Salsa boloñesa

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Veo, veo. ¿Qué ves? Un plato de macarrones al revés. ¿Unos senorracam, pues?
No. Un plato de pasta con la salsa boloñesa que se hace en esta casa y que a quien la prueba deja tumbao (si la trigonometría no me falla)

Para perder el sentido, vaya.

Ingredientes:

500 gr de pasta
2-3 zanahorias
1 puerro
1 ramita de apio
½ vaso de vino blanco
400 gr de carne picada de ternera y cerdo
2 cucharadas de aceite
1 dado de mantequilla
500 gr de tomate entero

Preparación:

En una sartén con un dado de mantequilla y otro de aceite sofreímos el puerro, el apio y las zanahorias bien menudos a fuego medio hasta reblandecer ligeramente. Abocamos entonces la carne picada y removemos bien desmenuzándola completamente. Salpimentamos. En este punto del viaje incorporamos medio vaso de vino blanco preferiblemente seco y dejamos reducir hasta evaporar los efluvios embriagadores que nos esconde. Aquí hay tomate, así que lo trituramos bien, despepitado y pelado previamente, y lo incorporamos al festival del sabor. Removemos el conjunto, rectificamos de sal no de acidez con inventos endulzantes porque nuestras verduras ya hacen los honores y la calidad del tomate también. 40-50 minutos a fuego flojo, removiendo cada 10, tapando y destapando hasta aburrir o soportar, y ya estaremos en nuestra salsa.

Podemos reducir la paciencia multiplicando las cantidades y congelando nuestra salsa  para próximas ocasiones. Tus peques nunca más querrán macarrones con tomate en el bar si no pasta a la boloñesa en casa, así que el socorrido plato de emergencia que de tantos apuros te sacaba pasará a la historia, pero tú también.
Buon appetito

 

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Canelones de pescado

Hacer las cosas en caliente y comérselas a la misma temperatura abrasan de igual modo lengua y paladar. Si estás hecho de buena pasta demasiada cocción reblandece, o endurece en cambio si eres carne de cañón veteado de mucho nervio.
En cualquier caso resopla antes de tener que tragarte lo que quizá debas escupir después y  elige bien lo que sueltas y dejas entrar por tu boca.
Con escasos pero escogidos ingredientes he elucubrado, porque tienen más de pensado que de procesado, los canelones de hoy que no dejan frío al que los prueba.

Inspirados en la receta de canelons de peix de Remei Ribas
“l’Àvia Remei” Plats de Festa
La Vanguardia

 

 

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Ingredientes:
20 placas de canelones
1 buen lomo de rape o de merluza
12 gambas
2 huevos
Queso rallado grana padano
Sal
Aceite de oliva
Pimienta
Bechamel

Nota alergia al huevo: adapta esta receta a la alergia al huevo disolviendo 2 cucharadillas de “Orgran No Egg” en 4 cucharadas de agua para obtener el equivalente a la textura de los 2 huevos. Las placas precocidas de canelones que sean sin trazas de huevo marca “Fazion” por ejemplo, y queso “El Ventero” o culaquier otro sin lisozima, y a disfrutar

Preparación:
Cocemos la pasta en abundante agua con sal, escurrimos y repartimos sobre trapo de cocina.
Salpimentamos el pescado y lo marcamos en la sartén por ambos costados en un poco de aceite. Una vez frío lo dejamos libre de piel y espinas y hacemos migas con él. Las gambas las hacemos bien domingueras, con ajo y perejil picados y pizca de sal y a la sartén con un poco de aceite. Una vez frías, las decapitamos y pelamos, reservando las cabezas, cáscaras y 8 de las 12 gambas. Las 4 restantes las hacemos añicos y las incorporamos al desmenuzado pescado. Incorporamos ya los huevos y el queso rallado en la cantidad deseada y pasamos todo ello por la sartén para que cuaje. Añadimos entonces parte de la bechamel preparada. Mezclamos y rectificamos de sal.
Rellenamos la pasta de canelones con la masa resultante y los colocamos en bandeja de horno.

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Trituramos las cabezas y cáscaras, escurrimos bien en un colador de rejilla pequeña y el gustoso caldo rosa obtenido lo incorporamos a la bechamel. Cubrimos con ella los canelones, espolvoreamos queso y gratinamos.
Emplatamos con una cama de bechamel rosa y un par gambas reservadas de colofón.

 

Potaje de garbanzos con panecicos y bacalao

Plato de obligado consumo estos días porque así lo quiere y lo requiere mi memoria. Desde una edad temprana, deseaba de manera bastante inconsciente que llegara el momento en el que mi madre me lo plantara delante sin demasiados honores, cuando los tenía todos. Los garbanzos cocinados de esta manera, se tornaban más sabrosos que nunca, conjugados y enjugados con el caldo que los abraza y mulle. Bocado excelso, pequeñas bombas farináceas que se deshacen en la boca envueltas por el delicado gusto que el bacalao en su punto nos inyecta.
Recuerdo la sensación de estar tocando el cielo mucho antes que el misericordioso crucificado que justificaba la preparación de este plato.
El placer menos carnal estaba servido.

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Ingredientes:
400 gr de garbanzos lechosos
1 cucharadita de bicarbonato
una cola de bacalao
2 patatas
un manojo de acelgas
harina
Sofrito:
½ pimiento rojo
½ pimiento verde
3 tomates maduros
½ cebolla
Aceite de oliva
1 cucharadita de azúcar
sal
1 cucharadita pimentón de la vera

Panecicos:
4huevos
3 rebanadas de pa de pagès sin corteza
sal
perejil fresco

Preparación:
Ponemos en remojo el día antes nuestros garbanzos lechosos en abundante agua con una cucharadita de bicarbonato. Los trozos de bacalao sin espina los depositamos también en un recipiente con agua fría hasta cubrir, cambiada cada 4 o 6 horas, según el tiempo disponible para desalarlos o el grosor de los mismos. Procesos simples pero imprescindibles para culminar con éxito el sencillo pero glorioso plato de hoy.
Pasado el día de reposada espera, toca frotarnos las manos, plantarnos el delantal con las vueltas que los ataderos den de sí y arremangarnos la ligera prenda que estos santos días cubren nuestra blanquecina piel. Damos con una holgada olla y una hora larga de reloj. Enjuagamos los garbanzos bajo un buen chorro de agua fría y los volcamos dentro de ella en agua limpia, que cubra bien, tres dedos por encima de sus glúteos cuerpos. Encendemos el fuego y nuestro mp3 para empezar a coger el ritmo del troceado minucioso de nuestras verduras ya limpias y despepitadas. Echamos en una sartén con un poco de aceite los daditos de pimiento rojo y verde, la cebolla y el tomate, en este orden, reservando las acelgas para después. Mientras Iseo nos recuerda que c’est l’amour qui nous voit, rehogamos sin quitar ojo ni perder el paso hasta reducir y transparentar. Echamos pizca de azúcar y de sal y cucharadita de pimentón y hebritas de azafrán. La playlist avanza y nosotros nos movemos hasta la olla y abocamos el sofrito sobre los garbanzos que ya han roto a hervir. Removemos el guiso asiéndolo por los costados, en círculos concéntricos para que se incorpore bien al caldo de la cocción. 40 minutos por delante y unas cuantas melodías por lidiar. Es momento de preparar los panecicos, albóndigas de molla de pan mojado en huevo aderezadas con sal y perejil fresco. Deben quedar ligeras porque luego se endurecen al cocerse. En el aceite de la fritada anterior, doramos nuestras pelotas y de allí a la olla. Removemos de nuevo. Es momento de repartir el bacalao. Bien escurridos, rebozamos los lomos en harina de trigo, los freímos en el aceite restante bien caliente añadiendo de nuevo si fuese necesario, y una vez marcados, procedemos como con el sofrito y los panecicos incorporándolos al potaje y removiendo sin tocar. Cucharón en mano, probamos el caldo. Una Paula Morelembaum nos susurra con la misma sonoridad nasal de su apellido un rejuvenecedor “Bonita” mientras nos lo acercamos a la boca. Resoplamos. Don’t run away, Bonita  me reitera en decir, y cerramos los ojos y probamos un poquito con los labios  Don’t be afraid to fall in love with me I love you.I tell you I love you. Bonita, me dice. Me quemo, me digo yo, y  soplamos suave para sorber por fin todas las vocales con la boca bien abierta. Rectificamos de sal y repetimos estribillo. If you love me Life will be beautiful
Es momento de chascar dos patatas e incorporarlas al potaje. Localizamos nuestro reservado ramo de acelgas y sujetado con ambas manos nos lo llevamos a la cara para impregnarnos del olor a tierra húmeda del huerto que la contiene. Lo arrojamos al mar de sensaciones cortado en juliana y dejamos cocer el conjunto 15 minutos más. Sia con su Soon We’ll Be Found nos corea. Apartar y dejar reposar.

Receta de mi madre, abuela, bisabuela. Adoptada y adaptada por la hija, nieta, biznieta que ahora subscribe lo que canta y recuerda.

Bonita
I love you
Bonita

Lo cocinan o cocinaban de manera similar en el Hostal Los Bronces
Riopar, donde nace el río Mundo

Salmón con mantequilla y soja a la lima

El regalo de hoy es para quererme.
Bocado tibio, mullido, jugoso, ingrávido. Bautizado por la salsa caliente que lo remoja, coge peso y renombre en nuestra boca.
Para amantes de la cocina japonesa, y para amantes, en general.

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Ingredientes:
120gr de salmón sin piel ni espinas
5 cucharadas de salsa de soja
3 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Calentamos una sartén antihaderente y cuando humee soasamos por un solo lado escasos segundos nuestro lomo de salmón . Sobre una tabla, lo cortamos en trozos de 3 cm de grosor y reservamos.
En otra sartén o cazo, añadimos la salsa de soja, el zumo de lima y la mantequilla. Cuando rompa a hervir, apartamos y movemos en círculos durante 1 minuto para amalgamar la salsa .
Presentamos el festín con mucho gusto. Los trozos de salmón templado sobre la salsa aún caliente.

Receta extraída de mi nuevo libro:
Nikkei, Fusión de las cocinas japonesa y sudamericana
ISBN 978-84-16138-73-9
¡Gracias, Pp!, estoy encantada con los dos

Hamburguesas verdes

IMG_20170117_135529.jpgAsí es como te pueden poner (verde) si a tus peques no les explicas antes que pese al aspecto, de sabor a verdura no tienen nada, y no es que los vegetales no estén buenos, pero al lado de unas costillitas de lechal a la brasa o unas botifarres dolces de Girona, marrones todas, la evocación de sabrosura que te arrea visualmente uno y otro color, no es la misma, por ilusión que uno le quiera echar al asunto.
El verde no es un color que atraiga a las masas pueriles en principio, pero con un trabajo de campo arduo y alopécico detrás, la introducción del mismo en la dieta es posible.

A petición de una amiga con la que ayer me casqué un chocolate a la taza bien marrón que se nos hizo corto en tiempo y estómago, voy a recordar los escasos ingredientes para elaborar estas improvisadas hamburguesas, rapidísimas de hacer y de comer. Las devoraron.
P.S. ¡Espero les gusten, Laura!

Para unas 10 hamburguesitas de unos 70 grs /c.u.:IMG_20170117_140123.jpg
4 cubitos de espinacas congeladas
2 pechugas de pollo
1 huevo hermoso
1 cebolla pequeña
daditos pequeños de queso (opcional)
pan rallado
aceite
pimienta
sal

Procedimiento:
Cocemos las espinacas en agua con sal, las escurrimos bien, haciendo presión para liberarlas completamente del agua que contienen y las abocamos en la picadora o robot de cocina junto al resto de los ingredientes (menos el queso, que lo camuflaremos después, revuelto en la picada).
La masa resultante la probamos y la rectificamos de sal y de pan rallado. Tiene que quedar más bien suelta, tirando a ligera, pues el huevo cuando se cueza por dentro acabará por compactarlas. En un sartén caliente con una cucharadita de aceite, plantamos nuestros pegotitos de masa verde, y las marcamos con ayuda de una espátula, a fuego medio, un par de minutos por cada lado.
A disfrutar.

Alegre Moelleux de chocolate con mousse hecho cupcakes

Frédéric Lenoir, filósofo ensayista más leído de Francia, decía en una entrevista a La Vanguardia el pasado miércoles, que el deseo se puede elegir, y ponía el ejemplo de un bombón, que te da placer pero no en cambio alegría, pues ésta sólo te inunda cuando aciertas en decisiones a largo plazo, y concluía diciendo que quizá la alegría acaba siendo más sincera y duradera si rechazas el bombón y optas por estar más sano. Yo, que cuando me tocan los bombones salto, me quedé pensando en cómo salvar al chocolate del papel asignado en esta historia de infelices, así como también recordé el récord de 11kg que de este producto consume de media anual un suizo (vicioso suizo, después de este titular), y me entró repentina gula por algo muy oscuro y bueno, y arrugué el diario doblándolo con premura para hacerme con otra lectura, la de un libro de cocina que esperaba su momento. Lo adquirí hacía poco, en el Mercat dominical de Sant Antoni en otro arranque mío de insalubre deseo. Aquella vez también me desbanqué de esa línea recta que el destino traza y fui a parar allí, a dar con él o a caso él conmigo, y al hojearlo me deleité con el olor de imprenta de libro nuevo y  salivé con las fotos que mi olfato descubría a cada página pasada. Le dije entonces al expendedor, con disimulada alegría o placer, ya no sé, que me lo llevaba, y por un precio muy inferior a su valor lo retuve contenta en la estantería de casa hasta que el señor Lenoir me despertó el instinto por saltarme las reglas y no los postres: con un ritual ajeno a las expectativas del ensayista malgache, lo sustraje con suma expectación, lo abrí con dulce esperanza y di con la atractiva receta suiza del bizcocho negro de hoy.
Ya en la cocina, vendría la reproducción entusiata de los pasos a seguir, el disfrute probando los amalgamados ingredientes y el gusanillo inquietante por la improvisada presentación.
El bombón estaba servido. Usurpador de los dulces planes a largo plazo, me lo ventilé de un bocado y alegre lo recuerdo ahora y aquí.
Mal ejemplo, sr Lenoir, el del chocolate.

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Ingredientes:
225 gr de chocolate con un 75% cacao
4 huevos
85 gr de azúcar glas
70 gr de mantequilla
100 ml de nata fresca del 35% m.g.
15 gr de harina
40 gr cacao en polvo
pizca de sal

Procedimiento:
Montamos con ayuda de varillas eléctricas la nata líquida. Reservamos en la nevera. Ligamos a fuego flojo la mantequilla y el chocolate hasta fundir. Apartamos y reservamos. Batimos las yemas con el azúcar hasta palidecer su color. En un cuenco a parte, montamos las claras con una pizca de sal a punto de nieve y las volcamos en la mezcla anterior. Incorporamos entonces el chocolate fundido y mezclamos todo con suavidad. Un 30% de la masa obtenida la guardamos en el frigorífico para después preparar una cobertura espectacular. Ponemos en marcha el horno y lo precalentamos a 170º. Al 70% de masa que nos queda fuera del frigorífico le incorporamos la harina tamizada y cacao puro en polvo. Removemos con movimientos envolventes y cautos para no bajar las claras montadas. Volcamos en un molde de hornear de un palmo de diámetro o en su defecto improvisamos: cogemos cuatro flaneras, rellenamos tres cuartas partes y horneamos arriba y abajo, 20minutos o hasta cocer. No mucho tiempo, pues éste es un bizcocho tierno que se dismenuza suave a cada bocado y no puede quedar crudo pues a penas lleva harina. Mientras suben, recuperamos el 100% de esperanza y el 30% de masa para preparar la mousse de chocolate que nos cubrirá de gloria el bizcocho: mezclamos la nata montada con la masa reservada y el resultado lo metemos en una manga pastelera para decorar a golpe de pincel culinario o como la inspiración y utensilios disponibles nos dicten.

Marc Imbs, Suiza
Culinaria Mundial (En papel)
ISBN 9783833161216

Bizcocho de boniato, castañas y caqui

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Cómo me ha gustado que acabaran en mi boca pedazos de esta esponja de bizcocho. Húmedo como sus insinuaciones y delicado, se despedaza si lo sueltas de la mano.
Agárralo fuerte y dulcifícate con él cual día de lluvia bajo el mismo techo.
Atemperado por fuera, en su interior aguarda un explosivo de ocres, paisaje de otoño que lo conforma. Tierno en su justa medida, con un crujir de hojas secas a cada bocado.
Que la masa te acompañe.

Ingredientes:
200 gr de boniato asado
3 huevos M
100 gr de azúcar
100 ml de aceite de oliva
200 gr de harina
10 gr de levadura
1 caqui maduro y tierno
½puñado de trocitos de castañas asadas
½ puñado de nueces a medio picar

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Procedimiento:
Precalentamos el horno a 170º. Mezclamos con ayuda de un tenedor el boniato asado sin piel, el azúcar, las yemas de huevo y el aceite. Removemos hasta hacer homogenia la masa espesa. Retiramos la piel del caqui y echamos su exclusiva pulpa en el neutro mejunje anterior. Lo esparcimos con cuidado, sin deshacer su hilvanada y granulada estructura y alégrate por haber entrado a este blog. Incorporamos la harina y levadura tamizadas y removemos de nuevo. Momento de añadir las claras a punto de nieve. Con movimientos envolventes vamos acariciando la masa. Echamos los trozos de castaña y nueces picadas y sepultamos nuestras bombas de sabor en la mezcla. Lo volcamos todo en un molde untado de mantequilla y espolvoreado de harina, y al horno, 45minutos o hasta el punto óptimo de cocción. Si las ganas lo consensuan y permiten, dejamos enfriar completamente antes de desmoldar y devorar.
Métete el otoño en la boca. Vistete por dentro con él.

No se puede pedir más al imaginario repostero. Al mío, no. Copiad y comed, que es de mi parte.

Yolanda Montesinos López

Conejo al ojillo

Da igual si eres mujer espigada o de talle corto, si te rozan las piernas al caminar o podrías dejar paso a través de ellas: cuando llevas minifalda, todas las miradas van a resbalar a tu entrepierna. Algunas te las meten por inercia, como cuando ves saltar a un gorrión en pleno asfalto. Tal cual lo miras, despega él y prosigues tú. Otras te las clavan por detrás, aprovechan el rebufo levantado para colgarte precipitados vilipendios por todo el forro. Los más onomatopéyicos caen pronto en el olvido, y los más fuertes trepan por los plises de tu falda, tela a través. Basta con sacudirte tu breve prenda para despojarte rápido de todos ellos. Y están las miradas que llegan con extrema dificultad, tras un degradado parabrisas del coche que se detiene para que cruces. El sujeto que mira se agacha y retuerce hacia el costado más claro del cristal y persigue las piernas que tijeretean bajo el manto que las cubre y las descubre lo que dura el semáforo. En este caso se me ocurre detenerme bajo el disco ya en rojo y  hacerle un amago de calvo pero invertido: por delante, de abajo arriba y bien peludo (si fuese el caso).

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Para comerte un buen conejo sin forzar la vista:
Un conejo pequeño
Una cabeza de ajos
Perejil
Aceite de oliva
½ vaso de vinagre
Sal

Procedimiento:
Ponemos a freír el conejo cortado a trozos menudos, salados previamente, en una sartén con aceite. Cuando estén muy bien dorados por todos lados, añadimos la mitad de los dientes de ajo, cortados en trozos generosos, a mitades o enteros, según tamaño, y dejamos que se acabe de freír con ellos, que cojan color mientras la carne se impregna de su sabor, unos diez minutos. No paramos de remover ni de viciarnos con el olor que se desprende. Con el resto de dientes, hacemos una picada con perejil y medio vaso de vinagre. Rociamos el condumio por encima y dejamos cocinar unos minutos más. También casa estupendamente con vino blanco o coñac. A degustarlo sin atropellos, con una buena llesca de pan y mejor compañía.

 

Receta ancestral en mi familia materna. Ésta y otras las recupero y recuerdo en un libro que compré en una gasolina de Socovos (Albacete) sin ISBN:
La Cocina Socoveña
Descubrir Socovos l
Pilar Hernández
Edición 2.015

 

 

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Tortilla de patatas en 7 minutos

Hay quien se cronometra bajo el agua, en el ascenso a un pico, y dándoselo también. Yo, que no me quiero aburrir tampoco, he calculado en cuánto soy capaz de hacer una tortilla de patatas con óptimos resultados, claro, pues de nada sirve fardar de récord en sumersión acuática si se acaba lila y echando mano de la bombona de aire. La marca me ha quedado en 7 minutos, superada y sólo de boquilla por alguna fémina de mi familia materna. El promedio en su ejecución está en tres cuartos de hora, huevo arriba patata abajo, según mi entorno más cercano, que acostumbrado a este tipo mío de preguntas, responde sin cuestionarme ya nada. Esta diferencia sustancial sólo es de tiempo y no de sabor, y aunque parezca imposible, milagros a Lourdes, que así se llama la expendedora de lotería de mi barrio, porque para  tal logro sólo son necesarios la confianza en la técnica que ahora desvelaré, y andar generosos de dedos, por si nos dejamos alguno en el camino.

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Imprescindibles:
7 huevos medida L
3 patatas medianas
1 cebolla
1 diente de ajo
½ vaso de aceite
Sal
1 cuchillo
1 mandolina
1 sartén con la boca de la medida de un plato plano
1 plato plano
1 bol
1 batidor
Colador de aceite
Espumadera
Concentración
Fe

Procedimiento:
Minuto 1. Cogemos el pelador, o lo que mejor atienda nuestra necesidad de velocidad, y trasquilamos  nuestras patatas con decisión, una tras otra. Hacemos lo propio con la expectante cebolla, arrancándole primero el culo peludo, y sin llorar, porque no hay tiempo, la despojamos de las capas superficiales que la protegen. Al ajo le damos un golpe seco, y rematado, lo desvalijamos de igual modo.  img_20160908_142501
Minuto 2. Ponemos a fuego medio la sartén con aceite de oliva, un tercio de su capacidad. Un minuto escaso nos resta antes de que el aceite se caliente y nos enfriemos nosotros. Sin cortarnos ni un dedo, comenzamos a filetear con la mandolina las tres patatas, la cebolla y el diente de ajo. Las láminas obtenidas han de ser finas y proporcionales entre ellas para la correcta y rápida cocción de después. Volcamos el descuartizamiento de una sola vez, todo junto, patata y cebolla, paso este importante, en el aceite ya caliente, controlando con un ojo que el color dorado del conjunto no se oscurezca.
Minuto 3. Con el ojo restante y dirigido por las dos manos, cascamos con precisión los huevos y los batimos como locos en un bol donde salpicar sin miedo. Echar pizca y media de sal.
Minuto 4. Nuestras patatas ya están fritas y la cebolla pochada. Somos unos cracks. Con la sartén por le mango ya, escurrimos img_20160908_143119con ayuda de una espumadera todo el aceite sobrante. Lo guardamos para próximos retos. Salamos. Volcamos los huevos batidos sobre las patatas que restan en la sartén sin aceite, removemos con cariño a fuego medio y dejamos cocer tres minutos, tiempo suficiente para echar una cerveza mientras fregamos.
Minuto 7. Con un plato plano a modo de tumba-tortillas, la volteamos. Mucho Ojo llegados a este punto. Apretamos fuerte el que nos queda y a por él. Deslizamos la tortilla en la sartén ya vuelta y dejamos sellar el lado crudo un minuto. Apagamos el fuego, y servimos en plato plano.

A disfrutar, que no hay tiempo que perder.

A mi madre.