Salsa boloñesa

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Veo, veo. ¿Qué ves? Un plato de macarrones al revés. ¿Unos senorracam, pues?
No. Un plato de pasta con la salsa boloñesa que se hace en esta casa y que a quien la prueba deja tumbao (si la trigonometría no me falla)

Para perder el sentido, vaya.

Ingredientes:

500 gr de pasta
2-3 zanahorias
1 puerro
1 ramita de apio
½ vaso de vino blanco
400 gr de carne picada de ternera y cerdo
2 cucharadas de aceite
1 dado de mantequilla
500 gr de tomate entero

Preparación:

En una sartén con un dado de mantequilla y otro de aceite sofreímos el puerro, el apio y las zanahorias bien menudos a fuego medio hasta reblandecer ligeramente. Abocamos entonces la carne picada y removemos bien desmenuzándola completamente. Salpimentamos. En este punto del viaje incorporamos medio vaso de vino blanco preferiblemente seco y dejamos reducir hasta evaporar los efluvios embriagadores que nos esconde. Aquí hay tomate, así que lo trituramos bien, despepitado y pelado previamente, y lo incorporamos al festival del sabor. Removemos el conjunto, rectificamos de sal no de acidez con inventos endulzantes porque nuestras verduras ya hacen los honores y la calidad del tomate también. 40-50 minutos a fuego flojo, removiendo cada 10, tapando y destapando hasta aburrir o soportar, y ya estaremos en nuestra salsa.

Podemos reducir la paciencia multiplicando las cantidades y congelando nuestra salsa  para próximas ocasiones. Tus peques nunca más querrán macarrones con tomate en el bar si no pasta a la boloñesa en casa, así que el socorrido plato de emergencia que de tantos apuros te sacaba pasará a la historia, pero tú también.
Buon appetito

 

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Salmón con mantequilla y soja a la lima

El regalo de hoy es para quererme.
Bocado tibio, mullido, jugoso, ingrávido. Bautizado por la salsa caliente que lo remoja, coge peso y renombre en nuestra boca.
Para amantes de la cocina japonesa, y para amantes, en general.

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Ingredientes:
120gr de salmón sin piel ni espinas
5 cucharadas de salsa de soja
3 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Calentamos una sartén antihaderente y cuando humee soasamos por un solo lado escasos segundos nuestro lomo de salmón . Sobre una tabla, lo cortamos en trozos de 3 cm de grosor y reservamos.
En otra sartén o cazo, añadimos la salsa de soja, el zumo de lima y la mantequilla. Cuando rompa a hervir, apartamos y movemos en círculos durante 1 minuto para amalgamar la salsa .
Presentamos el festín con mucho gusto. Los trozos de salmón templado sobre la salsa aún caliente.

Receta extraída de mi nuevo libro:
Nikkei, Fusión de las cocinas japonesa y sudamericana
ISBN 978-84-16138-73-9
¡Gracias, Pp!, estoy encantada con los dos

Conejo al ojillo

Da igual si eres mujer espigada o de talle corto, si te rozan las piernas al caminar o podrías dejar paso a través de ellas: cuando llevas minifalda, todas las miradas van a resbalar a tu entrepierna. Algunas te las meten por inercia, como cuando ves saltar a un gorrión en pleno asfalto. Tal cual lo miras, despega él y prosigues tú. Otras te las clavan por detrás, aprovechan el rebufo levantado para colgarte precipitados vilipendios por todo el forro. Los más onomatopéyicos caen pronto en el olvido, y los más fuertes trepan por los plises de tu falda, tela a través. Basta con sacudirte tu breve prenda para despojarte rápido de todos ellos. Y están las miradas que llegan con extrema dificultad, tras un degradado parabrisas del coche que se detiene para que cruces. El sujeto que mira se agacha y retuerce hacia el costado más claro del cristal y persigue las piernas que tijeretean bajo el manto que las cubre y las descubre lo que dura el semáforo. En este caso se me ocurre detenerme bajo el disco ya en rojo y  hacerle un amago de calvo pero invertido: por delante, de abajo arriba y bien peludo (si fuese el caso).

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Para comerte un buen conejo sin forzar la vista:
Un conejo pequeño
Una cabeza de ajos
Perejil
Aceite de oliva
½ vaso de vinagre
Sal

Procedimiento:
Ponemos a freír el conejo cortado a trozos menudos, salados previamente, en una sartén con aceite. Cuando estén muy bien dorados por todos lados, añadimos la mitad de los dientes de ajo, cortados en trozos generosos, a mitades o enteros, según tamaño, y dejamos que se acabe de freír con ellos, que cojan color mientras la carne se impregna de su sabor, unos diez minutos. No paramos de remover ni de viciarnos con el olor que se desprende. Con el resto de dientes, hacemos una picada con perejil y medio vaso de vinagre. Rociamos el condumio por encima y dejamos cocinar unos minutos más. También casa estupendamente con vino blanco o coñac. A degustarlo sin atropellos, con una buena llesca de pan y mejor compañía.

 

Receta ancestral en mi familia materna. Ésta y otras las recupero y recuerdo en un libro que compré en una gasolina de Socovos (Albacete) sin ISBN:
La Cocina Socoveña
Descubrir Socovos l
Pilar Hernández
Edición 2.015

 

 

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Arroz gratinado con pimientos

Si has comido arroz al horno alguna vez, recordarás la ligereza de sus vaporosos granos y el aroma apresado entre ellos, liberado de a poco a golpe de tenedorazo, dosificándose así el feliz momento. El calor envolvente en el que se han cocido tiene gran culpa del particular resultado. Si además de arrocero al horno, eres devoto de unas tremendas migas de pan, o de unas migas ruleras (hechas sólo de harina), te acompañará de por vida el sabor característico del pimiento verde frito que las lubrica. Y ¿qué decir del risotto? el que se atrevió a remover sus granos para amalgamar el almidón liberado con la crema de un queso fundido, acertó en esto de saciar la gula a golpe de sorpresa.

Pues este arroz blanco de hoy,  hecho al horno pero sólo a medias, que lleva queso pero únicamente a modo gratén, y viciado de sabor a pimiento, es un medio invento fantástico, a caballo de mis recuerdos gustativos y la receta de Arròs al forn amb pimentó, de La cuina dels arrossos del Delta de l’Ebre, Onada Edicions.

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Para 4 experimentados:
400gr de arroz redondo
800ml de agua
3 pimientos verdes
100 gr de queso rallado
3 dientes de ajo
Aceite de oliva
Sal
2 patatas
brócoli
un bote de garbanzos cocidos

Procedimiento:
Cocemos el arroz en agua con sal durante 10 minutos. Colamos, enfriamos bajo el agua, y reservamos.  Cortamos los pimientos verdes a trozos generosos, y los ponemos a freír a fuego medio fuerte en abundante aceite de oliva unos 5 minutos, controlando que no se quemen. Retiramos y apartamos. En el mismo aceite, aromatizado hasta las trancas por los pimientos, freímos también los dientes de ajos, previamente laminados, hasta dorarlos un poco. Rápidamente apartamos y reservamos también. Frimg_20160917_202012eímos las patatas laminadas, unos 2 minutos. Reservamos. Rehogamos en este imprescindible aceite los ramilletes del brócoli, unos 3 minutos, y apartamos también. Es el momento de saltear el arroz que resta a la espera medio cocido, en este aceite, 5 minutos, removiendo para impregnarlo bien de aroma y sabor, y salamos, pues tras enjuagarlo habrá perdido parte del punto de sal, así como el resto de ingredientes. Es el momento de precalentar el horno a 200º y de colocarlo todo en una fuente: primero la cama de arroz blanco y  por encima esparcimos los pimientos verdes, los ajos, las patatas, los garbanzos cocidos y el brócoli. Rallamos el queso que queramos, un semi curado de oveja y cabra va estupendo, y metemos al horno 5 minutos para acabar de cocer, y otros 5 minutos más para gratinar, o 10, según veamos.

Listo está el arroz para comer, y más listo aún el que se siente antes para hacerlo!

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Ceviche de lubina

Vaya pelotera tienen hoy los vecinos de al lado. Hace un par de horas, el padre del chiquillo quería arrancar la cabeza al hijo grande, tienen dos, que se lo he oído decir desde mi cocina, en un tono que despeina. Aclarar que más que voluntad de dejar al crío sin visera en un día tan caluroso como está haciendo hoy, era una enunciación en toda regla de que lo iba a hacer seguro, pues la frase comenzaba en: “¡Te voy a arrancar la” y no en: “ ¡Desearía poder arrancarte la”. Yo, claro está, no me creo sus amenazas, ahora que sé, que me lo dijo con un orgullo rebosante de espuma salival el otro día entrando él y saliendo yo del ascensor, que por fin lo habían cogido en el equipo de básket de su colegio después de años, que se dice pronto, esperando una baja en mini que no llegaba, categoría ésta a la que le pertenece entrar por edad y condición física, porque el crío está grande, grande. Es por eso que no me creo, digo, que vaya a talar al niño precisamente ahora que ha de crecer, por su padre, como ala-pivot. Ahora… ¿Ahora que ya tiene un pie dentro va a dejarle la cabeza fuera? Venga ya…

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No se debe hablar en caliente y mal, si no comer fresco y bien en días tan acalorados como el de mi vecino. Aquí va una receta de ceviche inspirada en las del maestro cocinero Gastón Acurio, y certificada por las del libro Ceviche, cocina peruana, de Martín Morales. Fantásticos los dos.

Para paliar unos cuantos improperios estivales y quedarnos tan frescos, necesitamos:

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De izquierda a derecha de la mise en place: boniato cocido, cebolla cruda en juliana, mango maduro, aguacate en su punto, maíz dulce, zumo de la cocción de mejillones, langostinos cocidos, lubina pelada y desespinada, zumo de dos limas, gajos de dos limas más, perejil picado, pimentón picante, sal y hielo picado.

Procedimiento:

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Salamos nuestros trozos de lubina cortada en dados y que previamente nos habrán preparado sin piel ni espinas en la pescadería, y los abocamos en un bol. Seguidamente espolvoreamos por encima ají molido o en su defecto pimentón picante que también hace los honores estupendamente, y después la cebolla cruda que habremos tenido en remojo una hora antes para hacerle perder la fuerza tan molesta para algunos como yo, y si no pues tal cual. A continuación, bañamos nuestro pescado crudo con el zumo de nuestras limas y removemos, para ir amalgamándolo todo. El exprimido no debe ser en exceso o podemos amargar el zumo con la parte anterior de su piel,  así que lo extraeremos manual y escasamente. Si fuese necesario, añadimos alguna lima más.
Ya sólo queda, mientras lo anterior se va marinando, que añadir los mejillones cocidos, parte del agua de su cocción (hasta cubrir), y los langostinos. Echamos el hielo picado para enfriar rápidamente por espacio de unos minutos, y servir: emplatamos con nuestro ceviche en el centro de un plato hondo y acompañado por nuestro maíz, trozos de mango, de aguacate y de boniato cocido, que aunque cueste de creer como lo que hoy cuento, lo he encontrado ya disponible en esta época tórrida, en la frutería del Sorlidiscau de mi barrio.

Que aproviche

 

Un Pan de bandera – Parte 1/2

Abanderar la mesa con este pan gustará a apátridas y lugareños. Su estriada molla contiene sobrasada de Mallorca, para elaborar las franjas rojas, y curry de la India y  queso grana italiano, para las amarillas, ingredientes todos que las aromatizan y tiñen de gustosas intenciones. Un pan singular en su forma y plural en su contenido. Tierno y equilibrado si se le deja crecer, con corteza resistente y permeable al sabor que lo acompañe.
Propuestas de elaboraciones hay tantas como panes imagines, pero requisito para abordar todas ellas tan solo uno: respetar el proceso lento y cauteloso que necesita el pan para formarse. Para ello, el ambiente no debe estar muy caldeado, pues la fermentación entonces se acelera y el manipulador de masas ve en ello la oportunidad de apresar un rápido resultado que no convence. Es preferible prescindir de las prisas y enfriarlo hasta el momento de poder dar forma a nuestra idea, sin perjudicar con ello el trabajo de levado que no cesa ni en su frío letargo.
La constancia en el proceso y nuestra espera tendrán su recompensa. Un insistente y enérgico trabajo manual por nuestra parte y un horneado donde cocerlo sin descuidos, sacralizarán al final nuestro pan catalán.

 


Los pasos a seguir para la elaboración de este pan vienen muy bien indicados aquí: http://www.lacuinadesempre.cat/2012/04/pa-de-sant-jordi.html
Antes de las terceras elecciones subo la segunda parte del post

.

 

 

 

 

Patatas suecas al estilo hasselback

Parecerá inaudito pero en esta casa es de lo más normal. Viene de la vecina de abajo, y es un hedor hecho canción que se filtra por las paredes hasta llegar aquí. Tiene puesta a toda leche en modo “repetir pista” una misma melodía desde hace la escalofriante cifra de cinco horas. La elegida esta vez es Imaginando, de Sergio Dalma, y sé el título porque ya me he aprendido la letra. La otra vez fue Venezia de Hombres G, y sonaba que era ya a tocar la madrugada. Entonces fui impulsiva, el descanso es sagrado y la noche oscura, y fui escaleras abajo, coloqué mi pabellón auditivo haciendo ventosa en su puerta, para asegurarme que la contaminación acústica procedía de allí, y cuando me dispuse a tocar su timbre para mediar acuerdo, cesó repentinamente el taladro y también mi intención de cantarle los cuarenta, y no Principales, lista de hits que desconozco, por otro lado.

Sergio Dalma fue ídolo mío de juventud. Banda sonora de mis ensoñaciones menos pueriles. Lo tuve oliéndome los pies a tamaño póster durante años, en mi habitación de entera, y lo arrugué a besos, sellados por el celo que lo sostenía, y bien pegados que bailamos. Hoy he canturreado desde la cocina su estribillo y paseado con aires pesarosos la desesperación de su letra. Pero basta ya. Suficiente. Torturas chinas, al país homónimo, please.

Pero ni tan siquiera este trasiego de ahora va a impedir que comparta mis ilustradas patatas de hoy y que tanto fervor causan entre mis comensales por lo ricas que están.

patatas suecas al estilo hasselback

Procedimiento:
Pelamos las patatas, las enjuagamos bajo el chorro del grifo y las partimos en dos mitades. Precalentamos el horno a 200º. Cogemos cada una de nuestras mitades y les hacemos unos cortes paralelos sin llegar a la base pues las queremos de una pieza, únicamente bien marcadas pero sin llegar a laminarlas. Las colocamos sobre una fuente de horno y las pintamos en abundancia con mantequilla previamente derretida. Horneamos 15 minutos y las sacamos para volverlas a bañar en mantequilla, salarlas al gusto y espolvorear pan rallado por encima y de vuelta al horno, otros 15 minutos más. Listas.

Ideales para acompañar todo tipo de platos, como lo harían unas patatas fritas, pero estas a la manera de hacer sueca, como sueca me voy a hacer yo también después de subir la foto, poniendo alguna de heavy metal a todo trapo en pleno rellano suyo y haciendo como si conmigo no fuera su dolor.

Hasta el higo

Tanto si cocinas de higos a brevas como si estás hasta el higo de hacerlo, este es un pincho ideal para estos días de agosto en los que las higueras están folladas a reventar y los higos se muestran más apetitosos que nunca.

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Ingredientes:
Higo
queso azul
jamón ibérico
miel de caña

Procedimiento:
Pellízcale el pezón con tacto pero decisión. Contornea entonces su mullido cuerpo hasta acceder a su parte trasera. Rasúrale el culo sirviéndote de un utensilio afilado para erosionar lo menos posible su delicada piel. Con ayuda de las yemas de tus aguerridos dedos, abre el higo y contempla su rojizo fruto en todo su esplendor. No te lo lleves aún a la boca. Estuca su carnosa pulpa con trozos del quebradizo queso azul hasta ponerlo morado, sin excederte en lujuria o enmascararás su dulzura. Abrázalo con tiras de jamón curado de espanto y calienta a placer. Tírale la melosa caña hasta gotear por los bordes y en su interior y corre, a disfrutarlo de un solo bocado.

 

Aquí pan y depués gloria: Pizza Sin amasado!

_DSC0669.JPGPonme una barra de medio, Pedro.
Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-...pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?
-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …– balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería* :
525 gr de harina de trigo
340 gr de agua templada (65%)
20gr de aceite de oliva (para untar los botes)
5 gr de levadura fresca (o en su defecto, 1,5 g de levadura seca,)
10 gr de sal
15 minutos + 5 minutos + 24 h + 20 minutos + 3 minutos +2 minutos

*Con estas cantidades, salen 3 bases. Si deseas obtener más o menos número de bases o panes,  sólo tienes que guardar la proporción de los ingredientes y ajustar cantidades.

Esta es una masa que uso una vez a la semana, por lo que la aconsejo encarecidamente. Su sabor equilibrado le confiere una versatilidad fantástica. Cambiando la forma, el tiempo y temperatura, puedes obtener tanto un panecillo esponjoso como una base firme para pizza de sensacional textura,  y sin amasado, tan solo hay que respetar los tiempos: dejar reposar  un tiempo de 24horas mínimo en la nevera, pasado el cual ya estará lista para cualquier invento panadero.
Pd:no desechar nunca la masa sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente)

Procedimiento para elaborar la masa:
Disolvemos la levadura en el agua tibia e incorporamos la harina tamizada y la sal. Mezclamos en un bol con ayuda de las manos. Es súmamante pegajosa, pero es así como debe quedar. Dejamos que reposen los ingredientes en el bol 15 minutos, y acto seguido la pasamos a la mesa y mezclamos ligeramente con ayuda de un poco de harina, la justa para que no se nos enganche tanto. Dejamos que repose 5 minutos más. Dividimos entonces la masa en porciones de 300 gr y hacemos una pelotita con cada una. Depositamos cada bola en un táper hermético untado de aceite de oliva y  lo guardamos bien cerrado en la nevera por espacio de 24h o más.

Preparación base de pizza:
Precalentamos el horno a 250 durante 20 minutos, espacio  de tiempo que aprovecharemos para confeccionar nuestras pizzas. Extraemos la masa con cuidado del táper y la extendemos con las manos con movimientos circulares sobre papel de horno enharinado, y la vamos agrandando hasta que adquiera unos 15cm de diámetro. Ya está, no hay más secreto. Ahora la rellenamos como más nos guste: una fina capa de salsa de tomate concentrado, cuanto menos líquidos sean los ingredientes mejor. Importante: para conseguir el efecto “de leña” deseado, metemos la pizza en el horno sobre la placa de abajo, sobre el pape de honear directamente, sin bandeja. Al cabo de 3 minutos la base estará dorada y crujiente y la masa elástica. Es el momento de subirla y ponerla al grill 2 minutos Lista.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Maestro panadero:
Ibán Yarza Pan Casero
ISBN: 978-84-15785-54-5
Ed.Larousse