Canelones de pescado

Hacer las cosas en caliente y comérselas a la misma temperatura abrasan de igual modo lengua y paladar. Si estás hecho de buena pasta demasiada cocción reblandece, o endurece en cambio si eres carne de cañón veteado de mucho nervio.
En cualquier caso resopla antes de tener que tragarte lo que quizá debas escupir después y  elige bien lo que sueltas y dejas entrar por tu boca.
Con escasos pero escogidos ingredientes he elucubrado, porque tienen más de pensado que de procesado, los canelones de hoy que no dejan frío al que los prueba.

Inspirados en la receta de canelons de peix de Remei Ribas
“l’Àvia Remei” Plats de Festa
La Vanguardia

 

 

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Ingredientes:
20 placas de canelones
1 buen lomo de rape o de merluza
12 gambas
2 huevos
Queso rallado grana padano
Sal
Aceite de oliva
Pimienta
Bechamel

Nota alergia al huevo: adapta esta receta a la alergia al huevo disolviendo 2 cucharadillas de “Orgran No Egg” en 4 cucharadas de agua para obtener el equivalente a la textura de los 2 huevos. Las placas precocidas de canelones que sean sin trazas de huevo marca “Fazion” por ejemplo, y queso “El Ventero” o culaquier otro sin lisozima, y a disfrutar

Preparación:
Cocemos la pasta en abundante agua con sal, escurrimos y repartimos sobre trapo de cocina.
Salpimentamos el pescado y lo marcamos en la sartén por ambos costados en un poco de aceite. Una vez frío lo dejamos libre de piel y espinas y hacemos migas con él. Las gambas las hacemos bien domingueras, con ajo y perejil picados y pizca de sal y a la sartén con un poco de aceite. Una vez frías, las decapitamos y pelamos, reservando las cabezas, cáscaras y 8 de las 12 gambas. Las 4 restantes las hacemos añicos y las incorporamos al desmenuzado pescado. Incorporamos ya los huevos y el queso rallado en la cantidad deseada y pasamos todo ello por la sartén para que cuaje. Añadimos entonces parte de la bechamel preparada. Mezclamos y rectificamos de sal.
Rellenamos la pasta de canelones con la masa resultante y los colocamos en bandeja de horno.

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Trituramos las cabezas y cáscaras, escurrimos bien en un colador de rejilla pequeña y el gustoso caldo rosa obtenido lo incorporamos a la bechamel. Cubrimos con ella los canelones, espolvoreamos queso y gratinamos.
Emplatamos con una cama de bechamel rosa y un par gambas reservadas de colofón.

 

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Hamburguesas verdes

IMG_20170117_135529.jpgAsí es como te pueden poner (verde) si a tus peques no les explicas antes que pese al aspecto, de sabor a verdura no tienen nada, y no es que los vegetales no estén buenos, pero al lado de unas costillitas de lechal a la brasa o unas botifarres dolces de Girona, marrones todas, la evocación de sabrosura que te arrea visualmente uno y otro color, no es la misma, por ilusión que uno le quiera echar al asunto.
El verde no es un color que atraiga a las masas pueriles en principio, pero con un trabajo de campo arduo y alopécico detrás, la introducción del mismo en la dieta es posible.

A petición de una amiga con la que ayer me casqué un chocolate a la taza bien marrón que se nos hizo corto en tiempo y estómago, voy a recordar los escasos ingredientes para elaborar estas improvisadas hamburguesas, rapidísimas de hacer y de comer. Las devoraron.
P.S. ¡Espero les gusten, Laura!

Para unas 10 hamburguesitas de unos 70 grs /c.u.:IMG_20170117_140123.jpg
4 cubitos de espinacas congeladas
2 pechugas de pollo
1 huevo hermoso
1 cebolla pequeña
daditos pequeños de queso (opcional)
pan rallado
aceite
pimienta
sal

Procedimiento:
Cocemos las espinacas en agua con sal, las escurrimos bien, haciendo presión para liberarlas completamente del agua que contienen y las abocamos en la picadora o robot de cocina junto al resto de los ingredientes (menos el queso, que lo camuflaremos después, revuelto en la picada).
La masa resultante la probamos y la rectificamos de sal y de pan rallado. Tiene que quedar más bien suelta, tirando a ligera, pues el huevo cuando se cueza por dentro acabará por compactarlas. En un sartén caliente con una cucharadita de aceite, plantamos nuestros pegotitos de masa verde, y las marcamos con ayuda de una espátula, a fuego medio, un par de minutos por cada lado.
A disfrutar.

Conejo al ojillo

Da igual si eres mujer espigada o de talle corto, si te rozan las piernas al caminar o podrías dejar paso a través de ellas: cuando llevas minifalda, todas las miradas van a resbalar a tu entrepierna. Algunas te las meten por inercia, como cuando ves saltar a un gorrión en pleno asfalto. Tal cual lo miras, despega él y prosigues tú. Otras te las clavan por detrás, aprovechan el rebufo levantado para colgarte precipitados vilipendios por todo el forro. Los más onomatopéyicos caen pronto en el olvido, y los más fuertes trepan por los plises de tu falda, tela a través. Basta con sacudirte tu breve prenda para despojarte rápido de todos ellos. Y están las miradas que llegan con extrema dificultad, tras un degradado parabrisas del coche que se detiene para que cruces. El sujeto que mira se agacha y retuerce hacia el costado más claro del cristal y persigue las piernas que tijeretean bajo el manto que las cubre y las descubre lo que dura el semáforo. En este caso se me ocurre detenerme bajo el disco ya en rojo y  hacerle un amago de calvo pero invertido: por delante, de abajo arriba y bien peludo (si fuese el caso).

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Para comerte un buen conejo sin forzar la vista:
Un conejo pequeño
Una cabeza de ajos
Perejil
Aceite de oliva
½ vaso de vinagre
Sal

Procedimiento:
Ponemos a freír el conejo cortado a trozos menudos, salados previamente, en una sartén con aceite. Cuando estén muy bien dorados por todos lados, añadimos la mitad de los dientes de ajo, cortados en trozos generosos, a mitades o enteros, según tamaño, y dejamos que se acabe de freír con ellos, que cojan color mientras la carne se impregna de su sabor, unos diez minutos. No paramos de remover ni de viciarnos con el olor que se desprende. Con el resto de dientes, hacemos una picada con perejil y medio vaso de vinagre. Rociamos el condumio por encima y dejamos cocinar unos minutos más. También casa estupendamente con vino blanco o coñac. A degustarlo sin atropellos, con una buena llesca de pan y mejor compañía.

 

Receta ancestral en mi familia materna. Ésta y otras las recupero y recuerdo en un libro que compré en una gasolina de Socovos (Albacete) sin ISBN:
La Cocina Socoveña
Descubrir Socovos l
Pilar Hernández
Edición 2.015

 

 

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Tortilla de patatas en 7 minutos

Hay quien se cronometra bajo el agua, en el ascenso a un pico, y dándoselo también. Yo, que no me quiero aburrir tampoco, he calculado en cuánto soy capaz de hacer una tortilla de patatas con óptimos resultados, claro, pues de nada sirve fardar de récord en sumersión acuática si se acaba lila y echando mano de la bombona de aire. La marca me ha quedado en 7 minutos, superada y sólo de boquilla por alguna fémina de mi familia materna. El promedio en su ejecución está en tres cuartos de hora, huevo arriba patata abajo, según mi entorno más cercano, que acostumbrado a este tipo mío de preguntas, responde sin cuestionarme ya nada. Esta diferencia sustancial sólo es de tiempo y no de sabor, y aunque parezca imposible, milagros a Lourdes, que así se llama la expendedora de lotería de mi barrio, porque para  tal logro sólo son necesarios la confianza en la técnica que ahora desvelaré, y andar generosos de dedos, por si nos dejamos alguno en el camino.

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Imprescindibles:
7 huevos medida L
3 patatas medianas
1 cebolla
1 diente de ajo
½ vaso de aceite
Sal
1 cuchillo
1 mandolina
1 sartén con la boca de la medida de un plato plano
1 plato plano
1 bol
1 batidor
Colador de aceite
Espumadera
Concentración
Fe

Procedimiento:
Minuto 1. Cogemos el pelador, o lo que mejor atienda nuestra necesidad de velocidad, y trasquilamos  nuestras patatas con decisión, una tras otra. Hacemos lo propio con la expectante cebolla, arrancándole primero el culo peludo, y sin llorar, porque no hay tiempo, la despojamos de las capas superficiales que la protegen. Al ajo le damos un golpe seco, y rematado, lo desvalijamos de igual modo.  img_20160908_142501
Minuto 2. Ponemos a fuego medio la sartén con aceite de oliva, un tercio de su capacidad. Un minuto escaso nos resta antes de que el aceite se caliente y nos enfriemos nosotros. Sin cortarnos ni un dedo, comenzamos a filetear con la mandolina las tres patatas, la cebolla y el diente de ajo. Las láminas obtenidas han de ser finas y proporcionales entre ellas para la correcta y rápida cocción de después. Volcamos el descuartizamiento de una sola vez, todo junto, patata y cebolla, paso este importante, en el aceite ya caliente, controlando con un ojo que el color dorado del conjunto no se oscurezca.
Minuto 3. Con el ojo restante y dirigido por las dos manos, cascamos con precisión los huevos y los batimos como locos en un bol donde salpicar sin miedo. Echar pizca y media de sal.
Minuto 4. Nuestras patatas ya están fritas y la cebolla pochada. Somos unos cracks. Con la sartén por le mango ya, escurrimos img_20160908_143119con ayuda de una espumadera todo el aceite sobrante. Lo guardamos para próximos retos. Salamos. Volcamos los huevos batidos sobre las patatas que restan en la sartén sin aceite, removemos con cariño a fuego medio y dejamos cocer tres minutos, tiempo suficiente para echar una cerveza mientras fregamos.
Minuto 7. Con un plato plano a modo de tumba-tortillas, la volteamos. Mucho Ojo llegados a este punto. Apretamos fuerte el que nos queda y a por él. Deslizamos la tortilla en la sartén ya vuelta y dejamos sellar el lado crudo un minuto. Apagamos el fuego, y servimos en plato plano.

A disfrutar, que no hay tiempo que perder.

A mi madre.

Ceviche de lubina

Vaya pelotera tienen hoy los vecinos de al lado. Hace un par de horas, el padre del chiquillo quería arrancar la cabeza al hijo grande, tienen dos, que se lo he oído decir desde mi cocina, en un tono que despeina. Aclarar que más que voluntad de dejar al crío sin visera en un día tan caluroso como está haciendo hoy, era una enunciación en toda regla de que lo iba a hacer seguro, pues la frase comenzaba en: “¡Te voy a arrancar la” y no en: “ ¡Desearía poder arrancarte la”. Yo, claro está, no me creo sus amenazas, ahora que sé, que me lo dijo con un orgullo rebosante de espuma salival el otro día entrando él y saliendo yo del ascensor, que por fin lo habían cogido en el equipo de básket de su colegio después de años, que se dice pronto, esperando una baja en mini que no llegaba, categoría ésta a la que le pertenece entrar por edad y condición física, porque el crío está grande, grande. Es por eso que no me creo, digo, que vaya a talar al niño precisamente ahora que ha de crecer, por su padre, como ala-pivot. Ahora… ¿Ahora que ya tiene un pie dentro va a dejarle la cabeza fuera? Venga ya…

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No se debe hablar en caliente y mal, si no comer fresco y bien en días tan acalorados como el de mi vecino. Aquí va una receta de ceviche inspirada en las del maestro cocinero Gastón Acurio, y certificada por las del libro Ceviche, cocina peruana, de Martín Morales. Fantásticos los dos.

Para paliar unos cuantos improperios estivales y quedarnos tan frescos, necesitamos:

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De izquierda a derecha de la mise en place: boniato cocido, cebolla cruda en juliana, mango maduro, aguacate en su punto, maíz dulce, zumo de la cocción de mejillones, langostinos cocidos, lubina pelada y desespinada, zumo de dos limas, gajos de dos limas más, perejil picado, pimentón picante, sal y hielo picado.

Procedimiento:

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Salamos nuestros trozos de lubina cortada en dados y que previamente nos habrán preparado sin piel ni espinas en la pescadería, y los abocamos en un bol. Seguidamente espolvoreamos por encima ají molido o en su defecto pimentón picante que también hace los honores estupendamente, y después la cebolla cruda que habremos tenido en remojo una hora antes para hacerle perder la fuerza tan molesta para algunos como yo, y si no pues tal cual. A continuación, bañamos nuestro pescado crudo con el zumo de nuestras limas y removemos, para ir amalgamándolo todo. El exprimido no debe ser en exceso o podemos amargar el zumo con la parte anterior de su piel,  así que lo extraeremos manual y escasamente. Si fuese necesario, añadimos alguna lima más.
Ya sólo queda, mientras lo anterior se va marinando, que añadir los mejillones cocidos, parte del agua de su cocción (hasta cubrir), y los langostinos. Echamos el hielo picado para enfriar rápidamente por espacio de unos minutos, y servir: emplatamos con nuestro ceviche en el centro de un plato hondo y acompañado por nuestro maíz, trozos de mango, de aguacate y de boniato cocido, que aunque cueste de creer como lo que hoy cuento, lo he encontrado ya disponible en esta época tórrida, en la frutería del Sorlidiscau de mi barrio.

Que aproviche

 

Aquí pan y depués gloria: Pizza Sin amasado!

_DSC0669.JPGPonme una barra de medio, Pedro.
Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-...pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?
-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …– balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería* :
525 gr de harina de trigo
340 gr de agua templada (65%)
20gr de aceite de oliva (para untar los botes)
5 gr de levadura fresca (o en su defecto, 1,5 g de levadura seca,)
10 gr de sal
15 minutos + 5 minutos + 24 h + 20 minutos + 3 minutos +2 minutos

*Con estas cantidades, salen 3 bases. Si deseas obtener más o menos número de bases o panes,  sólo tienes que guardar la proporción de los ingredientes y ajustar cantidades.

Esta es una masa que uso una vez a la semana, por lo que la aconsejo encarecidamente. Su sabor equilibrado le confiere una versatilidad fantástica. Cambiando la forma, el tiempo y temperatura, puedes obtener tanto un panecillo esponjoso como una base firme para pizza de sensacional textura,  y sin amasado, tan solo hay que respetar los tiempos: dejar reposar  un tiempo de 24horas mínimo en la nevera, pasado el cual ya estará lista para cualquier invento panadero.
Pd:no desechar nunca la masa sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente)

Procedimiento para elaborar la masa:
Disolvemos la levadura en el agua tibia e incorporamos la harina tamizada y la sal. Mezclamos en un bol con ayuda de las manos. Es súmamante pegajosa, pero es así como debe quedar. Dejamos que reposen los ingredientes en el bol 15 minutos, y acto seguido la pasamos a la mesa y mezclamos ligeramente con ayuda de un poco de harina, la justa para que no se nos enganche tanto. Dejamos que repose 5 minutos más. Dividimos entonces la masa en porciones de 300 gr y hacemos una pelotita con cada una. Depositamos cada bola en un táper hermético untado de aceite de oliva y  lo guardamos bien cerrado en la nevera por espacio de 24h o más.

Preparación base de pizza:
Precalentamos el horno a 250 durante 20 minutos, espacio  de tiempo que aprovecharemos para confeccionar nuestras pizzas. Extraemos la masa con cuidado del táper y la extendemos con las manos con movimientos circulares sobre papel de horno enharinado, y la vamos agrandando hasta que adquiera unos 15cm de diámetro. Ya está, no hay más secreto. Ahora la rellenamos como más nos guste: una fina capa de salsa de tomate concentrado, cuanto menos líquidos sean los ingredientes mejor. Importante: para conseguir el efecto “de leña” deseado, metemos la pizza en el horno sobre la placa de abajo, sobre el pape de honear directamente, sin bandeja. Al cabo de 3 minutos la base estará dorada y crujiente y la masa elástica. Es el momento de subirla y ponerla al grill 2 minutos Lista.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Maestro panadero:
Ibán Yarza Pan Casero
ISBN: 978-84-15785-54-5
Ed.Larousse

 

Hamburguer s.a.

Así como se ven de fáciles de hacer resultan de comer. Un poti poti de carne picada de ternera y cerdo dorada previamente en la sartén, una bechamel espesa con queso rallado en su interior y un brócoli cocido y machacado a tenedorazo, ahí es nada su lucha por salir adelante, pero lo consigue, camuflándose en la masa y rebozándose con ella en un preparado de harina Yolanda (sin huevo) y agua, en las proporciones indicadas por el fabricante o las dirigidas por la lógica del que las prepares.

Fuego fuerte para caldear el ambiente, vuelta y vuelta como en los tiempos de playa que acompañan, bien doraditas por fuera y ricas por dentro. Sal al gusto e invitados los justos porque vuelan del plato.

Inspirada de nuevo por el Trinxat de la Cerdanya y por lo que tenía disponible en ese momento.

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*El queso que he utilizado ha sido El Ventero (exento de trazas de huevo) tierno, macerado en aceite de oliva con una chispa de sal, granos de pimienta y orégano, obteniendo  así un queso que pasados los días no hace más que mejorar en sabor y textura (recuerda al feta en cierta manera) y no se estropea ni amarga. Al mes está ideal, y el aceite se puede usar para la fritura como en este caso, o ensalada o para próximas conservas queseras (y caseras).

Un par de tortas por 120 gr de coca

Localizados un total de 120 gr de *coca lista para su distribución, así como distintos elementos destinados a la preparación, como una balanza de precisión y una prensa. La mujer detenida, que cuenta con un modesto historial culinario, supuestamente guardaba en la cocina de su domicilio 30 gr de un codiciado polvillo blanco que le permitieron preparar 2 meriendas, a cuál más rica, por lo que se le atribuye un  presunto delito de tráfico de coca. La identificación de esta persona se produjo gracias a la actuación de los 2 dispositivos de vigilancia y control que se establecieron en el lugar donde se realizaba  presuntamente la transacción de mezcla y cocina de sustancias.

Para sentenciar 2 tortas (crepes sin huevo) necesitamos: 30 gr de harina Yolanda, 90 gr de leche, una balanza, una sartén mediana, 5 minutos para prepararlas y otros 5 para hacerlas desaparecer.

Pesamos y mezclamos los dos ingredientes, disolviendo los posibles grumitos con ayuda de un tenedor, o de la batidora (si las cantidades son proporcionalmente superiores a las dadas). Calentamos la sartén, cuando humee un poco bajamos a media fuego /vitro 4.5 y echamos la mitad de la cuasi líquida masa sin dejar de remover la sartén de un lado a otro con soltura hasta repartir la fina masa por toda la base. Dejamos tostar por un lado un par de minutos, y volteamos con ayuda de una espátula para dejar tostar por el otro, hasta que se cueza. Es el momento de empaquetar: rellenamos de dulce o salado, cuando aún se encuentre en la sartén o fuera ya del calor, dependiendo del ingrediente de relleno a usar o la textura que deseemos obtener, cerrándolo sin violencia a modo de regalo, porque lo es, y con fundamento, que la policía no es tonta.

*coca5. (Del cat. coca, y este quizá del germ. *koka, torta). 1. f. Ar. torta (I masa redonda de harina)

Empanada total

Empanada de pimiento rojo asado, principal fuente de vitamina C por encima de la popularísima naranja, queso en lonchas, sobradamente conocido por su aporte de calcio fácilmente absorbido cuando está presente la vitamina D del pescado azul de unas sardinillas en lata por ejemplo pero que hoy dejaré descansar si es que en su estado de suma estrechez se puede, para usar en su lugar ahahá jamón de guijuelo con sus dibujadas proteínas en forma de pintitas blancas, que yo lo sé, y bechamel, todo ello sobras que no deben faltar.

Extendemos nuestros hidratos de carbono en papel de hornear, y sobre ellos las proteínas animales cortadas bien finas, nuestro calcio en lonchas, y sin perder el ritmo, la chorreante vitamina C y cerrando el tema, cucharetazos de nuestra blanquecina salsa que al entrar en calor, hidratará el conjunto, se hermanará con la hortaliza haciendo un todo en boca y mantendrá en perfecto grado de humedad nuestro jamón, resultando un mullido relleno sorprendido por el crujir de una masa que habremos tenido 40 minutos bajo los efectos del horneo.

La malta ayudará a bajar los nutritivos bocados animándote a continuar a cada sorbo en la chupada tarea de ingerir este placer transitorio más fácil de consumir que de explicar.