: Manosearla hasta hacernos de nuevo con su amistad y comenzar a estirarla con el rodillo. Nos hacemos con una parte de ella si vemos que se vuelve muy grande al extenderla, y dejar la otra para trabajarla más tarde. Una vez estirada con cuidado, comenzaremos a echar de menos una de esas máquinas que hacen pasta de mil formas diferentes, pero recordaremos nuestro objetivo inicial, el de conocer los secretos de una buena masa sin huevo y su satisfactorio resultado, y proseguiremos en el alisado final de nuestra pasta, que no es otro que el de conseguir un grosor casi transparente, de papel de fumar o casi. Si no es así, la pasta no se cocerá bien ni tendrá buen sabor ni textura en boca. Una vez estirada y fina, la voltearemos varias veces para asegurarnos de que está bien suelta. La forma que le daremos vendrá determinada por las ganas de acabar y las posibilidades que nuestra imaginación y artilugios nos brinden, escasos esta vez, pero suficientes. Asegurarnos de espolvorear de harina la superficie en la que trabajamos para que nunca se nos enganche y dejarla reposar cubierta con papel transparente durante 10 min.

Dando forma: Cuchillo en mano bien afilado, vamos dando forma a nuestra pasta de la manera que queramos o podamos. Esta vez, unos improvisados cuadraditos y unos desenfadados tallarines se llevaron el protagonismo. El paso posterior, el de secado, consistente en dejar reposar la pasta cortada en una superficie ventilada, lo omití para unos cuantos tallarines, y una vez cocidos, unos y otros, no encontré diferencia alguna ni en el tiempo de cocción ni en el sabor, así que lo considero un paso totalmente prescindible.

Cocción, degustación y conservación: Este es el proceso más lleno de calorías, de alegrías, de esperanzas. Aquí la única cosa cruda ya, es la realidad de nuestra cocina. En abundante agua hirviendo con sal y chorrito de aceite para evitar la excesiva cantidad de espuma blanca, introducimos nuestra pasta. Cuando rompa de nuevo la ebullición, bajamos un poco el fuego, y dejamos cocer por espacio de 3 minutos, o hasta que la encontramos al dente al diente. Escurrimos bien en la fregadera y degustamos al momento con la mejor de nuestras salsas y la más rica de nuestras sonrisas. Acordarnos de dar a probar a algún familiar que tengamos alérgico al huevo, que disfrute lo que las marcas tan conocidas de pasta no son capaces de ofrecernos por evitarse el proceso de limpieza que acabaría con las insultantes trazas de huevo que absolutamente todas las pastas tienen, menos algunas de herboristería carísimas y con un sabor que recuerda bastante al lametazo de una suela de zapatilla usada.

La pasta cocida sobrante, la podemos enfriar bajo el grifo con agua fría inmediatamente y conservarla en el frigorífico. Calentarla y disfrutarla sin problema. La pasta sin cocer, la congelaremos en bolsas herméticas y la utilizaremos sin necesidad de descongelarla.

Música que me ha acompañado en el redactado de mi aventura italiana: Trois petites notes de musique. Tres notas, tres ingredientes. Tan sencilla y deliciosa como la receta de hoy.

 Nota alergia al huevo: la harina de fuerza puede llevar trazas de huevo, en su defecto sustituir por harina convencional.

El libro de la pasta
Ed.Susaeta

http://remediosalergiahuevo.blogspot.com.es/

 

4 comentarios en “Pasta de chinos sin huevo

  1. Para olvidarte de las trazas de huevo en la pasta puedes acudir a ciertas marcas italianas que únicamente fabrican pasta seca de sémola, nada de pasta fresca ni al huevo, por lo que a sus factorías no entran más huevos que los de la tortilla del bocata de sus empleados. Como probablemente estos últimos no pueden consumirlo en las zonas de trabajo, la posibilidad de encontrar trazas en el producto es más que remota. Investiga un poco, si pueres (no hay errata, es un palabro compuesto por puedes y quieres). Para empezar prueba con “Garofallo” (ni olisquées las “Barilla”) que puedes encontrar en el supermercado de Ntra. Sra. del Corte Inglés.
    Por cierto: ¿me equivoco o eres zurda?
    Beso

  2. Carvalho! Amén con todo lo que tus dedos me puedan recomendar, pese a que las malas experiencias me hacen desconfiar hasta de las tortilleras, y que no se me ofenda nadie, pero de poco me vale que almuercen en los comedores si luego no se lavan las manos de vuelta a sus puestos. Me anoto visita preferente a la tiendecilla que apuntas, y de paso, echar un vistazo a ver qué tienen en máquinas manuales tipo Imperia.
    Entonces, no me consideras diestra en la cocina precisamente ahora que es cuando tengo más metidas las manos en la masa? Descartas que tenga ayudantes que me batan, pelen, recojan, fotografíen mientras yo edito estirada en el sofá? Sí, soy siniestra total, y el pequeño Pol también, particularidad, si se quiere ver así, que reporta muchos tocapelotamientos, tanbién en la cocina, y cantidad de ventajas a los diestros que me acompañen. Ay, que va a resultar que eres de los míos.
    Beso!

    1. Incondicionalmente de los tuyos, pero me sirvo de la mano derecha, ya que comparto con un 90% de la humanidad la conocida tara de la lateralidad cerebral en el hemisferio izquierdo.
      Tu destreza (o zurdez) en la cocina me constan sobradamente tras las visitas a este cuaderno y al de “Cada dia como menos…”, que no pocas veces han provocado un auténtico terremoto en mi aparato digestivo y me han lanzado a la cocina en busca de algo con que acallar los lamentos de mi estómago. (Anatómicos estamos).

      Diluvio de besos

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