Canelones de pescado

Hacer las cosas en caliente y comérselas a la misma temperatura abrasan de igual modo lengua y paladar. Si estás hecho de buena pasta demasiada cocción reblandece, o endurece en cambio si eres carne de cañón veteado de mucho nervio.
En cualquier caso resopla antes de tener que tragarte lo que quizá debas escupir después y  elige bien lo que sueltas y dejas entrar por tu boca.
Con escasos pero escogidos ingredientes he elucubrado, porque tienen más de pensado que de procesado, los canelones de hoy que no dejan frío al que los prueba.

Inspirados en la receta de canelons de peix de Remei Ribas
“l’Àvia Remei” Plats de Festa
La Vanguardia

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Ingredientes:
20 placas de canelones
1 buen lomo de rape o de merluza
12 gambas
2 huevos
Queso rallado grana padano
Sal
Aceite de oliva
Pimienta
Bechamel

Preparación:
Cocemos la pasta en abundante agua con sal, escurrimos y repartimos sobre trapo de cocina.
Salpimentamos el pescado y lo marcamos en la sartén por ambos costados en un poco de aceite. Una vez frío lo dejamos libre de piel y espinas y hacemos migas con él. Las gambas las hacemos bien domingueras, con ajo y perejil picados y pizca de sal y a la sartén con un poco de aceite. Una vez frías, las decapitamos y pelamos, reservando las cabezas, cáscaras y 8 de las 12 gambas. Las 4 restantes las hacemos añicos y las incorporamos al desmenuzado pescado. Incorporamos ya los huevos y el queso rallado en la cantidad deseada y pasamos todo ello por la sartén para que cuaje. Añadimos entonces parte de la bechamel preparada. Mezclamos y rectificamos de sal.
Rellenamos la pasta de canelones con la masa resultante y los colocamos en bandeja de horno.

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Trituramos las cabezas y cáscaras, escurrimos bien en un colador de rejilla pequeña y el gustoso caldo rosa obtenido lo incorporamos a la bechamel. Cubrimos con ella los canelones, espolvoreamos queso y gratinamos.
Emplatamos con una cama de bechamel rosa y un par gambas reservadas de colofón.

 

Potaje de garbanzos con panecicos y bacalao

Plato de obligado consumo estos días porque así lo quiere y lo requiere mi memoria. Desde una edad temprana, deseaba de manera bastante inconsciente que llegara el momento en el que mi madre me lo plantara delante sin demasiados honores, cuando los tenía todos. Los garbanzos cocinados de esta manera, se tornaban más sabrosos que nunca, conjugados y enjugados con el caldo que los abraza y mulle. Bocado excelso, pequeñas bombas farináceas que se deshacen en la boca envueltas por el delicado gusto que el bacalao en su punto nos inyecta.
Recuerdo la sensación de estar tocando el cielo mucho antes que el misericordioso crucificado que justificaba la preparación de este plato.
El placer menos carnal estaba servido.

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Ingredientes:
400 gr de garbanzos lechosos
1 cucharadita de bicarbonato
una cola de bacalao
2 patatas
un manojo de acelgas
harina
Sofrito:
½ pimiento rojo
½ pimiento verde
3 tomates maduros
½ cebolla
Aceite de oliva
1 cucharadita de azúcar
sal
1 cucharadita pimentón de la vera

Panecicos:
4huevos
3 rebanadas de pa de pagès sin corteza
sal
perejil fresco

Preparación:
Ponemos en remojo el día antes nuestros garbanzos lechosos en abundante agua con una cucharadita de bicarbonato. Los trozos de bacalao sin espina los depositamos también en un recipiente con agua fría hasta cubrir, cambiada cada 4 o 6 horas, según el tiempo disponible para desalarlos o el grosor de los mismos. Procesos simples pero imprescindibles para culminar con éxito el sencillo pero glorioso plato de hoy.
Pasado el día de reposada espera, toca frotarnos las manos, plantarnos el delantal con las vueltas que los ataderos den de sí y arremangarnos la ligera prenda que estos santos días cubren nuestra blanquecina piel. Damos con una holgada olla y una hora larga de reloj. Enjuagamos los garbanzos bajo un buen chorro de agua fría y los volcamos dentro de ella en agua limpia, que cubra bien, tres dedos por encima de sus glúteos cuerpos. Encendemos el fuego y nuestro mp3 para empezar a coger el ritmo del troceado minucioso de nuestras verduras ya limpias y despepitadas. Echamos en una sartén con un poco de aceite los daditos de pimiento rojo y verde, la cebolla y el tomate, en este orden, reservando las acelgas para después. Mientras Iseo nos recuerda que c’est l’amour qui nous voit, rehogamos sin quitar ojo ni perder el paso hasta reducir y transparentar. Echamos pizca de azúcar y de sal y cucharadita de pimentón y hebritas de azafrán. La playlist avanza y nosotros nos movemos hasta la olla y abocamos el sofrito sobre los garbanzos que ya han roto a hervir. Removemos el guiso asiéndolo por los costados, en círculos concéntricos para que se incorpore bien al caldo de la cocción. 40 minutos por delante y unas cuantas melodías por lidiar. Es momento de preparar los panecicos, albóndigas de molla de pan mojado en huevo aderezadas con sal y perejil fresco. Deben quedar ligeras porque luego se endurecen al cocerse. En el aceite de la fritada anterior, doramos nuestras pelotas y de allí a la olla. Removemos de nuevo. Es momento de repartir el bacalao. Bien escurridos, rebozamos los lomos en harina de trigo, los freímos en el aceite restante bien caliente añadiendo de nuevo si fuese necesario, y una vez marcados, procedemos como con el sofrito y los panecicos incorporándolos al potaje y removiendo sin tocar. Cucharón en mano, probamos el caldo. Una Paula Morelembaum nos susurra con la misma sonoridad nasal de su apellido un rejuvenecedor “Bonita” mientras nos lo acercamos a la boca. Resoplamos. Don’t run away, Bonita  me reitera en decir, y cerramos los ojos y probamos un poquito con los labios  Don’t be afraid to fall in love with me I love you.I tell you I love you. Bonita, me dice. Me quemo, me digo yo, y  soplamos suave para sorber por fin todas las vocales con la boca bien abierta. Rectificamos de sal y repetimos estribillo. If you love me Life will be beautiful
Es momento de chascar dos patatas e incorporarlas al potaje. Localizamos nuestro reservado ramo de acelgas y sujetado con ambas manos nos lo llevamos a la cara para impregnarnos del olor a tierra húmeda del huerto que la contiene. Lo arrojamos al mar de sensaciones cortado en juliana y dejamos cocer el conjunto 15 minutos más. Sia con su Soon We’ll Be Found nos corea. Apartar y dejar reposar.

Receta de mi madre, abuela, bisabuela. Adoptada y adaptada por la hija, nieta, biznieta que ahora subscribe lo que canta y recuerda.

Bonita
I love you
Bonita

Lo cocinan o cocinaban de manera similar en el Hostal Los Bronces
Riopar, donde nace el río Mundo

Radiatori con nueces y mascarpone & Spaghetti con bechamel de anchoas

Lengua. Órgano que ejecuta la voluntad primigenia de engullir con gusto. Sin ella no hay beso, no hay gula ni excesos. Comer acabaría resultando un mero acto nutricional. La suerte sería que muchos dejarían de hablar, pero ese es un mal menor que los oídos sordos ya se encargan de paliar.

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Perdamos la cabeza y no la lengua con estas dos salsas para pasta corta que en caliente lubrican con ganas y entran muy bien.
Radiatore con nueces y mascarpone: huawei-y560-l01-yoli-18-10-16-4183
450 gr de pasta
150 gr de nueces peladas y picadas bien finas
80gr de mascarpone
60gr de parmesano
50 gr de mantequilla
2 yemas de huevo
sal
pimienta recién molida

Procedimiento:
Mientras cocemos la pasta en abundante agua con sal, colocamos en un bol las yemas de huevo, el mascarpone y las nueces picadas. Amalgamamos todo con brío. Ponemos a fundir la mantequilla en un cazo y la incorporamos a la pasta ya cocida y escurrida. Rallamos el queso por encima y removemos hasta huawei-y560-l01-yoli-18-10-16-4182atenuar el brillo mantequeso con el mate potente del parmesano. Menuda foto. Contemplamos el revelado sin entretenernos que nos enfriarnos. Mezclamos la pasta con la salsa y servimos al momento. Espolveramos con pimienta recién molida.

 

 

Espaguetis con bechamel de anchoas:

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450 gr de pasta
140gr de mantequilla

60 gr de harina
6dl de leche
1 cebolla pequeña
6 filetes de anchoa
nuez moscada
sal
pimienta

Procedimiento:
Preparamos  una bechamel ligera con la mitad de la mantequilla, la harina y la leche caliente. Cuando vaya espesando, añadimos el suco de la cebolla obtenido del rallado de la misma, sal, pimienta y un pellizco de nuez moscada. Una vez cocida, retiramos del fuego y le añadimos los filetes de anchoa picados. Hervimos la pasta en abundante agua un poco salada, la escurrimos cuando esté al dente y condimentamos con el resto de la mantequilla derretida. Incorporamos la bechamel con anchoas, mezclamos y servimos en plato plano y boca ancha.

500 receptes de pasta italiana
ISBN 8497911164
Cossetània edicions

Arroz negro al horno con azafrán y langostinos

Los negros me imponen. Ensucian mi boca y salpican mis dientes. Apresan sabores que aguardan pacientes bajo ese oscuro manto que los contiene. Y sonrío de dicha a cada bocado. Atributos sabrosos se les otorga. Es verlo negro y tenerlo claro. Pero ojo que no hay dos negros iguales. Este de hoy me sirve para afirmarlo: sin sofrito de tomate ni carne de pescado. Al horno y bien tostado. Tiene un final intenso y unos matices que cubren de gloria. Me quedé corta de tinta al cocinarlo y ahora la gasto por aquí para contar cómo me lo monté para disfrutarlo tanto.

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Para 4 expertos:
450 gr de arroz bomba
12 langostinos frescos
2 cebollas
1 pimiento rojo
1 diente de ajo
Aceite de oliva
Carne de 2 ñoras
Azafrán
1l de caldo de pescado
Picada de ajo y perejil

Procedimiento:
En una paella sofreímos los langostinos previamente pelados con un poco de aceite. Retiramos y sofreímos el diente de ajo chafado junto a la cebolla y pimiento rojo, troceados bien pequeños. Añadimos la carne de las ñoras, obtenida previa cocción de las mismas durante diez minutos y el raspado minucioso de su carne reblandecida.  Añadir por último el azafrán. Incorporamos el arroz a esta mezcla y añadimos la tinta de calamar. 6 sobrecitos. Mojamos todo con el caldo caliente, dejamos que arranque a hervir y lo cocemos por espacio de 14 minutos en el horno a 220ºC. Añadimos los langostinos por encima y dejamos cocer 2 minutos más.  Retiramos del horno y servimos en el plato con ayuda de un molde. Disponemos los langostinos por encima y decoramos con un picada de ajo y perejil.
Servir con gracia y degustar el tiempo que dure.

A la manera de hacerlo en Ca La Nuri
Restaurant de la Barceloneta.

Arroz gratinado con pimientos

Si has comido arroz al horno alguna vez, recordarás la ligereza de sus vaporosos granos y el aroma apresado entre ellos, liberado de a poco a golpe de tenedorazo, dosificándose así el feliz momento. El calor envolvente en el que se han cocido tiene gran culpa del particular resultado. Si además de arrocero al horno, eres devoto de unas tremendas migas de pan, o de unas migas ruleras (hechas sólo de harina), te acompañará de por vida el sabor característico del pimiento verde frito que las lubrica. Y ¿qué decir del risotto? el que se atrevió a remover sus granos para amalgamar el almidón liberado con la crema de un queso fundido, acertó en esto de saciar la gula a golpe de sorpresa.

Pues este arroz blanco de hoy,  hecho al horno pero sólo a medias, que lleva queso pero únicamente a modo gratén, y viciado de sabor a pimiento, es un medio invento fantástico, a caballo de mis recuerdos gustativos y la receta de Arròs al forn amb pimentó, de La cuina dels arrossos del Delta de l’Ebre, Onada Edicions.

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Para 4 experimentados:
400gr de arroz redondo
800ml de agua
3 pimientos verdes
100 gr de queso rallado
3 dientes de ajo
Aceite de oliva
Sal
2 patatas
brócoli
un bote de garbanzos cocidos

Procedimiento:
Cocemos el arroz en agua con sal durante 10 minutos. Colamos, enfriamos bajo el agua, y reservamos.  Cortamos los pimientos verdes a trozos generosos, y los ponemos a freír a fuego medio fuerte en abundante aceite de oliva unos 5 minutos, controlando que no se quemen. Retiramos y apartamos. En el mismo aceite, aromatizado hasta las trancas por los pimientos, freímos también los dientes de ajos, previamente laminados, hasta dorarlos un poco. Rápidamente apartamos y reservamos también. Frimg_20160917_202012eímos las patatas laminadas, unos 2 minutos. Reservamos. Rehogamos en este imprescindible aceite los ramilletes del brócoli, unos 3 minutos, y apartamos también. Es el momento de saltear el arroz que resta a la espera medio cocido, en este aceite, 5 minutos, removiendo para impregnarlo bien de aroma y sabor, y salamos, pues tras enjuagarlo habrá perdido parte del punto de sal, así como el resto de ingredientes. Es el momento de precalentar el horno a 200º y de colocarlo todo en una fuente: primero la cama de arroz blanco y  por encima esparcimos los pimientos verdes, los ajos, las patatas, los garbanzos cocidos y el brócoli. Rallamos el queso que queramos, un semi curado de oveja y cabra va estupendo, y metemos al horno 5 minutos para acabar de cocer, y otros 5 minutos más para gratinar, o 10, según veamos.

Listo está el arroz para comer, y más listo aún el que se siente antes para hacerlo!

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Tortilla de patatas en 7 minutos

Hay quien se cronometra bajo el agua, en el ascenso a un pico, y dándoselo también. Yo, que no me quiero aburrir tampoco, he calculado en cuánto soy capaz de hacer una tortilla de patatas con óptimos resultados, claro, pues de nada sirve fardar de récord en sumersión acuática si se acaba lila y echando mano de la bombona de aire. La marca me ha quedado en 7 minutos, superada y sólo de boquilla por alguna fémina de mi familia materna. El promedio en su ejecución está en tres cuartos de hora, huevo arriba patata abajo, según mi entorno más cercano, que acostumbrado a este tipo mío de preguntas, responde sin cuestionarme ya nada. Esta diferencia sustancial sólo es de tiempo y no de sabor, y aunque parezca imposible, milagros a Lourdes, que así se llama la expendedora de lotería de mi barrio, porque para  tal logro sólo son necesarios la confianza en la técnica que ahora desvelaré, y andar generosos de dedos, por si nos dejamos alguno en el camino.

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Imprescindibles:
7 huevos medida L
3 patatas medianas
1 cebolla
1 diente de ajo
½ vaso de aceite
Sal
1 cuchillo
1 mandolina
1 sartén con la boca de la medida de un plato plano
1 plato plano
1 bol
1 batidor
Colador de aceite
Espumadera
Concentración
Fe

Procedimiento:
Minuto 1. Cogemos el pelador, o lo que mejor atienda nuestra necesidad de velocidad, y trasquilamos  nuestras patatas con decisión, una tras otra. Hacemos lo propio con la expectante cebolla, arrancándole primero el culo peludo, y sin llorar, porque no hay tiempo, la despojamos de las capas superficiales que la protegen. Al ajo le damos un golpe seco, y rematado, lo desvalijamos de igual modo.  img_20160908_142501
Minuto 2. Ponemos a fuego medio la sartén con aceite de oliva, un tercio de su capacidad. Un minuto escaso nos resta antes de que el aceite se caliente y nos enfriemos nosotros. Sin cortarnos ni un dedo, comenzamos a filetear con la mandolina las tres patatas, la cebolla y el diente de ajo. Las láminas obtenidas han de ser finas y proporcionales entre ellas para la correcta y rápida cocción de después. Volcamos el descuartizamiento de una sola vez, todo junto, patata y cebolla, paso este importante, en el aceite ya caliente, controlando con un ojo que el color dorado del conjunto no se oscurezca.
Minuto 3. Con el ojo restante y dirigido por las dos manos, cascamos con precisión los huevos y los batimos como locos en un bol donde salpicar sin miedo. Echar pizca y media de sal.
Minuto 4. Nuestras patatas ya están fritas y la cebolla pochada. Somos unos cracks. Con la sartén por le mango ya, escurrimos img_20160908_143119con ayuda de una espumadera todo el aceite sobrante. Lo guardamos para próximos retos. Salamos. Volcamos los huevos batidos sobre las patatas que restan en la sartén sin aceite, removemos con cariño a fuego medio y dejamos cocer tres minutos, tiempo suficiente para echar una cerveza mientras fregamos.
Minuto 7. Con un plato plano a modo de tumba-tortillas, la volteamos. Mucho Ojo llegados a este punto. Apretamos fuerte el que nos queda y a por él. Deslizamos la tortilla en la sartén ya vuelta y dejamos sellar el lado crudo un minuto. Apagamos el fuego, y servimos en plato plano.

A disfrutar, que no hay tiempo que perder.

A mi madre.

Ceviche de lubina

Vaya pelotera tienen hoy los vecinos de al lado. Hace un par de horas, el padre del chiquillo quería arrancar la cabeza al hijo grande, tienen dos, que se lo he oído decir desde mi cocina, en un tono que despeina. Aclarar que más que voluntad de dejar al crío sin visera en un día tan caluroso como está haciendo hoy, era una enunciación en toda regla de que lo iba a hacer seguro, pues la frase comenzaba en: “¡Te voy a arrancar la” y no en: “ ¡Desearía poder arrancarte la”. Yo, claro está, no me creo sus amenazas, ahora que sé, que me lo dijo con un orgullo rebosante de espuma salival el otro día entrando él y saliendo yo del ascensor, que por fin lo habían cogido en el equipo de básket de su colegio después de años, que se dice pronto, esperando una baja en mini que no llegaba, categoría ésta a la que le pertenece entrar por edad y condición física, porque el crío está grande, grande. Es por eso que no me creo, digo, que vaya a talar al niño precisamente ahora que ha de crecer, por su padre, como ala-pivot. Ahora… ¿Ahora que ya tiene un pie dentro va a dejarle la cabeza fuera? Venga ya…

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No se debe hablar en caliente y mal, si no comer fresco y bien en días tan acalorados como el de mi vecino. Aquí va una receta de ceviche inspirada en las del maestro cocinero Gastón Acurio, y certificada por las del libro Ceviche, cocina peruana, de Martín Morales. Fantásticos los dos.

Para paliar unos cuantos improperios estivales y quedarnos tan frescos, necesitamos:

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De izquierda a derecha de la mise en place: boniato cocido, cebolla cruda en juliana, mango maduro, aguacate en su punto, maíz dulce, zumo de la cocción de mejillones, langostinos cocidos, lubina pelada y desespinada, zumo de dos limas, gajos de dos limas más, perejil picado, pimentón picante, sal y hielo picado.

Procedimiento:

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Salamos nuestros trozos de lubina cortada en dados y que previamente nos habrán preparado sin piel ni espinas en la pescadería, y los abocamos en un bol. Seguidamente espolvoreamos por encima ají molido o en su defecto pimentón picante que también hace los honores estupendamente, y después la cebolla cruda que habremos tenido en remojo una hora antes para hacerle perder la fuerza tan molesta para algunos como yo, y si no pues tal cual. A continuación, bañamos nuestro pescado crudo con el zumo de nuestras limas y removemos, para ir amalgamándolo todo. El exprimido no debe ser en exceso o podemos amargar el zumo con la parte anterior de su piel,  así que lo extraeremos manual y escasamente. Si fuese necesario, añadimos alguna lima más.
Ya sólo queda, mientras lo anterior se va marinando, que añadir los mejillones cocidos, parte del agua de su cocción (hasta cubrir), y los langostinos. Echamos el hielo picado para enfriar rápidamente por espacio de unos minutos, y servir: emplatamos con nuestro ceviche en el centro de un plato hondo y acompañado por nuestro maíz, trozos de mango, de aguacate y de boniato cocido, que aunque cueste de creer como lo que hoy cuento, lo he encontrado ya disponible en esta época tórrida, en la frutería del Sorlidiscau de mi barrio.

Que aproviche

 

Hasta el higo

Tanto si cocinas de higos a brevas como si estás hasta el higo de hacerlo, este es un pincho ideal para estos días de agosto en los que las higueras están folladas a reventar y los higos se muestran más apetitosos que nunca.

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Ingredientes:
Higo
queso azul
jamón ibérico
miel de caña

Procedimiento:
Pellízcale el pezón con tacto pero decisión. Contornea entonces su mullido cuerpo hasta acceder a su parte trasera. Rasúrale el culo sirviéndote de un utensilio afilado para erosionar lo menos posible su delicada piel. Con ayuda de las yemas de tus aguerridos dedos, abre el higo y contempla su rojizo fruto en todo su esplendor. No te lo lleves aún a la boca. Estuca su carnosa pulpa con trozos del quebradizo queso azul hasta ponerlo morado, sin excederte en lujuria o enmascararás su dulzura. Abrázalo con tiras de jamón curado de espanto y calienta a placer. Tírale la melosa caña hasta gotear por los bordes y en su interior y corre, a disfrutarlo de un solo bocado.

 

Fideos chinos con cerda en salsa Hoisin

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Los fideos chinos en ocasiones se acompañan de cerdo. En este caso, el animal fui yo que los hice en menos tiempo y dinero del que cuesta ventilarse unos de sobre.

Para 4 comen y salen

¼ de kg de noodles, 2 cebollas, 3 zanahorias, col, 2 dientes de ajo, comino, aceite de girasol,  zumo de 1 limón mal exprimido y 4 cucharadas de salsa Hoisin.IMG_20150302_172335

Sofreímos las verduras cortadas en trozos de  un par de minutos de grosor en un chorro de aceite o dado de mantequilla. Salteamos alegremente pero sin exagerar los movimientos del antebrazo pues se trata de un plato sin lucimientos, más pelado que los ajos que no debemos olvidar de incorporar por aquello de que siempre todos nuestros rehogados los llevan.  Una vez sancochadas, tiramos comino, pizca sal, salsa Hoisin y el zumo de un  limón. Mientras el wok o sartén va cogiendo vida, abrimos a bocajarro nuestro gigante bolsa de fideos, que habremos escogido entre  la inmensa oferta que hay en el mercado actual por ser la más grande y económica del colmado nipón, y zambullimos los curiosos nidos de pasta de ella sustraídos en agua caliente por espacio de tres minutos.  Escurrimos bien y abocamos la rizada pasta sobre la mezcla anterior. Mezclamos con esperanza, rectificamos como buenos sabios que somos y palillos a la mar.

Aquí pan y depués gloria: Pizza Sin amasado!

_DSC0669.JPGPonme una barra de medio, Pedro.
Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-...pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?
-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …– balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería* :
525 gr de harina de trigo
340 gr de agua templada (65%)
20gr de aceite de oliva (para untar los botes)
5 gr de levadura fresca (o en su defecto, 1,5 g de levadura seca,)
10 gr de sal
15 minutos + 5 minutos + 24 h + 20 minutos + 3 minutos +2 minutos

*Con estas cantidades, salen 3 bases. Si deseas obtener más o menos número de bases o panes,  sólo tienes que guardar la proporción de los ingredientes y ajustar cantidades.

Esta es una masa que uso una vez a la semana, por lo que la aconsejo encarecidamente. Su sabor equilibrado le confiere una versatilidad fantástica. Cambiando la forma, el tiempo y temperatura, puedes obtener tanto un panecillo esponjoso como una base firme para pizza de sensacional textura,  y sin amasado, tan solo hay que respetar los tiempos: dejar reposar  un tiempo de 24horas mínimo en la nevera, pasado el cual ya estará lista para cualquier invento panadero.
Pd:no desechar nunca la masa sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente)

Procedimiento para elaborar la masa:
Disolvemos la levadura en el agua tibia e incorporamos la harina tamizada y la sal. Mezclamos en un bol con ayuda de las manos. Es súmamante pegajosa, pero es así como debe quedar. Dejamos que reposen los ingredientes en el bol 15 minutos, y acto seguido la pasamos a la mesa y mezclamos ligeramente con ayuda de un poco de harina, la justa para que no se nos enganche tanto. Dejamos que repose 5 minutos más. Dividimos entonces la masa en porciones de 300 gr y hacemos una pelotita con cada una. Depositamos cada bola en un táper hermético untado de aceite de oliva y  lo guardamos bien cerrado en la nevera por espacio de 24h o más.

Preparación base de pizza:
Precalentamos el horno a 250 durante 20 minutos, espacio  de tiempo que aprovecharemos para confeccionar nuestras pizzas. Extraemos la masa con cuidado del táper y la extendemos con las manos con movimientos circulares sobre papel de horno enharinado, y la vamos agrandando hasta que adquiera unos 15cm de diámetro. Ya está, no hay más secreto. Ahora la rellenamos como más nos guste: una fina capa de salsa de tomate concentrado, cuanto menos líquidos sean los ingredientes mejor. Importante: para conseguir el efecto “de leña” deseado, metemos la pizza en el horno sobre la placa de abajo, sobre el pape de honear directamente, sin bandeja. Al cabo de 3 minutos la base estará dorada y crujiente y la masa elástica. Es el momento de subirla y ponerla al grill 2 minutos Lista.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Maestro panadero:
Ibán Yarza Pan Casero
ISBN: 978-84-15785-54-5
Ed.Larousse