Salmón con mantequilla y soja a la lima

El regalo de hoy es para quererme.
Bocado tibio, mullido, jugoso, ingrávido. Bautizado por la salsa caliente que lo remoja, coge peso y renombre en nuestra boca.
Para amantes de la cocina japonesa, y para amantes, en general.

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Ingredientes:
120gr de salmón sin piel ni espinas
5 cucharadas de salsa de soja
3 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharada de mantequilla

Preparación:
Calentamos una sartén antihaderente y cuando humee soasamos por un solo lado escasos segundos nuestro lomo de salmón . Sobre una tabla, lo cortamos en trozos de 3 cm de grosor y reservamos.
En otra sartén o cazo, añadimos la salsa de soja, el zumo de lima y la mantequilla. Cuando rompa a hervir, apartamos y movemos en círculos durante 1 minuto para amalgamar la salsa .
Presentamos el festín con mucho gusto. Los trozos de salmón templado sobre la salsa aún caliente.

Receta extraída de mi nuevo libro:
Nikkei, Fusión de las cocinas japonesa y sudamericana
ISBN 978-84-16138-73-9
¡Gracias, Pp!, estoy encantada con los dos

Hamburguesas verdes

IMG_20170117_135529.jpgAsí es como te pueden poner (verde) si a tus peques no les explicas antes que pese al aspecto, de sabor a verdura no tienen nada, y no es que los vegetales no estén buenos, pero al lado de unas costillitas de lechal a la brasa o unas botifarres dolces de Girona, marrones todas, la evocación de sabrosura que te arrea visualmente uno y otro color, no es la misma, por ilusión que uno le quiera echar al asunto.
El verde no es un color que atraiga a las masas pueriles en principio, pero con un trabajo de campo arduo y alopécico detrás, la introducción del mismo en la dieta es posible.

A petición de una amiga con la que ayer me casqué un chocolate a la taza bien marrón que se nos hizo corto en tiempo y estómago, voy a recordar los escasos ingredientes para elaborar estas improvisadas hamburguesas, rapidísimas de hacer y de comer. Las devoraron.
P.S. ¡Espero les gusten, Laura!

Para unas 10 hamburguesitas de unos 70 grs /c.u.:IMG_20170117_140123.jpg
4 cubitos de espinacas congeladas
2 pechugas de pollo
1 huevo hermoso
1 cebolla pequeña
daditos pequeños de queso (opcional)
pan rallado
aceite
pimienta
sal

Procedimiento:
Cocemos las espinacas en agua con sal, las escurrimos bien, haciendo presión para liberarlas completamente del agua que contienen y las abocamos en la picadora o robot de cocina junto al resto de los ingredientes (menos el queso, que lo camuflaremos después, revuelto en la picada).
La masa resultante la probamos y la rectificamos de sal y de pan rallado. Tiene que quedar más bien suelta, tirando a ligera, pues el huevo cuando se cueza por dentro acabará por compactarlas. En un sartén caliente con una cucharadita de aceite, plantamos nuestros pegotitos de masa verde, y las marcamos con ayuda de una espátula, a fuego medio, un par de minutos por cada lado.
A disfrutar.

Conejo al ojillo

Da igual si eres mujer espigada o de talle corto, si te rozan las piernas al caminar o podrías dejar paso a través de ellas: cuando llevas minifalda, todas las miradas van a resbalar a tu entrepierna. Algunas te las meten por inercia, como cuando ves saltar a un gorrión en pleno asfalto. Tal cual lo miras, despega él y prosigues tú. Otras te las clavan por detrás, aprovechan el rebufo levantado para colgarte precipitados vilipendios por todo el forro. Los más onomatopéyicos caen pronto en el olvido, y los más fuertes trepan por los plises de tu falda, tela a través. Basta con sacudirte tu breve prenda para despojarte rápido de todos ellos. Y están las miradas que llegan con extrema dificultad, tras un degradado parabrisas del coche que se detiene para que cruces. El sujeto que mira se agacha y retuerce hacia el costado más claro del cristal y persigue las piernas que tijeretean bajo el manto que las cubre y las descubre lo que dura el semáforo. En este caso se me ocurre detenerme bajo el disco ya en rojo y  hacerle un amago de calvo pero invertido: por delante, de abajo arriba y bien peludo (si fuese el caso).

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Para comerte un buen conejo sin forzar la vista:
Un conejo pequeño
Una cabeza de ajos
Perejil
Aceite de oliva
½ vaso de vinagre
Sal

Procedimiento:
Ponemos a freír el conejo cortado a trozos menudos, salados previamente, en una sartén con aceite. Cuando estén muy bien dorados por todos lados, añadimos la mitad de los dientes de ajo, cortados en trozos generosos, a mitades o enteros, según tamaño, y dejamos que se acabe de freír con ellos, que cojan color mientras la carne se impregna de su sabor, unos diez minutos. No paramos de remover ni de viciarnos con el olor que se desprende. Con el resto de dientes, hacemos una picada con perejil y medio vaso de vinagre. Rociamos el condumio por encima y dejamos cocinar unos minutos más. También casa estupendamente con vino blanco o coñac. A degustarlo sin atropellos, con una buena llesca de pan y mejor compañía.

 

Receta ancestral en mi familia materna. Ésta y otras las recupero y recuerdo en un libro que compré en una gasolina de Socovos (Albacete) sin ISBN:
La Cocina Socoveña
Descubrir Socovos l
Pilar Hernández
Edición 2.015

 

 

Sardinas en Blanquet

A la moda con productos de temporada:

1kg de sardinas de playa, 3,90 €/kg
5 cebollas grandes
2 hojas de laurel
aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre manzana
sal

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Preparación:
Dejamos las sardinas desprovistas de escamas, cabeza y tripas. Pide a tu pescadero de confianza que lo haga por ti. Explícale mientras lo hace algo sumamente morboso que compense su dedicación y atención para contigo. Vente para casa corriendo. Tropiézate con una buena sartén. Cógela por el mango y pon aceite a calentar. Enjuaga tu pesca bajo el grifo y deja escurrir. Sálala y reserva. Llora tus cebollas hasta dejarlas bien fileteadas. Recomponte echándolas en el aceite ya caliente. Echa dos cucharadas de vinagre de manzana o el que más gusto te dé y dos hojas de laurel. Sala y sofríe a fuego medio. Pasados los 15 o 20 minutos necesarios para que se medio poche, dispón con mimo las plateadas piezas de pescado encima del encebollado colchón y tapa de nuevo, que suden sobre este goloso manto de cebolla dorada por espacio de 15 o 20 minutos más. Apaga. Deja reposar unas horas hasta templar.

DeGustación:
Destapa con expectación e inhala intensamente. Observa el sucoso panorama y resopla al tiempo. Remángate con entusiasmo y afila tus impúdicos y pulcros dedos. Sumérgelos hasta el fondo y pinza una. Haz palanca con suavidad, asiéndola por la mitad para no despedazarla y encámala en un mullido pan, preparado para tal bocado, o si lo prefieres, llévatela directamente a la boca. Acuérdate de vestirla con la cebolla que dulcificará el momento hasta cotas insospechables. Barniza tus labios con su untuosa piel. Ayúdate de la lengua para el reparto de alborozo en la cavidad bucal. Saborea despacio, lubrica con tragos fríos y vuela a por otra.

Receta extraída del libro “La Cuina del Cabanyal”,
Marisa Villalba / Felip Bens- Ed. Drassana, 2.014

Tortilla de patatas en 7 minutos

Hay quien se cronometra bajo el agua, en el ascenso a un pico, y dándoselo también. Yo, que no me quiero aburrir tampoco, he calculado en cuánto soy capaz de hacer una tortilla de patatas con óptimos resultados, claro, pues de nada sirve fardar de récord en sumersión acuática si se acaba lila y echando mano de la bombona de aire. La marca me ha quedado en 7 minutos, superada y sólo de boquilla por alguna fémina de mi familia materna. El promedio en su ejecución está en tres cuartos de hora, huevo arriba patata abajo, según mi entorno más cercano, que acostumbrado a este tipo mío de preguntas, responde sin cuestionarme ya nada. Esta diferencia sustancial sólo es de tiempo y no de sabor, y aunque parezca imposible, milagros a Lourdes, que así se llama la expendedora de lotería de mi barrio, porque para  tal logro sólo son necesarios la confianza en la técnica que ahora desvelaré, y andar generosos de dedos, por si nos dejamos alguno en el camino.

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Imprescindibles:
7 huevos medida L
3 patatas medianas
1 cebolla
1 diente de ajo
½ vaso de aceite
Sal
1 cuchillo
1 mandolina
1 sartén con la boca de la medida de un plato plano
1 plato plano
1 bol
1 batidor
Colador de aceite
Espumadera
Concentración
Fe

Procedimiento:
Minuto 1. Cogemos el pelador, o lo que mejor atienda nuestra necesidad de velocidad, y trasquilamos  nuestras patatas con decisión, una tras otra. Hacemos lo propio con la expectante cebolla, arrancándole primero el culo peludo, y sin llorar, porque no hay tiempo, la despojamos de las capas superficiales que la protegen. Al ajo le damos un golpe seco, y rematado, lo desvalijamos de igual modo.  img_20160908_142501
Minuto 2. Ponemos a fuego medio la sartén con aceite de oliva, un tercio de su capacidad. Un minuto escaso nos resta antes de que el aceite se caliente y nos enfriemos nosotros. Sin cortarnos ni un dedo, comenzamos a filetear con la mandolina las tres patatas, la cebolla y el diente de ajo. Las láminas obtenidas han de ser finas y proporcionales entre ellas para la correcta y rápida cocción de después. Volcamos el descuartizamiento de una sola vez, todo junto, patata y cebolla, paso este importante, en el aceite ya caliente, controlando con un ojo que el color dorado del conjunto no se oscurezca.
Minuto 3. Con el ojo restante y dirigido por las dos manos, cascamos con precisión los huevos y los batimos como locos en un bol donde salpicar sin miedo. Echar pizca y media de sal.
Minuto 4. Nuestras patatas ya están fritas y la cebolla pochada. Somos unos cracks. Con la sartén por le mango ya, escurrimos img_20160908_143119con ayuda de una espumadera todo el aceite sobrante. Lo guardamos para próximos retos. Salamos. Volcamos los huevos batidos sobre las patatas que restan en la sartén sin aceite, removemos con cariño a fuego medio y dejamos cocer tres minutos, tiempo suficiente para echar una cerveza mientras fregamos.
Minuto 7. Con un plato plano a modo de tumba-tortillas, la volteamos. Mucho Ojo llegados a este punto. Apretamos fuerte el que nos queda y a por él. Deslizamos la tortilla en la sartén ya vuelta y dejamos sellar el lado crudo un minuto. Apagamos el fuego, y servimos en plato plano.

A disfrutar, que no hay tiempo que perder.

A mi madre.

Un Pan de bandera – Parte 1/2

Abanderar la mesa con este pan gustará a apátridas y lugareños. Su estriada molla contiene sobrasada de Mallorca, para elaborar las franjas rojas, y curry de la India y  queso grana italiano, para las amarillas, ingredientes todos que las aromatizan y tiñen de gustosas intenciones. Un pan singular en su forma y plural en su contenido. Tierno y equilibrado si se le deja crecer, con corteza resistente y permeable al sabor que lo acompañe.
Propuestas de elaboraciones hay tantas como panes imagines, pero requisito para abordar todas ellas tan solo uno: respetar el proceso lento y cauteloso que necesita el pan para formarse. Para ello, el ambiente no debe estar muy caldeado, pues la fermentación entonces se acelera y el manipulador de masas ve en ello la oportunidad de apresar un rápido resultado que no convence. Es preferible prescindir de las prisas y enfriarlo hasta el momento de poder dar forma a nuestra idea, sin perjudicar con ello el trabajo de levado que no cesa ni en su frío letargo.
La constancia en el proceso y nuestra espera tendrán su recompensa. Un insistente y enérgico trabajo manual por nuestra parte y un horneado donde cocerlo sin descuidos, sacralizarán al final nuestro pan catalán.

 


Los pasos a seguir para la elaboración de este pan vienen muy bien indicados aquí: http://www.lacuinadesempre.cat/2012/04/pa-de-sant-jordi.html
Antes de las terceras elecciones subo la segunda parte del post

.

 

 

 

 

Patatas suecas al estilo hasselback

Parecerá inaudito pero en esta casa es de lo más normal. Viene de la vecina de abajo, y es un hedor hecho canción que se filtra por las paredes hasta llegar aquí. Tiene puesta a toda leche en modo “repetir pista” una misma melodía desde hace la escalofriante cifra de cinco horas. La elegida esta vez es Imaginando, de Sergio Dalma, y sé el título porque ya me he aprendido la letra. La otra vez fue Venezia de Hombres G, y sonaba que era ya a tocar la madrugada. Entonces fui impulsiva, el descanso es sagrado y la noche oscura, y fui escaleras abajo, coloqué mi pabellón auditivo haciendo ventosa en su puerta, para asegurarme que la contaminación acústica procedía de allí, y cuando me dispuse a tocar su timbre para mediar acuerdo, cesó repentinamente el taladro y también mi intención de cantarle los cuarenta, y no Principales, lista de hits que desconozco, por otro lado.

Sergio Dalma fue ídolo mío de juventud. Banda sonora de mis ensoñaciones menos pueriles. Lo tuve oliéndome los pies a tamaño póster durante años, en mi habitación de entera, y lo arrugué a besos, sellados por el celo que lo sostenía, y bien pegados que bailamos. Hoy he canturreado desde la cocina su estribillo y paseado con aires pesarosos la desesperación de su letra. Pero basta ya. Suficiente. Torturas chinas, al país homónimo, please.

Pero ni tan siquiera este trasiego de ahora va a impedir que comparta mis ilustradas patatas de hoy y que tanto fervor causan entre mis comensales por lo ricas que están.

patatas suecas al estilo hasselback

Procedimiento:
Pelamos las patatas, las enjuagamos bajo el chorro del grifo y las partimos en dos mitades. Precalentamos el horno a 200º. Cogemos cada una de nuestras mitades y les hacemos unos cortes paralelos sin llegar a la base pues las queremos de una pieza, únicamente bien marcadas pero sin llegar a laminarlas. Las colocamos sobre una fuente de horno y las pintamos en abundancia con mantequilla previamente derretida. Horneamos 15 minutos y las sacamos para volverlas a bañar en mantequilla, salarlas al gusto y espolvorear pan rallado por encima y de vuelta al horno, otros 15 minutos más. Listas.

Ideales para acompañar todo tipo de platos, como lo harían unas patatas fritas, pero estas a la manera de hacer sueca, como sueca me voy a hacer yo también después de subir la foto, poniendo alguna de heavy metal a todo trapo en pleno rellano suyo y haciendo como si conmigo no fuera su dolor.

Hasta el higo

Tanto si cocinas de higos a brevas como si estás hasta el higo de hacerlo, este es un pincho ideal para estos días de agosto en los que las higueras están folladas a reventar y los higos se muestran más apetitosos que nunca.

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Ingredientes:
Higo
queso azul
jamón ibérico
miel de caña

Procedimiento:
Pellízcale el pezón con tacto pero decisión. Contornea entonces su mullido cuerpo hasta acceder a su parte trasera. Rasúrale el culo sirviéndote de un utensilio afilado para erosionar lo menos posible su delicada piel. Con ayuda de las yemas de tus aguerridos dedos, abre el higo y contempla su rojizo fruto en todo su esplendor. No te lo lleves aún a la boca. Estuca su carnosa pulpa con trozos del quebradizo queso azul hasta ponerlo morado, sin excederte en lujuria o enmascararás su dulzura. Abrázalo con tiras de jamón curado de espanto y calienta a placer. Tírale la melosa caña hasta gotear por los bordes y en su interior y corre, a disfrutarlo de un solo bocado.

 

Aquí pan y depués gloria: Pizza Sin amasado!

_DSC0669.JPGPonme una barra de medio, Pedro.
Las que quedan son de la mañana.
-Eh… Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?
-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?
-Mmm, más fina… -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada, y me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes-...pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para despojarla de sus tripas blancas y ejercer luego de taxidermista, dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Pero qué estupendo está Pedro, pienso, al verlo al fondo de su panandería/cafetería triando con suma atención mi barra, una tría un poco marrana por tanto manoseo inecesario de las mismas, que si ésta o aquélla o la de más allá, pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto retorcido al verlo en la lejanía mostrándome por fin las dos mejores chapelas que le quedan, como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo a voces, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me obligarían a darle una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa bollera me podría saciar.

Bueno, venga, que ya viene ¿ Pero por qué se ríe tanto? ¡Tendría que estar cabreado! No ha complacido a la clientela fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa? ¡Já!, pues para nada, ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Así que seré agradable pero tajante, pienso sugerirle sin contemplación alguna, que se abastezca de más pan para la próxima, eso mismo, y aunque no venga a colación, le comentaré también lo bien que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su sacrificado régimen hipocalórico de años, quedando así de lo más sincera y también cordial, pero no será hasta que me devuelva el cambio que le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando ya el portal lo guapo que está. Uy, que vuelve, ya está aquí.

-¿Algo más, Yolanda?
-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo… pero, no, nada más, Pedro –y congelo mi sonrisa dando por finalizada la improvisada introducción de todo lo que aún le tengo que decir, pero aún con la boca medio abierta va y me intercepta por las buenas con un “¿bueno, y qué tal estás, Yolanda?” Y yo le sentencio sin orden alguno un “¡Pues no tan guapo como tú, cuerpazo!” y me sonrojo como un pimiento, y me acelero en abrirla del todo hasta desencajarla con un: “¡De veras, estás estupendo!, irreconocible! (irreconocible? pues cómo era antes de feo?) De verdad, pero qué guapísimo, cómo te has quedao vaya, que si te cuento lo que parecías con esas dos barras ahí, sí hombre, cuando estabas… en fin, cosas mías …– balbuceo torpemente mientras recalco la calderilla del cambio en mi apretujado monedero y se me dobla la barra-blandiblu textura chicle bajo el ala.

A veces desearía ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, y sin necesidad de comer más pan que el hecho en casa:

Para evitarnos unos cuantos viajes a la panadería* :
525 gr de harina de trigo
340 gr de agua templada (65%)
20gr de aceite de oliva (para untar los botes)
5 gr de levadura fresca (o en su defecto, 1,5 g de levadura seca,)
10 gr de sal
15 minutos + 5 minutos + 24 h + 20 minutos + 3 minutos +2 minutos

*Con estas cantidades, salen 3 bases. Si deseas obtener más o menos número de bases o panes,  sólo tienes que guardar la proporción de los ingredientes y ajustar cantidades.

Esta es una masa que uso una vez a la semana, por lo que la aconsejo encarecidamente. Su sabor equilibrado le confiere una versatilidad fantástica. Cambiando la forma, el tiempo y temperatura, puedes obtener tanto un panecillo esponjoso como una base firme para pizza de sensacional textura,  y sin amasado, tan solo hay que respetar los tiempos: dejar reposar  un tiempo de 24horas mínimo en la nevera, pasado el cual ya estará lista para cualquier invento panadero.
Pd:no desechar nunca la masa sobrante pues cuanto más tiempo pase en la nevera más rica estará (siempre bien tapada herméticamente)

Procedimiento para elaborar la masa:
Disolvemos la levadura en el agua tibia e incorporamos la harina tamizada y la sal. Mezclamos en un bol con ayuda de las manos. Es súmamante pegajosa, pero es así como debe quedar. Dejamos que reposen los ingredientes en el bol 15 minutos, y acto seguido la pasamos a la mesa y mezclamos ligeramente con ayuda de un poco de harina, la justa para que no se nos enganche tanto. Dejamos que repose 5 minutos más. Dividimos entonces la masa en porciones de 300 gr y hacemos una pelotita con cada una. Depositamos cada bola en un táper hermético untado de aceite de oliva y  lo guardamos bien cerrado en la nevera por espacio de 24h o más.

Preparación base de pizza:
Precalentamos el horno a 250 durante 20 minutos, espacio  de tiempo que aprovecharemos para confeccionar nuestras pizzas. Extraemos la masa con cuidado del táper y la extendemos con las manos con movimientos circulares sobre papel de horno enharinado, y la vamos agrandando hasta que adquiera unos 15cm de diámetro. Ya está, no hay más secreto. Ahora la rellenamos como más nos guste: una fina capa de salsa de tomate concentrado, cuanto menos líquidos sean los ingredientes mejor. Importante: para conseguir el efecto “de leña” deseado, metemos la pizza en el horno sobre la placa de abajo, sobre el pape de honear directamente, sin bandeja. Al cabo de 3 minutos la base estará dorada y crujiente y la masa elástica. Es el momento de subirla y ponerla al grill 2 minutos Lista.

Imprescindible audio sobre el pan: http://www.catradio.cat/audio/749592/Golafres

Maestro panadero:
Ibán Yarza Pan Casero
ISBN: 978-84-15785-54-5
Ed.Larousse

 

Sushito de mi vida

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De caseros somos todos, hasta el sushi más mitificado, al que podemos calzarle unos ingredientes de estar por casa que nos devuelvan las ganas de clausura, y ya puestos, de rezar para que a la próxima nos salgan más.

Para unas 28 piezas: 300 gr de arroz bomba, 500 ml de agua, 3 rodajas de salmón, ½ pepino, ½ aguacate,  1 zanahoria, queso philadelphia,  vinagre de arroz, salsa de soja, wasabi, 4 láminas de algas marinas.

Enjuagamos nuestro arroz bajo el grifo hasta que el agua almidonada que lo baña quede totalmente cristalina. Ponemos a cocerlo en una olla con el agua indicada a fuego bajo y con la tapa bien encajada durante quince minutos. Dejamos reposar sin descorchar el recipiente por espacio de unos quince minutos más. Retiramos la compuerta y también la cara para no vahearla sin necesidad. Escurrimos bien nuestro arroz y lo extendemos sobre una bandeja generosa en superficie, y jugamos con los granos: con ayuda de un tenedor humedecido con vinagre de arroz o agua en su defecto los surcamos sin malherirlos de un lado a _DSC3642otro y de arriba abajo hasta que queden templados y contentos. Desensobramos nuestras aromáticas láminas de algas y las colocamos sobre un trapo limpio y seco, y encima de cada una de ellas una cantidad de nuestro arroz aplanado, dejando un centímetro de margen por cada extremo para que luego no se nos vaya por peteneras al enrollarlo. Rellenamos a lo juliana: acunamos en nuestra sabana arrocera trocito alargado de pepino y de aguacate, de zanahoria y pimiento verde, o rojo, de queso Filadelfia, o lo que se quiera pero sin excedernos del ½ dedo de ancho para facilitar la posterior manipulación, y cómo no, trocito de salmón fresco previamente congelado para curarnos en salud. Ya estamos en disposición de emporrar: enrollamos con ayuda de la esterilla japonesa que sólo habíamos utilizado como salvamanteles hasta ahora o con un trapo de cocina, y estiramos haciendo presión, con voluntad de que nuestro cilíndrico paquetito quede bien prieto y consistente, y lo sellamos a modo de porro humedeciendo con agua el extremo del alga con ayuda de nuestro dedo más trabajador. Los envolvemos en papel film y los metemos en el congelador para que ganen cuerpo mientras nosotros vamos preparando el nuestro: en un platito, colocar pegotito de wasabi por aquí, salsa de soja por allí, disolver pizquita del primero en el segundo y reservar.

Ahora viene cuando lo matan: con un cutter vamos cortando los frescos brazos orientales en trocitos de centímetro y medio y los vamos depositando como se quiera, que para eso los hemos hecho nosotros, en una bandeja para el uso. Y ahora ya sólo queda que lucirse con los palillos que manejamos sin dificultad, mojar en el ungüento, e ingerir de un bocado. De ponérsenos nariz de mr Potato o de muñeco de “operando” reducir la cantidad de wasabi o directamente no consumir ni dar a probar a los más pequeños si es su primera experiencia, pero sí todo lo demás: un viaje de placer que les hace perder el visado de vuelta.

Nota alergia al huevo: como está hecho en casa, no lleva trazas.