Canelones de pescado

Hacer las cosas en caliente y comérselas a la misma temperatura abrasan de igual modo lengua y paladar. Si estás hecho de buena pasta demasiada cocción reblandece, o endurece en cambio si eres carne de cañón veteado de mucho nervio.
En cualquier caso resopla antes de tener que tragarte lo que quizá debas escupir después y  elige bien lo que sueltas y dejas entrar por tu boca.
Con escasos pero escogidos ingredientes he elucubrado, porque tienen más de pensado que de procesado, los canelones de hoy que no dejan frío al que los prueba.

Inspirados en la receta de canelons de peix de Remei Ribas
“l’Àvia Remei” Plats de Festa
La Vanguardia

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Ingredientes:
20 placas de canelones
1 buen lomo de rape o de merluza
12 gambas
2 huevos
Queso rallado grana padano
Sal
Aceite de oliva
Pimienta
Bechamel

Preparación:
Cocemos la pasta en abundante agua con sal, escurrimos y repartimos sobre trapo de cocina.
Salpimentamos el pescado y lo marcamos en la sartén por ambos costados en un poco de aceite. Una vez frío lo dejamos libre de piel y espinas y hacemos migas con él. Las gambas las hacemos bien domingueras, con ajo y perejil picados y pizca de sal y a la sartén con un poco de aceite. Una vez frías, las decapitamos y pelamos, reservando las cabezas, cáscaras y 8 de las 12 gambas. Las 4 restantes las hacemos añicos y las incorporamos al desmenuzado pescado. Incorporamos ya los huevos y el queso rallado en la cantidad deseada y pasamos todo ello por la sartén para que cuaje. Añadimos entonces parte de la bechamel preparada. Mezclamos y rectificamos de sal.
Rellenamos la pasta de canelones con la masa resultante y los colocamos en bandeja de horno.

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Trituramos las cabezas y cáscaras, escurrimos bien en un colador de rejilla pequeña y el gustoso caldo rosa obtenido lo incorporamos a la bechamel. Cubrimos con ella los canelones, espolvoreamos queso y gratinamos.
Emplatamos con una cama de bechamel rosa y un par gambas reservadas de colofón.

 

Potaje de garbanzos con panecicos y bacalao

Plato de obligado consumo estos días porque así lo quiere y lo requiere mi memoria. Desde una edad temprana, deseaba de manera bastante inconsciente que llegara el momento en el que mi madre me lo plantara delante sin demasiados honores, cuando los tenía todos. Los garbanzos cocinados de esta manera, se tornaban más sabrosos que nunca, conjugados y enjugados con el caldo que los abraza y mulle. Bocado excelso, pequeñas bombas farináceas que se deshacen en la boca envueltas por el delicado gusto que el bacalao en su punto nos inyecta.
Recuerdo la sensación de estar tocando el cielo mucho antes que el misericordioso crucificado que justificaba la preparación de este plato.
El placer menos carnal estaba servido.

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Ingredientes:
400 gr de garbanzos lechosos
1 cucharadita de bicarbonato
una cola de bacalao
2 patatas
un manojo de acelgas
harina
Sofrito:
½ pimiento rojo
½ pimiento verde
3 tomates maduros
½ cebolla
Aceite de oliva
1 cucharadita de azúcar
sal
1 cucharadita pimentón de la vera

Panecicos:
4huevos
3 rebanadas de pa de pagès sin corteza
sal
perejil fresco

Preparación:
Ponemos en remojo el día antes nuestros garbanzos lechosos en abundante agua con una cucharadita de bicarbonato. Los trozos de bacalao sin espina los depositamos también en un recipiente con agua fría hasta cubrir, cambiada cada 4 o 6 horas, según el tiempo disponible para desalarlos o el grosor de los mismos. Procesos simples pero imprescindibles para culminar con éxito el sencillo pero glorioso plato de hoy.
Pasado el día de reposada espera, toca frotarnos las manos, plantarnos el delantal con las vueltas que los ataderos den de sí y arremangarnos la ligera prenda que estos santos días cubren nuestra blanquecina piel. Damos con una holgada olla y una hora larga de reloj. Enjuagamos los garbanzos bajo un buen chorro de agua fría y los volcamos dentro de ella en agua limpia, que cubra bien, tres dedos por encima de sus glúteos cuerpos. Encendemos el fuego y nuestro mp3 para empezar a coger el ritmo del troceado minucioso de nuestras verduras ya limpias y despepitadas. Echamos en una sartén con un poco de aceite los daditos de pimiento rojo y verde, la cebolla y el tomate, en este orden, reservando las acelgas para después. Mientras Iseo nos recuerda que c’est l’amour qui nous voit, rehogamos sin quitar ojo ni perder el paso hasta reducir y transparentar. Echamos pizca de azúcar y de sal y cucharadita de pimentón y hebritas de azafrán. La playlist avanza y nosotros nos movemos hasta la olla y abocamos el sofrito sobre los garbanzos que ya han roto a hervir. Removemos el guiso asiéndolo por los costados, en círculos concéntricos para que se incorpore bien al caldo de la cocción. 40 minutos por delante y unas cuantas melodías por lidiar. Es momento de preparar los panecicos, albóndigas de molla de pan mojado en huevo aderezadas con sal y perejil fresco. Deben quedar ligeras porque luego se endurecen al cocerse. En el aceite de la fritada anterior, doramos nuestras pelotas y de allí a la olla. Removemos de nuevo. Es momento de repartir el bacalao. Bien escurridos, rebozamos los lomos en harina de trigo, los freímos en el aceite restante bien caliente añadiendo de nuevo si fuese necesario, y una vez marcados, procedemos como con el sofrito y los panecicos incorporándolos al potaje y removiendo sin tocar. Cucharón en mano, probamos el caldo. Una Paula Morelembaum nos susurra con la misma sonoridad nasal de su apellido un rejuvenecedor “Bonita” mientras nos lo acercamos a la boca. Resoplamos. Don’t run away, Bonita  me reitera en decir, y cerramos los ojos y probamos un poquito con los labios  Don’t be afraid to fall in love with me I love you.I tell you I love you. Bonita, me dice. Me quemo, me digo yo, y  soplamos suave para sorber por fin todas las vocales con la boca bien abierta. Rectificamos de sal y repetimos estribillo. If you love me Life will be beautiful
Es momento de chascar dos patatas e incorporarlas al potaje. Localizamos nuestro reservado ramo de acelgas y sujetado con ambas manos nos lo llevamos a la cara para impregnarnos del olor a tierra húmeda del huerto que la contiene. Lo arrojamos al mar de sensaciones cortado en juliana y dejamos cocer el conjunto 15 minutos más. Sia con su Soon We’ll Be Found nos corea. Apartar y dejar reposar.

Receta de mi madre, abuela, bisabuela. Adoptada y adaptada por la hija, nieta, biznieta que ahora subscribe lo que canta y recuerda.

Bonita
I love you
Bonita

Lo cocinan o cocinaban de manera similar en el Hostal Los Bronces
Riopar, donde nace el río Mundo

Salmón con mantequilla y soja a la lima

El regalo de hoy es para quererme.
Bocado tibio, mullido, jugoso, ingrávido. Bautizado por la salsa caliente que lo remoja, coge peso y renombre en nuestra boca.
Para amantes de la cocina japonesa, y para amantes, en general.

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Ingredientes:
120gr de salmón sin piel ni espinas
5 cucharadas de salsa de soja
3 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Calentamos una sartén antihaderente y cuando humee soasamos por un solo lado escasos segundos nuestro lomo de salmón . Sobre una tabla, lo cortamos en trozos de 3 cm de grosor y reservamos.
En otra sartén o cazo, añadimos la salsa de soja, el zumo de lima y la mantequilla. Cuando rompa a hervir, apartamos y movemos en círculos durante 1 minuto para amalgamar la salsa .
Presentamos el festín con mucho gusto. Los trozos de salmón templado sobre la salsa aún caliente.

Receta extraída de mi nuevo libro:
Nikkei, Fusión de las cocinas japonesa y sudamericana
ISBN 978-84-16138-73-9
¡Gracias, Pp!, estoy encantada con los dos

Arroz negro al horno con azafrán y langostinos

Los negros me imponen. Ensucian mi boca y salpican mis dientes. Apresan sabores que aguardan pacientes bajo ese oscuro manto que los contiene. Y sonrío de dicha a cada bocado. Atributos sabrosos se les otorga. Es verlo negro y tenerlo claro. Pero ojo que no hay dos negros iguales. Este de hoy me sirve para afirmarlo: sin sofrito de tomate ni carne de pescado. Al horno y bien tostado. Tiene un final intenso y unos matices que cubren de gloria. Me quedé corta de tinta al cocinarlo y ahora la gasto por aquí para contar cómo me lo monté para disfrutarlo tanto.

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Para 4 expertos:
450 gr de arroz bomba
12 langostinos frescos
2 cebollas
1 pimiento rojo
1 diente de ajo
Aceite de oliva
Carne de 2 ñoras
Azafrán
1l de caldo de pescado
Picada de ajo y perejil

Procedimiento:
En una paella sofreímos los langostinos previamente pelados con un poco de aceite. Retiramos y sofreímos el diente de ajo chafado junto a la cebolla y pimiento rojo, troceados bien pequeños. Añadimos la carne de las ñoras, obtenida previa cocción de las mismas durante diez minutos y el raspado minucioso de su carne reblandecida.  Añadir por último el azafrán. Incorporamos el arroz a esta mezcla y añadimos la tinta de calamar. 6 sobrecitos. Mojamos todo con el caldo caliente, dejamos que arranque a hervir y lo cocemos por espacio de 14 minutos en el horno a 220ºC. Añadimos los langostinos por encima y dejamos cocer 2 minutos más.  Retiramos del horno y servimos en el plato con ayuda de un molde. Disponemos los langostinos por encima y decoramos con un picada de ajo y perejil.
Servir con gracia y degustar el tiempo que dure.

A la manera de hacerlo en Ca La Nuri
Restaurant de la Barceloneta.

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Ceviche de lubina

Vaya pelotera tienen hoy los vecinos de al lado. Hace un par de horas, el padre del chiquillo quería arrancar la cabeza al hijo grande, tienen dos, que se lo he oído decir desde mi cocina, en un tono que despeina. Aclarar que más que voluntad de dejar al crío sin visera en un día tan caluroso como está haciendo hoy, era una enunciación en toda regla de que lo iba a hacer seguro, pues la frase comenzaba en: “¡Te voy a arrancar la” y no en: “ ¡Desearía poder arrancarte la”. Yo, claro está, no me creo sus amenazas, ahora que sé, que me lo dijo con un orgullo rebosante de espuma salival el otro día entrando él y saliendo yo del ascensor, que por fin lo habían cogido en el equipo de básket de su colegio después de años, que se dice pronto, esperando una baja en mini que no llegaba, categoría ésta a la que le pertenece entrar por edad y condición física, porque el crío está grande, grande. Es por eso que no me creo, digo, que vaya a talar al niño precisamente ahora que ha de crecer, por su padre, como ala-pivot. Ahora… ¿Ahora que ya tiene un pie dentro va a dejarle la cabeza fuera? Venga ya…

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No se debe hablar en caliente y mal, si no comer fresco y bien en días tan acalorados como el de mi vecino. Aquí va una receta de ceviche inspirada en las del maestro cocinero Gastón Acurio, y certificada por las del libro Ceviche, cocina peruana, de Martín Morales. Fantásticos los dos.

Para paliar unos cuantos improperios estivales y quedarnos tan frescos, necesitamos:

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De izquierda a derecha de la mise en place: boniato cocido, cebolla cruda en juliana, mango maduro, aguacate en su punto, maíz dulce, zumo de la cocción de mejillones, langostinos cocidos, lubina pelada y desespinada, zumo de dos limas, gajos de dos limas más, perejil picado, pimentón picante, sal y hielo picado.

Procedimiento:

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Salamos nuestros trozos de lubina cortada en dados y que previamente nos habrán preparado sin piel ni espinas en la pescadería, y los abocamos en un bol. Seguidamente espolvoreamos por encima ají molido o en su defecto pimentón picante que también hace los honores estupendamente, y después la cebolla cruda que habremos tenido en remojo una hora antes para hacerle perder la fuerza tan molesta para algunos como yo, y si no pues tal cual. A continuación, bañamos nuestro pescado crudo con el zumo de nuestras limas y removemos, para ir amalgamándolo todo. El exprimido no debe ser en exceso o podemos amargar el zumo con la parte anterior de su piel,  así que lo extraeremos manual y escasamente. Si fuese necesario, añadimos alguna lima más.
Ya sólo queda, mientras lo anterior se va marinando, que añadir los mejillones cocidos, parte del agua de su cocción (hasta cubrir), y los langostinos. Echamos el hielo picado para enfriar rápidamente por espacio de unos minutos, y servir: emplatamos con nuestro ceviche en el centro de un plato hondo y acompañado por nuestro maíz, trozos de mango, de aguacate y de boniato cocido, que aunque cueste de creer como lo que hoy cuento, lo he encontrado ya disponible en esta época tórrida, en la frutería del Sorlidiscau de mi barrio.

Que aproviche

 

Sushito de mi vida

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De caseros somos todos, hasta el sushi más mitificado, al que podemos calzarle unos ingredientes de estar por casa que nos devuelvan las ganas de clausura, y ya puestos, de rezar para que a la próxima nos salgan más.

Para unas 28 piezas: 300 gr de arroz bomba, 500 ml de agua, 3 rodajas de salmón, ½ pepino, ½ aguacate,  1 zanahoria, queso philadelphia,  vinagre de arroz, salsa de soja, wasabi, 4 láminas de algas marinas.

Enjuagamos nuestro arroz bajo el grifo hasta que el agua almidonada que lo baña quede totalmente cristalina. Ponemos a cocerlo en una olla con el agua indicada a fuego bajo y con la tapa bien encajada durante quince minutos. Dejamos reposar sin descorchar el recipiente por espacio de unos quince minutos más. Retiramos la compuerta y también la cara para no vahearla sin necesidad. Escurrimos bien nuestro arroz y lo extendemos sobre una bandeja generosa en superficie, y jugamos con los granos: con ayuda de un tenedor humedecido con vinagre de arroz o agua en su defecto los surcamos sin malherirlos de un lado a _DSC3642otro y de arriba abajo hasta que queden templados y contentos. Desensobramos nuestras aromáticas láminas de algas y las colocamos sobre un trapo limpio y seco, y encima de cada una de ellas una cantidad de nuestro arroz aplanado, dejando un centímetro de margen por cada extremo para que luego no se nos vaya por peteneras al enrollarlo. Rellenamos a lo juliana: acunamos en nuestra sabana arrocera trocito alargado de pepino y de aguacate, de zanahoria y pimiento verde, o rojo, de queso Filadelfia, o lo que se quiera pero sin excedernos del ½ dedo de ancho para facilitar la posterior manipulación, y cómo no, trocito de salmón fresco previamente congelado para curarnos en salud. Ya estamos en disposición de emporrar: enrollamos con ayuda de la esterilla japonesa que sólo habíamos utilizado como salvamanteles hasta ahora o con un trapo de cocina, y estiramos haciendo presión, con voluntad de que nuestro cilíndrico paquetito quede bien prieto y consistente, y lo sellamos a modo de porro humedeciendo con agua el extremo del alga con ayuda de nuestro dedo más trabajador. Los envolvemos en papel film y los metemos en el congelador para que ganen cuerpo mientras nosotros vamos preparando el nuestro: en un platito, colocar pegotito de wasabi por aquí, salsa de soja por allí, disolver pizquita del primero en el segundo y reservar.

Ahora viene cuando lo matan: con un cutter vamos cortando los frescos brazos orientales en trocitos de centímetro y medio y los vamos depositando como se quiera, que para eso los hemos hecho nosotros, en una bandeja para el uso. Y ahora ya sólo queda que lucirse con los palillos que manejamos sin dificultad, mojar en el ungüento, e ingerir de un bocado. De ponérsenos nariz de mr Potato o de muñeco de “operando” reducir la cantidad de wasabi o directamente no consumir ni dar a probar a los más pequeños si es su primera experiencia, pero sí todo lo demás: un viaje de placer que les hace perder el visado de vuelta.

Nota alergia al huevo: como está hecho en casa, no lleva trazas.

Salmón escabechado

Salmón escabechado

Para las prontas calores que se nos echan encima, nada mejor que escabecharse a la fresca acompañado de unos buenos lomos de salmón fresco y lo que se tercie o se medie, según los posibles.

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600 gr de salmón 1 cucharada de sal gorda, pimienta negra en grano, 3 hojas de laurel, ramitas de perejil, pimentón dulce, *½ vaso de aceite de oliva virgen extra, 1/2 vaso de vinagre de sidra o de jerez (o el necesario hasta cubrir, guardando la proporción)

Pedimos en la pescadería que nos dejen el salmón libre de piel y de espinas laterales. Ya en casa, acabamos de hacerle nosotros la manicura, abasteciéndonos de unas pinzas depilatorias para sustraer aquellas traicioneras espinas que se hallan profundamente ancladas a la carne cual bigote de foca.

Una vez limpia, troceamos nuestra rosada materia en dados del tamaño de una nuez y la disponemos sin amontonar en la sartén o cazuela que irá después al fuego.

Es el momento de dejar a los peques cocinar: añadimos la sal gorda, los granos de pimienta, las hojas de laurel, perejil y el pimentón, y removemos el conjunto con cuidado hasta mezclar bien. Cubrimos con el aceite y vinagre, probamos el aliño que esté al gusto, más o menos intenso, y al fuego suave y sin remover. Cuando rompa a hervir, apagamos y dejamos templar.

Una vez frío, lo metemos en la nevera tapado herméticamente.

Recién hecho, el escabeche está más suave y pasados un par de días, el sabor se intensifica y a mí personalmente me agrada más. En bocadillo, en ensalada, con patatas confitadas, fritas, con pasta o a tenedorazo limpio sin vergüenza alguna.

*Este escabeche lo he extraído del libro “Las recetas favoritas de Martín Berasategui” y como dato determinante, la proporción de vinagre y aceite que en ella se da para 800 grs de salmón, es de 1’2 l de aceite por 600 grs de vinagre, una relación de 2 x 1 como viene siendo habitual en este tipo de conservas, pero yo, fiel a mi paladar, el escabeche lo preparo en iguales cantidades de ambos líquidos, pudiendo hacer llorar a algún que otro invitado, y no precisamente de emoción. Para gustos los sabores.

Nota alergia al huevo: pimentón de La Vera, o Carmencita no llevan trazas de huevo

Bacalao y sepia al antojo

Otra que me he sacado de la manga. Cuando tengo mono de varios alimentos a la vez, me atrevo a reunirlos sin pedirles permiso, eso sí, los presento con entusiasmo para que se amisten rápido y me lo acaben de hacer pasar aún mejor.

Bacalao desalado sin espinas, sepia, harina Yolanda, allioli, espaguetis, pimentón, orégano, aceite y sal.
Nota alergia al huevo: Allioli hecho con leche, tempura con harina yolanda, fideos de pasta Garofalo.

Rebozamos en tempura las tiras de sepia previamente limpiada y aclarada bajo el grifo. La tempura la preparamos con harina yolanda disuelta en agua, a la que le habremos añadido una cucharada de allioli, aromatizando así el rebozado de manera muy sutil. Rebozamos el bacalao ligeramente con harina y lo freimos hasta dorar. Cogemos unos espaguetis ya cocidos y los freímos en aceite caliente hasta tostar, y secamos sobre papel absorbente. Esta improvisada torta crujiente sazonamos con pimentón y orégano por ambos lados y la comemos en sustitución del pan.

Espagueti con almejas

Lo bueno, si es sencillo, dos veces bueno, y si lleva pasta con almejas, supremo.

200gr de pasta Garofalo (pasta de sémola dura sin trazas de huevo a día de hoy), 1/2 kg de almejas, 4 dientes de ajo, 1 puerro hermoso, cucharita de harina. copita vino blanco, aceite, sal, perejil, sal.

Purgamos las almejas en agua con sal un par de horas. Sofreímos los ajos cortados bien pequeños y el puerro también cortado bien menudo a fuego medio. Cuando trasparentee, incorporamos cucharadita de harina, removemos hasta cocer, y añadimos  entonces copita de vino blanco. Dejamos hervir unos segundos e incorporamos las almejas limpias ya de posible arenilla y tapamos a fuego medio. Cuando se hayan abierto, apagamos el fuego y reservamos. Cocemos la pasta en abundante agua hirviendo con aceite y sal y escurrimos. Servimos con las almejas en su jugo por encima y perejil fresco picado.

Nota: la foto es un timo, no disponía de perejil para comerlos como siempre, y espolvoreé del seco. Todo lo demás sigue siendo fruto de mi imaginación, como de costumbre.